La idea que me lleva rondando tiempo es: cómo abordar yo la situación ambiental y social que vivimos. Me cansé de las respuestas que surgen de lo empírico que van desde el desarrollo sostenible (como término), agricultura ecológica, energía renovable, incluso decrecimiento... la cuestión es que en todos los casos dejaba algo fuera que no sabía situar y que ahora veo mejor. Creo que todas estas cuestiones pertenecen a un ámbito de lo tecnológico que aunque necesario, no es suficiente, sino que debe ir de la mano de sentimientos, emociones, colectividad, incluso meditación y espiritualidad.
¡Sé que no es descubrimiento del siglo! pero sí lo creo necesario para buscar formas diferentes de relacionarnos con el ambiente, con la comunidad, con uno mismo. Estos dos últimos años he estado trabajando con la creatividad y con la terapia Gestalt y busco la manera de integrar estas esferas que normalmente no se consideran compatibles. Igual que se consideran de ámbitos bien diferenciados lo sicológico (mental y emocional), lo social y lo natural (y tecnológico). El Laboratorio de Buen Vivir es mi aportación, desde donde estoy, a esta fragmentación de nuestras vidas y creo que tratar de integrar aspectos que consideramos apartados nos ayudarán a entender con otra perspectiva nuestra vida y su relación con el ambiente.