31/07/2018
Viaje al origen de los tatuajes
Las crónicas de los primeros navegantes europeos del XVIII son las primeras descripciones de la práctica del ‘moko’ en la actual Nueva Zelanda.
Con golpes rítmicos y repetitivos, los maoríes, los habitantes originarios de Nueva Zelanda, solían hacerse tatuajes por todo el cuerpo con una herramienta punzante hecha de hueso de albatros, diente de tiburón o espinas. Tatuarse era un ritual sagrado, llamado tapu, con una serie de pautas: tras el periodo de sangrado y al empezar la cicatrización, no se podía comer con las manos, mantener relaciones sexuales ni entrar en guerra. Se decía además que a cualquiera que rompiese las reglas se le hinchaba tanto el rostro por las múltiples escarificaciones en la piel que moría asfixiado. Nada de ello ha permanecido, salvo el nombre. Estudios de tatuaje de grandes ciudades ofrecen ahora catálogos con diseños maoríes, unos símbolos que, según la tatuadora e investigadora Paula Muñoz, poco tienen que ver con lo que significaban para los habitantes primitivos de las islas.