25/08/2026
A veces no es que no nos queramos.
Es que necesitamos cosas diferentes.
Y ahí empieza uno de los mayores retos de una relación: aceptar que amar a alguien no significa necesariamente necesitar lo mismo que esa persona.
A veces uno necesita más espacio y el otro más cercanía.
Uno necesita hablarlo todo y el otro necesita tiempo.
Uno busca estabilidad y el otro necesita libertad.
Uno quiere construir de una manera y el otro imagina una vida diferente.
Y entonces intentamos encajar.
Cedemos un poco.
El otro cede otro poco.
Nos adaptamos.
Nos esforzamos.
Intentamos que funcione.
Hasta que, sin darnos cuenta, podemos acabar haciendo algo parecido a lo que vemos en este dibujo: intentando meter a la fuerza algo que, tal y como está planteado, no termina de encajar.
La pregunta no siempre es:
«¿Cómo conseguimos que funcione?»
A veces también necesitamos preguntarnos:
«¿Podemos construir una relación en la que los dos podamos ser quienes somos y sentirnos bien?»
Porque una pareja sana no consiste en que dos personas necesiten exactamente lo mismo.
Consiste en poder reconocer las diferencias, hablar de ellas y comprobar si existe un espacio en el que ambos puedan sentirse queridos sin tener que dejar de ser ellos mismos.
Y cuando ese espacio no existe, también es importante poder mirarlo con honestidad.
Porque no todo lo que cuesta encajar está roto.
Pero tampoco todo lo que intentamos encajar… está hecho para encajar.