Musubi Aikido Granada

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Heiwa no budo
Con estas palabras definía O sensei su budo, el budo de la paz. Pero que difícil sigue siendo transmitir una idea de Budo de la paz , sobre todo al recibir la resistencia incluso desde dentro del propio Aikido.
Si la práctica transmite, suavidad, fluidez, conexión, serenidad, en seguida se activan resistencias en muchos practicantes y no practicantes de aikido, porque posiblemente sus temores, o sus ideas sobre el budo, les hacen demandar expresiones de fuerza, contundencia, velocidad, resistencia, victoria,etc…
El unir la idea de Budo con todas esas ideas, es lo que hizo seguramente que mi sensei, Endo Seishiro, en varias ocasiones se haya planteado públicamente, no considerar el Aikido como budo. Como él ha explicado en esas ocasiones que lo ha verbalizado en público, esa idea nace, de cómo interpreta mucha gente la práctica del budo, lo cual hace imposible en muchos casos el acercamientos a principios como la conexión, o la no resistencia, de los que plantea en su práctica Endo sensei, o a trascender la idea de un ego pequeño, para acceder a una idea mucho más inclusiva como el “yo soy el universo” de O sensei y su idea del Budo de la paz.
Hablando hace poco con el sensei Pepe Jesús, para él, el aikido sería como el salto cualitativo siguiente al Budo. En un proceso evolutivo que iría del Bujutsu al Budo, el aikido sería el siguiente paso cualitativo, el paso a un budo de la paz.
Cuando Pepe Jesús sensei me comentó su forma de verlo, aclaró en mí muchas cosas que estaban en mis sentimientos y mis explicaciones, pero que su reflexión, con la lucidez y claridad que siempre lo caracterizan, fue como encender una luz dentro de una habitación que estaba en penumbras.
Por supuesto que no hay una idea fija, una verdad absoluta acerca de nada, ni pretendo transmitir eso. Pero el “movimiento” que define el “ ser -humano”
( “El hombre es un ser móvil. Si no se desplaza hacia lo bueno, sin duda se desplazará hacia lo que no lo es. Si esta conciencia no se alza aquí, otra conciencia se alzará allá.” El sermón del demonio - Issai Chozanshi)
en mi caso, se mueve hacia este planteamiento acerca de la práctica del aikido, y acerca de la vida en general.
Pero un camino de paz, es de todo menos un camino pacífico en un mundo como el que vivimos.
Tenemos numerosos ejemplos en la historia humana donde ese camino acabó en muerte para los que construían la paz.
Pero además en un sistema que potencia la competencia, y el egoísmo ( utilizando las palabras del papa Francisco al definir la cultura de nuestros tiempos :”cultura del rendimiento” y “cultura del descarte” ), el construir en la paz requiere, primero triunfar constantemente sobre el pequeño yo que habita dentro de mí y que es un producto de la sociedad en la que vivo. Me gusta llamarle “ artefacto social” a ese pequeño yo, que es reactivo y competitivo y que tiene miedo a diferentes situaciones.
(“Yo soy el universo.Mi universo es grande y vuestro universo es pequeño.” O sensei Ueshiba)
Pero en segundo lugar es difícil, que sea aceptado un discurso de paz, de conexión (ki-musubi ) de igualdad, inclusión, serenidad, no resistencia, en una tradición marcial.
Cada vez que publico un video, aparecen muchas críticas, que ya simplemente se dedican al insulto personal y a despreciar mi práctica , porque no ven reflejado en mis movimientos lo que consideran que es la verdad del aikido, la cual por supuesto deben conocer, y la defienden con el insulto.
El camino de Heiwa no budo, considero que no es solamente algo que tiene que ver con la práctica, tiene que ver con una forma de ver y “hacer” el mundo. Por eso a mis alumnos siempre les pido que cuiden sus palabras, comentarios, que profundicen en el origen de las actitudes que les molestan en los demás , y mantengan un perfil bajo, invirtiendo en lo que los conecta y no en lo que los separa de los demás . Por supuesto se que esto es tremendamente “friccionador” y diría casi “abrasivo” en los tiempos que vivimos, donde la opinión de uno es tan importante, y defender lo propio, nuestra verdad y a los nuestros, se ha convertido en una gran razón para atacar a “los otros”.
Tener planteamientos inclusivos y de respeto y aceptación de lo diferente , y evitar el enfrentamiento, se ve como claros rasgos de debilidad.
Pero sinceramente, creo que el aikido, puede ser una herramienta de transformación, personal y social. Creo firmemente que mantenerse en una práctica de tipo marcial, que busca la conexión y la no violencia, es un elemento transformador, incluso diría “alquímico”, precisamente por pertenecer al mundo marcial.
Una mente racional e inteligente, que lleva a la empatía, la compasión, la cooperación y la unión, vendrían a ser para mí, las principales ventajas evolutivas del ser humano, y son las que determinarán sin duda nuestra supervivencia como especie, y la misma supervivencia de nuestro entorno vital.
Mantener planteamientos de separatividad, exclusión, egoísmo, violencia….nacen sin duda de la ignorancia, y son las “contra-habilidades” que nos llevan a la extinción y a la destrucción de nuestro entorno vital, o usando el pensamiento budista, es el origen de todo sufrimiento.
Por supuesto que desarrollar una actitud de paz, no conlleva que no exista el conflicto. Es que aún en el conflicto, uno elige la paz como acción, como pensamiento, como decisión, asumiendo el “sacrificio “ egoico que ello conlleva, y las consiguientes reacciones por parte de una sociedad construida en el ego, la separación y el egoísmo.
Es cambiar, usando conceptos del papa Francisco, de una “cultura del rendimiento y el descarte” a una “cultura del encuentro”.

