01/09/2024
SOBRE LA SUTILIDAD DE LAS MAREAS
“La calor que hace hoy, como dicen por aquí”, afirma una señora de unos 70 años que ha plantado su sombrilla justo a los pies de mi toalla, sin apenas espacio ya entre la arena y la orilla. Apuesto a que no sabe que ahora la marea está en ascenso, ni que si yo había mantenido el hueco entre mi toalla y las marcas de agua que dejan las olas tras romper es porque en poco más de una hora estaremos en pleamar, y la señora junto con sus acompañantes querrán empezar a recular y tomar mi posición… En fin, lo de cada día con quienes parecen burlarse del uso del femenino con la palabra calor que, aunque es cierto que está recogida como vulgarismo por el Diccionario panhispánico de dudas, en el área del campo de Gibraltar y alrededores se suele usar para enfatizar que el calor que hace durante el verano es diferente al del resto del año, y sobre todo cuando ya no es normal. Por eso, sí, señora, la calor que hace hoy se debe al poniente que entró ayer por la tarde, y la toalla que ya comienza a correr peligro seguro que la compró en el chino de Malasaña, donde “la dijo” su hija, quien disfrutó del apartamento en la playa durante la segunda quincena de agosto, y “la ha dejado” notitas por toda la casa, explicándole dónde está todo y cómo funciona el calefactor, que aquí -y pronunció el adverbio con retintín- es de bombona” (de bombona, sí, y AQUÍ lo llamamos termo), pero su hija olvidó contarle algo tan importante como la sutileza de las mareas. Me pregunto si esa despreocupación del grupo no será, en el fondo, una manera de vivir mejor, y que quienes nos ocupamos en calcular y analizar cada detalle, también podríamos aprender algo de quienes simplemente disfrutan del presente, sin preocuparse por el lugar exacto donde plantan sus sombrillas. Pero ahora, cuando veo la marea lamiendo los bordes de su toalla, no puedo evitar pensar que, a veces, la previsión tiene sus ventajas.