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ATREC Asociación formada por psicólogos y pedagogos. Especializados en Terapia Racional Emotiva Conductual

12/10/2026
09/10/2026

Vuelve la rutina y el nuevo curso y parece que todo tiene que resolverse a la vez.Organizar horarios.Volver al trabajo.L...
07/10/2026

Vuelve la rutina y el nuevo curso y parece que todo tiene que resolverse a la vez.

Organizar horarios.
Volver al trabajo.
Llevar a los niños al colegio.
Retomar rutinas.
Hacer compras.
Citas pendientes.
Casa.
Trabajo.
Familia.
Y esa lista mental de cosas que llevamos semanas diciéndonos que tenemos que hacer.

Y entonces ocurre algo muy habitual: intentamos atenderlo todo a la vez.

Saltamos de una cosa a otra, pensamos en lo que queda pendiente mientras estamos haciendo otra, empezamos algo y lo dejamos a medias para atender otra urgencia…

Y nuestra cabeza empieza a ir mucho más deprisa que nosotros.

Nos saturamos.
Nos cuesta concentrarnos.
Estamos más irritables.
Sentimos que no llegamos a nada.
Y, paradójicamente, al final del día tenemos la sensación de haber estado todo el día haciendo cosas… pero sin haber terminado casi ninguna.

A veces no necesitamos hacer más.

Necesitamos ordenar.

Una cosa. Después otra.

No todo lo que tenemos pendiente tiene la misma importancia ni necesita resolverse hoy.

Dos pequeñas estrategias que pueden ayudarte:

1. Haz una lista y decide qué es realmente prioritario.

No te quedes con la lista mental.

Escribe todo lo que tienes pendiente y pregúntate:

¿Qué necesita hacerse hoy?
¿Qué puede esperar?
¿Qué puedo delegar?

Y elige dos o tres cosas importantes para ese día. No veinte.

2. Cuando estés haciendo una cosa, intenta estar solo en esa cosa.

Si estás respondiendo un correo, responde ese correo.
Si estás organizando la semana, organiza la semana.
Si estás con tus hijos, intenta estar con ellos.

No hace falta que tu cabeza esté resolviendo lo siguiente mientras todavía estás con lo primero.

Porque cuando intentamos abarcarlo todo a la vez, no conseguimos estar realmente en nada.

Ir una a una no significa hacer menos.

Significa darle a cada cosa el espacio que necesita.

Y quizá, en esta vuelta a la rutina, no necesites exigirte llegar a todo.

Quizá necesites simplemente preguntarte:

«¿Qué es lo siguiente que necesito hacer?»

Y hacerlo.

Después vendrá lo demás.

Me encantó la publicación de Irene Gascón . Es una temática recurrente en las sesiones de terapia y espero que os pueda ...
29/09/2026

Me encantó la publicación de Irene Gascón . Es una temática recurrente en las sesiones de terapia y espero que os pueda ayudar 😊

25/09/2026

Hay recuerdos que también pueden cuidarnosHay días en los que algo dentro de nosotros se desordena.Una preocupación que ...
22/09/2026

Hay recuerdos que también pueden cuidarnos

Hay días en los que algo dentro de nosotros se desordena.

Una preocupación que no se va.
Una tristeza que pesa.
Una conversación que se repite en la cabeza.
Un miedo que hace que todo parezca más difícil de lo que realmente es.

En esos momentos solemos intentar pensar para salir de lo que sentimos.

Pero a veces necesitamos hacer justo lo contrario: parar y volver a algo que nuestro cuerpo ya conoce.

Un recuerdo.

No hace falta que sea un momento extraordinario.

Puede ser aquella tarde en la que estabas sentado junto al mar.
Una casa en la que te sentías seguro.
La voz de alguien que te quería.
Un paseo.
Una risa.
Un abrazo.
Un lugar al que asocias paz.

Cierra los ojos.

Y durante unos instantes, no recuerdes solamente lo que ocurrió. Vuelve allí.

Mira lo que veías.
Escucha los sonidos.
Recuerda los olores.
La temperatura.
La sensación de tu cuerpo.
Y, sobre todo, cómo te sentías contigo mismo en aquel momento.