Buscar una práctica, donde ante el conflicto buscamos la libertad de movimiento, o ante la oposición, buscamos la conexión y la unidad para resolverlo, creo que es el camino del Heiwa no Budo, y esto que digo por supuesto tendrá diferentes expresiones físico-técnicas.
Pero es importante mirarse con honestidad, a ver si de verdad lo que hacemos, pensamos y decimos, están alineados con este principio, llevándonos a convertirnos en instrumentos creadores de paz. Esto será sin duda un camino para siempre, donde nos equivocaremos muchísimo, pero sin duda ese camino tendrá un destino claro donde dirigirse, y saber el rumbo es lo más importante.
El “lenguaje corporal” que utilizamos en las técnicas es marcial, por lo que cuando los movimientos se producen libres, fluidos, suaves, sin intentar forzar, y estando conectados, a veces pueden percibirse intensos y poderosos. Especialmente pueden percibirse así, si como uke, mantenemos estructuras más rígidas, de fuerza, y tensión. Pero si incluso en el papel de uke, generamos el conflicto propio y necesario del ataque, desde una visión aiki, es decir, con presencia, equilibrio, conexión con el compañero, suavidad en nuestro cuerpo, trabajando como Endo sensei propone: una idea “pegajosa de uke”, desde ahí descubrimos una faceta como atacante, llena de paz también, donde podemos, con años de experiencia, expresar cada vez más nuestro centro, nuestro equilibrio y conexión, como herramientas de “ataque” en el encuentro aiki.
Cuando se produce el ataque , Endo sensei durante años nos pedía que no nos perdiéramos a nosotros mismos, y yo creo que hablaba de esto.

En mis clases me gusta decir que los roles de tori y uke los ejecutamos sin necesidad de cambiar nuestra búsqueda, no hay un Jekyll y Hyde. Tanto al defender como al atacar buscamos el orden corporal, el equilibrio , la conexión, la adaptabilidad, la serenidad, la eficiencia en los movimientos, el desarrollo del centro…pero con dinámicas o funciones diferentes, uno hace de defensor a veces y otras de atacante, se personifican dos energías de polaridad diferente, que se encuentran para crear algo.
Por supuesto que sé que aceptar esto es muy difícil hoy día, y necesita de un gran valor. Vivimos unos tiempos donde el referente marcial para muchos jóvenes y no tan jóvenes es el MMA, donde en los combates, cuando el oponente está casi vencido, el contrario se tira a rematarlo con mucha agresividad, o en los pesajes y cara a cara, se empujan insultan etc… mucha gente le gusta y motiva esto. No voy a negar los grandes deportistas que hay en esta práctica, ni negaré que hay mucho practicante de mma con sentimientos más tradicionales en su práctica, pero lo anteriormente dicho sigue siendo una realidad.
También vivimos en un mundo donde la violencia se usa para implantar el terror, como medio de conseguir objetivos, o se utiliza la violencia como forma de “pacificación “ de conflictos. Seguimos en pleno siglo XXI teniendo el armamento nuclear como protagonista, capaz de destruirnos a todos, usado como baza “ diplomática “ en las relaciones entre las grandes potencias.

