Europea de Productos Naturales

Europea de Productos Naturales El termino estilo de vida se refiere a ciertos hábitos impuestos y practicados por los individuos,

Un estudio revela las estrategias nutricionales para alcanzar los 100 años de edad¿Qué tienen en común la alimentación d...
20/08/2026

Un estudio revela las estrategias nutricionales para alcanzar los 100 años de edad

¿Qué tienen en común la alimentación de los centenarios y algunos de los patrones dietéticos asociados a un envejecimiento saludable? Una revisión explora los nutrientes, hábitos y mecanismos que podrían estar detrás de la longevidad
El envejecimiento es un proceso complejo influido por factores genéticos, ambientales y de estilo de vida, en el que la nutrición constituye uno de los principales determinantes modificables del envejecimiento saludable. Los patrones dietéticos pueden regular vías relacionadas con el estrés oxidativo, la inflamación, la reparación celular y la función mitocondrial.

En algunas poblaciones con elevada longevidad se han descrito patrones alimentarios que comparten características con la dieta mediterránea, caracterizados por un elevado consumo de alimentos de origen vegetal y grasas insaturadas, que se han asociado con una mayor longevidad y un menor riesgo de enfermedades crónicas.

Además, nutrientes y compuestos bioactivos como diversos nutrientes y compuestos bioactivos, entre ellos los omega-3, polifenoles, zinc, folato y espermidina, intervienen en diferentes procesos relacionados con el mantenimiento celular, como la respuesta al estrés oxidativo, la reparación del ADN, la autofagia o la función mitocondrial, mientras que estrategias como el ayuno intermitente y las dietas cetogénicas pueden influir en la flexibilidad metabólica y el reciclaje celular.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, un nuevo estudio sintetizó la evidencia actual sobre cómo los micronutrientes influyen en la reparación del ADN, la reducción del estrés oxidativo y la protección mitocondrial.

Patrones alimentarios, nutrientes y longevidad

En este sentido, la evidencia indica que los micronutrientes son fundamentales para la función inmunológica, el metabolismo, la reparación tisular y el mantenimiento de la integridad genómica. Nutrientes como zinc, magnesio, selenio y vitaminas C y E contribuyen a la reparación del ADN y a la reducción del estrés oxidativo, mientras que las dietas basadas en plantas y la dieta mediterránea pueden favorecer procesos relacionados con la longevidad, como la protección de los telómeros y la reducción de la inflamación.

Además, el nuevo estudio señala que “la función mitocondrial, que se deteriora con la edad, puede recibir apoyo de los omega-3, vitaminas del grupo B y otros micronutrientes”. Asimismo, agregan que las vías de señalización sensibles a los nutrientes, como mTOR y AMPK, pueden verse moduladas por determinadas intervenciones dietéticas, y la restricción calórica se ha asociado con cambios en diferentes vías metabólicas e inflamatorias relacionadas con el envejecimiento.

De acuerdo con la evidencia incluida, las poblaciones centenarias comparten patrones dietéticos caracterizados por un predominio de alimentos de origen vegetal, como cereales integrales, frutas, verduras, legumbres y frutos secos, junto con un consumo moderado de pescado y aves y bajo de carne roja, grasas saturadas y productos ultraprocesados.

Se observa además una ingesta calórica moderada, baja en sodio, con proteínas principalmente vegetales, alto consumo de fibra y grasas predominantemente monoinsaturadas y poliinsaturadas. “Estos principios están presentes en patrones como la dieta mediterránea, de Okinawa, vegetariana/vegana y la Nueva Dieta Nórdica, y se asocian con mejor salud cardiometabólica y menor riesgo de enfermedades crónicas”, mencionan.

Horarios de las comidas y calidad del sueño en el envejecimiento saludable

La crononutrición también adquiere importancia, ya que la distribución de las comidas a lo largo del día y su sincronización con los ritmos circadianos pueden influir en el metabolismo; la ingesta energética tardía y las cenas nocturnas se han relacionado con mayor riesgo de obesidad y peor control glucémico.

El sueño adecuado, una composición corporal saludable y la actividad física constituyen también componentes relevantes del envejecimiento saludable. En este sentido, indican que “la falta o mala calidad del sueño se asocia con fragilidad, deterioro cognitivo, alteraciones metabólicas, obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular”.

En relación con el peso, aunque los centenarios suelen presentar menor adiposidad, los expertos aclaran que “el bajo peso en adultos mayores puede reflejar desnutrición y aumentar la mortalidad, por lo que resulta más importante preservar la masa muscular y evaluar individualmente la composición corporal que utilizar únicamente el IMC”.

“Dieta basada en vegetales, moderación calórica, horarios de alimentación adecuados, sueño reparador y actividad física conforman un marco multidimensional para promover la longevidad”, resaltan los investigadores.

La evidencia disponible indica que los nutracéuticos y suplementos tienen un papel limitado en la longevidad excepcional. Los centenarios presentan históricamente un bajo uso de suplementos, y los datos actuales no permiten establecer beneficios generales de los suplementos nutricionales sobre el envejecimiento saludable, aunque pueden ser útiles ante deficiencias documentadas.

Recomendaciones prácticas

Desde una perspectiva práctica, sugieren que “los patrones de los centenarios ofrecen principios adaptables: alimentación sencilla, moderada, predominantemente vegetal y mínimamente procesada, junto con actividad física y vínculos sociales”.

Sin embargo, advierten que la longevidad extrema no depende exclusivamente de la dieta, sino también de factores socioeconómicos, cohesión comunitaria, acceso a la atención sanitaria y condiciones ambientales.

