13/03/2020
Como muchos de ustedes saben, el Papa Francisco, durante esta grave emergencia sanitaria relacionada con el coronavirus (COVID-19), invitó a los sacerdotes a tener coraje y llegar a los enfermos "llevando el poder de la Palabra de Dios y la Eucaristía" y confió toda la humanidad a la Virgen María.
Más allá de las opciones personales, hay muchas personas que tienen que enfrentarse directamente a esta situación e incluso si temen tener que afrontar largos viajes y exponerse al contagio.
A nuestros sacerdotes, a nuestras hermanas, a todos los vicentinos, les recuerdo que además de nuestra fe, tenemos otro gran recurso que puede protegernos verdaderamente según la voluntad del Señor y que viene de las "manos" de María Inmaculada.
Me refiero a la Medalla Milagrosa, que se nos dio como una gracia y regalo. Durante la epidemia de cólera que se vivió en Europa en 1832 fue protagonista de numerosos milagros de protección y curación.
San Vicente dijo a uno de los misioneros: " Le aconsejo que confíe en nuestro Señor y en la ayuda de su madre, la Virgen Inmaculada" (IV,551).
Por eso, en este momento tan difícil, les invito a llevar la Medalla y que la regalen, pero sobre todo que la sostengan con fuerza en sus manos y que recen:
"¡Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti!"
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