De manera que tener una práctica marcial desde la paz, me sigue pareciendo algo revolucionario, como ya lo fue en su origen. Y con esto no quiero decir que lo que se practica hoy en día sea lo mismo que en la época de O sensei. El propio O sensei dijo que el aikido evolucionaría , cambiaría, lo que sí creo es, que tener en mente los valores que transmitió O sensei y sus alumnos , debe de ser guía de la evolución del aikido, sin dejar de tener en cuenta el devenir de la sociedad y del mundo, y las necesidades( que no creo sean muy diferentes) que este devenir genera, para conseguir mejorar el mundo. Porque sin duda creo, que casi todos estaríamos de acuerdo en considerar que un mundo en paz es un mundo mejor, o usando palabras de O sensei: “implantar el cielo en la tierra”, “ construyendo una gran familia humana”.
Propongo algunas cuestiones:
¿Estamos dispuestos al “sacrificio” que supone trabajar por la paz?
(Jesús el nazareno, en sus bienaventuranzas, guía de vida para un cristiano como yo, dijo : “Bienaventurados los que trabajan por la paz, ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”.)

¿He reflexionado sobre qué significa Heiwa no Budo en mi práctica?
(“El aikido no son técnicas para luchar o vencer a un enemigo. Es un camino de reconciliación, haciendo del ser humano una gran familia” O sensei Ueshiba)

¿Reflexiono sobre las enseñanzas que nos han llegado de O sensei a través de sus alumnos, escritos etc, intentando ponerlas en práctica con mis acciones dentro y fuera del tatami?

En definitiva, invito a preguntarnos qué significa que el aikido es el Budo de la paz, y cómo puedo encarnarlo.

Luis.

English version:

