03/06/2016
Bueno, creo que ha llegado el momento de compartir algo bastante doloroso con todos vosotros...
El proyecto de vida rural que emprendí hace diez años con mi familia y con toda la ilusión del mundo... ha colapsado.
Toca recoger bártulos y reubicarse.
En estos diez años hemos pasado muy buenos ratos, hemos aprendido muchísimo, hemos conocido a gente de una calidad humana excepcional y mis hijos han tenido la oportunidad de crecer en un ambiente rural, en contacto con la naturaleza, los animales, las plantas...
Ha habido mucho de positivo. Pero también hemos cometido (y yo, especialmente) errores, que al final han ido engordando y dando al traste con el proyecto... de momento (creo que este proyecto podrá resucitar algún día, con otras condiciones y con la experiencia de los errores cometidos, que suponen también una fuente de sabiduría de valor incalculable). Pero, a día de hoy, resulta inviable a todas luces y es hora de ponerle fin.
Por último, quisiera dar las gracias a algunas personas... Seguro que me van a faltar nombres, porque le estoy agradecido a muchísimas personas, varias de las cuales son "quintopineras".
Para empezar, quiero darle las gracias de forma muy especial a la todavía mi mujer, Inma, por haberse embarcado conmigo en esta aventura. Sin ella, el proyecto no habría sido posible. Mejor dicho, sin ella, el proyecto no es posible porque es la piedra angular del mismo.
En segundo lugar pero casi a la misma altura que el primero, quiero darle las gracias a mis hijos, Ibrahim y Nayet. Porque han sido la motivación principal para poner en marcha este proyecto y porque siguen siendo la motivación principal para no tirar la toalla del todo en lo más íntimo. Aunque este intento no haya llegado a buen puerto, espero que pueda transmitirles lo que he aprendido de mis errores y que puedan enriquecerse con esta experiencia y hacer uso de ella en sus vidas.
En tercer lugar, quiero darle las gracias muy especialmente a Antonio Enciso, mi compañero en esta aventura en los últimos tres años y pico. Más que compañero... mi hermano. Gracias por existir, bro. Sea a donde sea que el futuro nos envíe... irás siempre conmigo. Te quiero.
Sigo con el grupo de amigos-cuasi-hermanos que este proyecto me ha aportado... La lista es larga (¡cuán enriquecedor en lo humano ha sido este proyecto!) y temo olvidar a alguien... pero tengo que nombrar a Oriol, Manuel Bonilla e Isa, Modi Jesús, Mar Tola, Begoña y Miguel, Jesús Medina, Javier el cubano y a Ella la Bella ( ;) ), Juan Vicario, Fran Vázquez, Belén y Fina, Mauri, David Carreño, María, Alejandra Giménez, ... Gracias especialmente a estas dos últimas por abrirme los ojos.
Seguro que me olvido de alguien, pero espero que me perdone (estoy bastante emocionado escribiendo esto y no me funciona demasiado bien la memoria).
También quiero darle las gracias a amigos de "toda la vida" que me han ido acompañando en esta aventura... Como Gerardo Galán, Aurora Fernández y demás compañeros de lucha política; como a Antony y Sara, mis "padrinos" de boda y mis "hermanos mayores"; como a Miguel de Biona, mi proveedor de piensos y tras todo este tiempo, amigo; como a José Aragón, el difunto "Terrible", Juan Bazán, etc., que me han enseñado muchas cosas que no sabía; como a James Machin y familia, con los que he soñado proyectos; etcétera. La lista sería interminable y hay que ir acabando (lamento nuevamente las ausencias en esta lista).
Como decía, toca recoger bártulos... Y rehacerse. No niego que terminar esta aventura en la que he puesto tanto de mi mismo y que me ha costado tantísimo en lo material y sobre todo, en lo personal (que es lo que más me duele y me dolerá) es un acto desgarrador a nivel íntimo. Ciertamente, no es mi mejor momento, pero siento que compartiendo esto con vosotros (aunque sea a través de este medio, que no es el mejor, pero es que el tengo ahora disponible) estoy dando un primer paso importante para salir del agujero inmenso en el que me he metido yo solo.
Gracias a todos... y nos vemos por los caminos rurales...