19/08/2026
Cuando imaginé a Lala, supe que necesitaba llevar algo muy especial. No quería darle una varita mágica. Ni un superpoder. Quería regalarle algo mucho más sencillo. Unas gafas. Pero no unas gafas cualquiera. Unas gafas capaces de recordarnos algo que, a veces, olvidamos.
Que las cosas más importantes no aparecen de repente. La mayoría ya estaban ahí. Siempre. Esperando a que alguien se detuviera a mirarlas. Por eso las gafas de Lala no son mágicas. No hacen que el mundo sea más bonito.
Solo nos recuerdan que, cuando aprendemos a mirar de otra manera, descubrimos la belleza que siempre nos había acompañado. Y quizá eso sea lo más parecido a la magia que existe.
🌿 La parada de hoy: Imagina que llevas puestas las gafas de Lala. Sal a la calle. Mira despacio. Y busca tres cosas bonitas que normalmente pasarían desapercibidas. Puede ser una flor que ha crecido entre dos baldosas. La risa de un niño. La sombra de un árbol. El olor del pan recién hecho.
❤️ No hace falta encontrar algo extraordinario. Solo volver a mirar.