Heiwa no budo
Con estas palabras definía O sensei su budo, el budo de la paz. Pero que difícil sigue siendo transmitir una idea de Budo de la paz , sobre todo al recibir la resistencia incluso desde dentro del propio Aikido.
Si la práctica transmite, suavidad, fluidez, conexión, serenidad, en seguida se activan resistencias en muchos practicantes y no practicantes de aikido, porque posiblemente sus temores, o sus ideas sobre el budo, les hacen demandar expresiones de fuerza, contundencia, velocidad, resistencia, victoria,etc…
El unir la idea de Budo con todas esas ideas, es lo que hizo seguramente que mi sensei, Endo Seishiro, en varias ocasiones se haya planteado públicamente, no considerar el Aikido como budo. Como él ha explicado en esas ocasiones que lo ha verbalizado en público, esa idea nace, de cómo interpreta mucha gente la práctica del budo, lo cual hace imposible en muchos casos el acercamientos a principios como la conexión, o la no resistencia, de los que plantea en su práctica Endo sensei, o a trascender la idea de un ego pequeño, para acceder a una idea mucho más inclusiva como el “yo soy el universo” de O sensei y su idea del Budo de la paz.
Hablando hace poco con el sensei Pepe Jesús, para él, el aikido sería como el salto cualitativo siguiente al Budo. En un proceso evolutivo que iría del Bujutsu al Budo, el aikido sería el siguiente paso cualitativo, el paso a un budo de la paz.
Cuando Pepe Jesús sensei me comentó su forma de verlo, aclaró en mí muchas cosas que estaban en mis sentimientos y mis explicaciones, pero que su reflexión, con la lucidez y claridad que siempre lo caracterizan, fue como encender una luz dentro de una habitación que estaba en penumbras.
Por supuesto que no hay una idea fija, una verdad absoluta acerca de nada, ni pretendo transmitir eso. Pero el “movimiento” que define el “ ser -humano”
( “El hombre es un ser móvil. Si no se desplaza hacia lo bueno, sin duda se desplazará hacia lo que no lo es. Si esta conciencia no se alza aquí, otra conciencia se alzará allá.” El sermón del demonio - Issai Chozanshi)
en mi caso, se mueve hacia este planteamiento acerca de la práctica del aikido, y acerca de la vida en general.
Pero un camino de paz, es de todo menos un camino pacífico en un mundo como el que vivimos.
Tenemos numerosos ejemplos en la historia humana donde ese camino acabó en muerte para los que construían la paz.
Pero además en un sistema que potencia la competencia, y el egoísmo ( utilizando las palabras del papa Francisco al definir la cultura de nuestros tiempos :”cultura del rendimiento” y “cultura del descarte” ), el construir en la paz requiere, primero triunfar constantemente sobre el pequeño yo que habita dentro de mí y que es un producto de la sociedad en la que vivo. Me gusta llamarle “ artefacto social” a ese pequeño yo, que es reactivo y competitivo y que tiene miedo a diferentes situaciones.
(“Yo soy el universo.Mi universo es grande y vuestro universo es pequeño.” O sensei Ueshiba)
Pero en segundo lugar es difícil, que sea aceptado un discurso de paz, de conexión (ki-musubi ) de igualdad, inclusión, serenidad, no resistencia, en una tradición marcial.
Cada vez que publico un video, aparecen muchas críticas, que ya simplemente se dedican al insulto personal y a despreciar mi práctica , porque no ven reflejado en mis movimientos lo que consideran que es la verdad del aikido, la cual por supuesto deben conocer, y la defienden con el insulto.
El camino de Heiwa no budo, considero que no es solamente algo que tiene que ver con la práctica, tiene que ver con una forma de ver y “hacer” el mundo. Por eso a mis alumnos siempre les pido que cuiden sus palabras, comentarios, que profundicen en el origen de las actitudes que les molestan en los demás , y mantengan un perfil bajo, invirtiendo en lo que los conecta y no en lo que los separa de los demás . Por supuesto se que esto es tremendamente “friccionador” y diría casi “abrasivo” en los tiempos que vivimos, donde la opinión de uno es tan importante, y defender lo propio, nuestra verdad y a los nuestros, se ha convertido en una gran razón para atacar a “los otros”.
Tener planteamientos inclusivos y de respeto y aceptación de lo diferente , y evitar el enfrentamiento, se ve como claros rasgos de debilidad.
Pero sinceramente, creo que el aikido, puede ser una herramienta de transformación, personal y social. Creo firmemente que mantenerse en una práctica de tipo marcial, que busca la conexión y la no violencia, es un elemento transformador, incluso diría “alquímico”, precisamente por pertenecer al mundo marcial.
Una mente racional e inteligente, que lleva a la empatía, la compasión, la cooperación y la unión, vendrían a ser para mí, las principales ventajas evolutivas del ser humano, y son las que determinarán sin duda nuestra supervivencia como especie, y la misma supervivencia de nuestro entorno vital.
Mantener planteamientos de separatividad, exclusión, egoísmo, violencia….nacen sin duda de la ignorancia, y son las “contra-habilidades” que nos llevan a la extinción y a la destrucción de nuestro entorno vital, o usando el pensamiento budista, es el origen de todo sufrimiento.
Por supuesto que desarrollar una actitud de paz, no conlleva que no exista el conflicto. Es que aún en el conflicto, uno elige la paz como acción, como pensamiento, como decisión, asumiendo el “sacrificio “ egoico que ello conlleva, y las consiguientes reacciones por parte de una sociedad construida en el ego, la separación y el egoísmo.
Es cambiar, usando conceptos del papa Francisco, de una “cultura del rendimiento y el descarte” a una “cultura del encuentro”.