Quizá no puedas cambiar lo que está ocurriendo ahora.

Pero puedes recordarle a tu sistema nervioso algo importante:

«Ya conozco esta sensación de calma.»
«He estado bien antes.»
«También existe esto dentro de mí.»

Los recuerdos pueden convertirse así en pequeños refugios internos.

No para escapar de la realidad, sino para volver a ella con un poco más de calma.

Porque a veces no necesitamos que alguien nos saque de donde estamos.

Solo necesitamos recordar que dentro de nosotros también existen lugares a los que podemos volver.



Ilustración: Karen Castilla

20/09/2026

A veces la ansiedad en nuestras relaciones no aparece porque algo esté ocurriendo realmente, sino porque tenemos miedo d...
18/09/2026

A veces la ansiedad en nuestras relaciones no aparece porque algo esté ocurriendo realmente, sino porque tenemos miedo de que ocurra.

Y cuando ese miedo toma el mando, empezamos a mirar demasiado: cuándo responde, cómo responde, qué ha querido decir, por qué está más distante, qué estará haciendo… Y, sin darnos cuenta, dejamos de estar en nuestra propia vida para intentar controlar una que no nos pertenece.

No se trata de dejar de sentir.
Ni de hacer como si nada nos importara.

Se trata de aprender a hacer una pausa antes de reaccionar, distinguir los hechos de las historias que construye nuestra mente, volver a nosotros y expresar lo que necesitamos sin convertir el miedo en reproche.

Porque una relación sana no debería exigir que estés permanentemente en alerta.

Y quizá el verdadero cambio no esté en conseguir que la otra persona te dé más seguridad, sino en aprender a sentirte segur@ contigo incluso cuando no tienes todas las respuestas.

Ahí empieza una forma diferente de relacionarte:
desde la calma, desde la confianza y sin dejarte a ti mism@ en segundo plano.

Nadie llega solo a una relación.Cada uno llega con su historia.Con lo que aprendió sobre el amor, sobre el abandono, sob...
07/09/2026

Nadie llega solo a una relación.

Cada uno llega con su historia.
Con lo que aprendió sobre el amor, sobre el abandono, sobre el conflicto, sobre lo que significa sentirse querido.

Llegamos con inseguridades, miedos, necesidades y heridas que, a veces, ni siquiera sabemos que seguimos llevando.

Y cuando dos mochilas se encuentran, no siempre es fácil.

Porque muchas veces no respondemos únicamente a lo que el otro está diciendo o haciendo.

Respondemos también a todo aquello que eso despierta en nosotros.

Un silencio puede despertar el miedo a ser abandonado.
Una crítica puede tocar la herida de no sentirse suficiente.
Una distancia puede activar la sensación de no ser importante.
Una petición puede sentirse como una exigencia.

Y entonces dejamos de responder desde el presente y empezamos a responder desde nuestra historia.

Quizá el otro está hablando de lo que ha ocurrido hoy, pero nosotros estamos escuchando algo que aprendimos hace muchos años.

Y ahí empiezan muchos de los conflictos de pareja.

No porque uno tenga razón y el otro no.
Sino porque dos historias diferentes están intentando protegerse al mismo tiempo.

Por eso creo que conocer nuestra propia mochila y aprender a reconocer la del otro puede cambiar profundamente una relación.

No para justificarlo todo.
No para permitir comportamientos que nos hacen daño.
Y tampoco para dejar nuestro bienestar en manos del otro.

Sino para poder detenernos y preguntarnos:

“¿Estoy respondiendo a lo que está ocurriendo ahora o a algo que esto ha despertado en mí?”

Porque cuando conseguimos hacer esa pausa, aparece una posibilidad nueva:

dejar de reaccionar desde la herida
y empezar a responder desde el adulto que somos hoy.

Y quizá ahí empieza una forma mucho más sana de relacionarnos.

Entender de dónde viene el otro no significa darle la razón.
Significa comprender qué hay detrás de su reacción.

Y entender de dónde venimos nosotros tampoco significa quedarnos atrapados en nuestra historia.

Significa conocerla para que no siga decidiendo por nosotros.

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Guadarrama
28440

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