23/04/2026
En el marco del programa Visita , el jueves pasado tuvimos la oportunidad de vivir una jornada en el CEI Ambrosio Díez Gómez, dando lugar al encuentro entre escuelas que miran a la infancia desde un mismo lugar.
Desde el primer momento, el centro nos acogió con unos espacios cálidos, cuidados y profundamente hogareños, pensados para que cada niño y cada niña se sientan seguros, reconocidos y en calma. Aulas que invitan a estar, a explorar y a crear, donde cada elemento parece tener sentido y propósito, y donde se percibe una mirada respetuosa hacia las necesidades reales de la infancia.
Especial mención merece su patio naturalizado, un espacio vivo y diverso que ofrece múltiples posibilidades de juego, movimiento, experimentación y descanso. Un entorno que satisface las diferentes necesidades infantiles, permitiendo a la infancia relacionarse con la naturaleza, con el cuerpo y con los demás desde la libertad y el respeto.
Hemos podido observar también una organización del tiempo profundamente respetuosa con el kairós, con esa forma tan propia que tiene la infancia de concebir y habitar los tiempos. Tiempos que no presionan, que no interrumpen procesos y que permiten que el aprendizaje, el juego y los vínculos se desarrollen de manera auténtica y significativa.
Pero, si algo nos llevamos de esta visita, es la fuerza de su trabajo en equipo. Un claustro cohesionado, que comparte mirada, inquietudes y responsabilidades, y que construye proyecto desde la reflexión conjunta, el acompañamiento mutuo y el compromiso común con la infancia. Esa sintonía se respira en cada espacio y se refleja en el bienestar de quienes habitan la escuela.
Nos marchamos agradecidas y profundamente inspiradas, con la sensación de haber visitado una escuela que cuida, que piensa y que siente la educación como un acto colectivo y profundamente humano.