Buscar una práctica, donde ante el conflicto buscamos la libertad de movimiento, o ante la oposición, buscamos la conexión y la unidad para resolverlo, creo que es el camino del Heiwa no Budo, y esto que digo por supuesto tendrá diferentes expresiones físico-técnicas.
Pero es importante mirarse con honestidad, a ver si de verdad lo que hacemos, pensamos y decimos, están alineados con este principio, llevándonos a convertirnos en instrumentos creadores de paz. Esto será sin duda un camino para siempre, donde nos equivocaremos muchísimo, pero sin duda ese camino tendrá un destino claro donde dirigirse, y saber el rumbo es lo más importante.
El “lenguaje corporal” que utilizamos en las técnicas es marcial, por lo que cuando los movimientos se producen libres, fluidos, suaves, sin intentar forzar, y estando conectados, a veces pueden percibirse intensos y poderosos. Especialmente pueden percibirse así, si como uke, mantenemos estructuras más rígidas, de fuerza, y tensión. Pero si incluso en el papel de uke, generamos el conflicto propio y necesario del ataque, desde una visión aiki, es decir, con presencia, equilibrio, conexión con el compañero, suavidad en nuestro cuerpo, trabajando como Endo sensei propone: una idea “pegajosa de uke”, desde ahí descubrimos una faceta como atacante, llena de paz también, donde podemos, con años de experiencia, expresar cada vez más nuestro centro, nuestro equilibrio y conexión, como herramientas de “ataque” en el encuentro aiki.
Cuando se produce el ataque , Endo sensei durante años nos pedía que no nos perdiéramos a nosotros mismos, y yo creo que hablaba de esto.

En mis clases me gusta decir que los roles de tori y uke los ejecutamos sin necesidad de cambiar nuestra búsqueda, no hay un Jekyll y Hyde. Tanto al defender como al atacar buscamos el orden corporal, el equilibrio , la conexión, la adaptabilidad, la serenidad, la eficiencia en los movimientos, el desarrollo del centro…pero con dinámicas o funciones diferentes, uno hace de defensor a veces y otras de atacante, se personifican dos energías de polaridad diferente, que se encuentran para crear algo.
Por supuesto que sé que aceptar esto es muy difícil hoy día, y necesita de un gran valor. Vivimos unos tiempos donde el referente marcial para muchos jóvenes y no tan jóvenes es el MMA, donde en los combates, cuando el oponente está casi vencido, el contrario se tira a rematarlo con mucha agresividad, o en los pesajes y cara a cara, se empujan insultan etc… mucha gente le gusta y motiva esto. No voy a negar los grandes deportistas que hay en esta práctica, ni negaré que hay mucho practicante de mma con sentimientos más tradicionales en su práctica, pero lo anteriormente dicho sigue siendo una realidad.
También vivimos en un mundo donde la violencia se usa para implantar el terror, como medio de conseguir objetivos, o se utiliza la violencia como forma de “pacificación “ de conflictos. Seguimos en pleno siglo XXI teniendo el armamento nuclear como protagonista, capaz de destruirnos a todos, usado como baza “ diplomática “ en las relaciones entre las grandes potencias.

De manera que tener una práctica marcial desde la paz, me sigue pareciendo algo revolucionario, como ya lo fue en su origen. Y con esto no quiero decir que lo que se practica hoy en día sea lo mismo que en la época de O sensei. El propio O sensei dijo que el aikido evolucionaría , cambiaría, lo que sí creo es, que tener en mente los valores que transmitió O sensei y sus alumnos , debe de ser guía de la evolución del aikido, sin dejar de tener en cuenta el devenir de la sociedad y del mundo, y las necesidades( que no creo sean muy diferentes) que este devenir genera, para conseguir mejorar el mundo. Porque sin duda creo, que casi todos estaríamos de acuerdo en considerar que un mundo en paz es un mundo mejor, o usando palabras de O sensei: “implantar el cielo en la tierra”, “ construyendo una gran familia humana”.
Propongo algunas cuestiones:
¿Estamos dispuestos al “sacrificio” que supone trabajar por la paz?
(Jesús el nazareno, en sus bienaventuranzas, guía de vida para un cristiano como yo, dijo : “Bienaventurados los que trabajan por la paz, ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”.)

¿He reflexionado sobre qué significa Heiwa no Budo en mi práctica?
(“El aikido no son técnicas para luchar o vencer a un enemigo. Es un camino de reconciliación, haciendo del ser humano una gran familia” O sensei Ueshiba)

¿Reflexiono sobre las enseñanzas que nos han llegado de O sensei a través de sus alumnos, escritos etc, intentando ponerlas en práctica con mis acciones dentro y fuera del tatami?

En definitiva, invito a preguntarnos qué significa que el aikido es el Budo de la paz, y cómo puedo encarnarlo.

Luis.

English version:

Heiwa no Budō

These are the words with which O-Sensei described his Budō: the Budō of Peace. Yet it remains remarkably difficult to convey the idea of a Budō of peace, especially when resistance often comes even from within Aikido itself.

Whenever practice expresses softness, fluidity, connection, and serenity, resistance quickly arises among many practitioners—and even non-practitioners—of Aikido. Perhaps this is because their fears, or their ideas about what Budō should be, lead them to expect demonstrations of strength, impact, speed, toughness, victory, and domination.

It is precisely this association of Budō with those ideas that has surely led my teacher, Seishiro Endo, on several occasions, to publicly question whether Aikido should even be considered Budō. As he has explained whenever he has spoken about it, this position arises from the way many people understand the practice of Budō. That understanding often makes it impossible to approach principles such as connection and non-resistance, which lie at the heart of Endo Sensei’s practice, or to transcend the limited ego in order to embrace the far more inclusive vision expressed by O-Sensei: “I am the universe”—the very foundation of his Budō of Peace.

Recently, while speaking with Sensei Pepe Jesús, he shared a perspective that deeply resonated with me. In his view, Aikido represents the next qualitative step beyond Budō. If we imagine an evolutionary process moving from Bujutsu to Budō, then Aikido would be the next stage: the transition toward a Budō of Peace.

When Pepe Jesús Sensei explained his way of seeing things, many thoughts and feelings that had long been present within me suddenly became clear. His reflection—marked, as always, by remarkable clarity and insight—was like turning on a light in a room that had previously been half in shadow.

Of course, there is no fixed idea or absolute truth about any of this, nor do I claim to possess one. Yet the “movement” that defines the human being—

“Human beings are creatures in motion. If they do not move toward what is good, they will inevitably move toward what is not. If this awareness does not arise here, another awareness will arise elsewhere.”
— The Devil’s Sermon, Issai Chozanshi

in my own case, moves toward this understanding of Aikido practice and of life itself.

Yet a path of peace is anything but peaceful in the kind of world we inhabit.

History offers countless examples of those who sought to build peace and paid for it with their lives.

Furthermore, in a system that encourages competition and selfishness—using the words of Pope Francisco, who described today’s society as a “culture of performance” and a “throwaway culture”
building peace first requires continually overcoming the small self that lives within me: a self shaped by the society in which I live. I like to call it the social artifact: that reactive, competitive self that lives in fear.

“I am the universe. My universe is vast, while yours is small.”
— O-Sensei

Secondly, it is difficult for a discourse centered on peace, connection (ki-musubi), equality, inclusion, serenity, and non-resistance to be accepted within a martial tradition.

Every time I publish a video, numerous criticisms appear. Many no longer address the content itself but simply resort to personal insults and dismiss my practice because they do not see reflected in my movements what they believe to be the “true” Aikido—a truth they are convinced they possess and choose to defend through aggression.

I believe that the path of Heiwa no Budō is not merely about how we practice. It concerns an entire way of seeing—and making—the world.

For this reason, I constantly encourage my students to take care with their words and comments, to investigate the roots of the attitudes in others that disturb them, and to cultivate humility, investing their energy in what connects them rather than in what separates them from others.

I fully realize how deeply countercultural—perhaps even abrasive—this is in today’s world, where personal opinion has become so important, and defending “our truth” and “our own people” has become sufficient justification for attacking “the others.”

Inclusive attitudes based on respect and acceptance of difference, together with the avoidance of confrontation, are often mistaken for weakness.

Yet I sincerely believe Aikido can be an instrument of both personal and social transformation. I firmly believe that maintaining a martial practice whose aim is connection and non-violence becomes profoundly transformative—even alchemical—precisely because it belongs to the martial world.

To me, a rational and intelligent mind that naturally leads toward empathy, compassion, cooperation, and unity represents humanity’s greatest evolutionary advantage. These qualities will ultimately determine not only our survival as a species, but also the survival of the world that sustains us.

Conversely, attitudes rooted in separation, exclusion, selfishness, and violence arise from ignorance. They are the anti-skills that lead us toward extinction and the destruction of our environment—or, in Buddhist terms, they are the origin of all suffering.

Developing an attitude of peace does not mean conflict disappears.

Rather, even within conflict, one chooses peace—as action, as thought, and as decision—accepting the egoic sacrifice this choice requires, along with the reactions it inevitably provokes within a society built upon ego, separation, and self-interest.

It means moving, to borrow Pope Francisco language once again, from a culture of performance and throwaway culture to a culture of encounter.

Seeking a practice in which conflict leads us toward freedom of movement, or opposition leads us toward connection and unity, seems to me to be the path of Heiwa no Budō. Naturally, this principle may find many different technical and physical expressions.

What matters is to examine ourselves honestly and ask whether what we do, think, and say are truly aligned with this principle, allowing us to become instruments that create peace.

This is undoubtedly a lifelong journey. We will make countless mistakes along the way. Yet if we know the direction in which we are traveling, then we already possess what matters most.

The body language expressed through Aikido techniques is martial. Consequently, when movements arise freely, fluidly, softly, without force, and in genuine connection, they can nevertheless appear powerful and intense.

This is particularly true when, as uke, we maintain rigid structures based on tension and strength.

However, if even as uke we create the necessary conflict of the attack from an Aiki perspective—that is, with presence, balance, connection to our partner, softness throughout the body, and what Endo Sensei describes as a “sticky uke”—then we discover another dimension of attacking itself: one equally filled with peace.

Over years of practice, we become increasingly able to express our own center, balance, and connection as the very tools of our “attack” within the Aiki encounter.

For many years, whenever an attack began, Endo Sensei would remind us not to lose ourselves. I believe this is exactly what he meant.

In my own classes, I often say that we perform the roles of tori and uke without ever changing what we are seeking. There is no Dr. Jekyll and Mr. Hyde.

Whether defending or attacking, we pursue the same qualities: bodily organization, balance, connection, adaptability, serenity, efficiency of movement, and development of the center. The functions differ, but the direction remains identical. Sometimes we embody the defender, sometimes the attacker; they are simply two complementary polarities meeting in order to create something together.

I know how difficult it is today to embrace such a perspective, and how much courage it requires.

We live in an age where, for many young people—and not-so-young people—the dominant martial reference is MMA. It is common to see a fighter continue attacking an opponent who is already nearly defeated with great aggression, while weigh-ins and face-offs often involve insults and physical intimidation. Many people enjoy this and find it exciting.

I do not deny the extraordinary athletes who practice MMA, nor the many practitioners whose values remain deeply traditional. Yet the reality I have described undeniably exists.

Likewise, we live in a world where violence is used to spread terror, achieve political objectives, or even presented as a means of “pacifying” conflicts. Even in the twenty-first century, nuclear weapons remain central actors on the world stage, capable of destroying us all while being employed as diplomatic leverage between major powers.

For these reasons, maintaining a martial practice rooted in peace still strikes me as something profoundly revolutionary, just as it was at its birth.

This does not mean that today’s Aikido should simply imitate the Aikido of O-Sensei’s time. O-Sensei himself stated that Aikido would evolve and change.

What I do believe is that the values transmitted by O-Sensei and his students should remain the compass guiding that evolution, while also responding to the changing needs of society and the world.

Ultimately, I believe most of us would agree that a peaceful world is a better world—or, in O-Sensei’s words, that our task is to “build Heaven on Earth” by “creating one great human family.”

I would like to leave a few questions for reflection:

Are we willing to make the sacrifice required to work for peace?

(As a Christian, I find guidance in the Beatitudes of Jesus of Nazareth: “Blessed are the peacemakers, for they shall be called children of God. Blessed are the meek, for they shall inherit the earth.”)

Have I reflected on what Heiwa no Budō truly means within my own practice?

“Aikido is not techniques for fighting or defeating an enemy. It is a path of reconciliation, making humanity into one great family.”
— O-Sensei

Do I reflect on the teachings that have reached us through O-Sensei’s students, his writings, and his legacy, and sincerely strive to embody them both on and off the tatami?

Ultimately, I invite each of us to ask what it truly means to say that Aikido is the Budō of Peace—and how we can embody that reality in our own lives.

Luis

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