Por ello, finalizan señalando que “las estrategias deben adaptarse culturalmente y promover cambios sostenibles, integrando nutrición, actividad física, sueño y determinantes sociales para prolongar no solo la vida, sino también los años de autonomía y calidad de vida”.

Alertan sobre el consumo excesivo de azúcar a través de los zumos y bebidas de frutas en la infanciaLos zumos de frutas ...
13/08/2026

Alertan sobre el consumo excesivo de azúcar a través de los zumos y bebidas de frutas en la infancia

Los zumos de frutas y verduras son ricos en azúcares libres y, al perder gran parte de la fibra, favorecen una rápida absorción de los azúcares y picos de glucosa en sangre

El consumo excesivo de azúcares añadidos en niños y adolescentes constituye un importante problema de salud pública debido a su asociación con el sobrepeso, la obesidad, las caries dentales y la disfunción metabólica. Los zumos de frutas y verduras, aunque no contienen azúcares añadidos, son ricos en azúcares libres y, al perder gran parte de la fibra y parte de la vitamina C durante su procesamiento, producen una rápida absorción de azúcar y picos de glucosa en sangre.

Su consumo prolongado se relaciona con mayor riesgo de sobrepeso y obesidad, menor diversidad de la microbiota intestinal, aumento de factores proinflamatorios y alteraciones que pueden afectar la salud metabólica, inmunológica y el desarrollo cognitivo. Por ello, la evidencia indica que los zumos y bebidas de frutas y verduras no son superiores ni equivalentes a las frutas y verduras enteras, ni pueden reemplazar el agua.

Las bebidas de frutas y verduras elaboradas a partir de zumos concentrados y agua suelen contener altos niveles de azúcares añadidos, por lo que se consideran bebidas azucaradas y se recomienda minimizar o evitar su consumo. La OMS aconseja que los azúcares libres representen menos del 10 % de la ingesta energética diaria, mientras que las guías alimentarias priorizan el consumo de frutas enteras y limitan el de zumos al 100 %.

Muchos niños y cuidadores desconocen los riesgos asociados al contenido de azúcares libres y no distinguen entre zumos puros y bebidas con azúcares añadidos, por lo que un nuevo estudio se propuso evaluar el consumo de estos productos en escolares, cuantificar la ingesta de azúcares libres y añadidos e identificar los factores demográficos, cognitivos, conductuales y familiares relacionados con el consumo excesivo de azúcar.

El consumo de azúcar a través de las bebidas en los niños

Al analizar los resultados, observaron que la tasa de consumo de jugos de frutas y verduras y bebidas relacionadas fue del 68,4%, con una ingesta diaria media de 57 ml y una contribución promedio de 6 g de azúcares libres y añadidos. El 15,4 % de los niños superó el umbral diario de 25 g de azúcar y el 22,5 % de los consumidores presentó una ingesta excesiva de azúcar.

En el nuevo estudio, la tasa de consumo de bebidas de frutas y verduras (58,9%) fue superior a la de los jugos de frutas y verduras (43,4%), lo que sugiere que “estas bebidas constituyen una fuente importante de azúcares libres en la dieta de los niños y que existe una marcada preferencia por las bebidas de frutas y verduras”.

Asimismo, los niños que consideraban inofensivas las bebidas azucaradas también mostraban mayor riesgo de consumo excesivo de azúcar, lo que pone de manifiesto el escaso conocimiento sobre los riesgos asociados y la frecuente percepción errónea de que los jugos y bebidas de frutas y verduras son opciones saludables.

Además, los niños cuyos cuidadores consumían jugos de frutas y verduras y bebidas relacionadas tenían mayor probabilidad de presentar una ingesta excesiva de azúcar, lo que respalda la influencia de los hábitos familiares sobre las preferencias alimentarias infantiles.

En este contexto, los autores destacan “la necesidad de implementar intervenciones dirigidas tanto a los niños como a los cuidadores para mejorar la comprensión de las etiquetas nutricionales, diferenciar los jugos puros de las bebidas a base de jugo, conocer los riesgos asociados al exceso de azúcares libres y añadidos y reforzar que los jugos no pueden sustituir a las frutas y verduras enteras ni al agua en la alimentación diaria”.

“Estas estrategias son fundamentales para reducir la ingesta excesiva de azúcares libres provenientes de zumos de frutas y verduras y bebidas similares, y para proteger el crecimiento saludable de los niños en edad escolar”, concluyen.

¿Puede la dieta mediterránea influir en la migraña crónica?La dieta mediterránea podría desempeñar un papel protector fr...
06/08/2026

¿Puede la dieta mediterránea influir en la migraña crónica?
La dieta mediterránea podría desempeñar un papel protector frente a la migraña, aunque la evidencia disponible era limitada y heterogénea.
La migraña es uno de los trastornos neurológicos más frecuentes y se caracteriza por cefaleas intensas, pulsátiles y recurrentes, cuya etiología resulta de la interacción entre factores genéticos y ambientales, como el estrés, el clima, la dieta y la deshidratación.



La alimentación puede influir en la frecuencia y la gravedad de los ataques al modular la inflamación sistémica, la vasodilatación y el metabolismo de la glucosa cerebral. Diversos alimentos, entre ellos el trigo, los cítricos, los huevos, el queso, el chocolate, el café, la carne roja, el alcohol y el azúcar, han sido identificados como desencadenantes de migraña, y su eliminación se ha asociado con una reducción de la duración, frecuencia y gravedad de las crisis.



La dieta mediterránea, ampliamente reconocida por sus beneficios en enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas, podría desempeñar un papel protector frente a la migraña, aunque la evidencia disponible sigue siendo limitada. Asimismo, persisten incertidumbres sobre la influencia de la cafeína, las bebidas carbonatadas azucaradas y la ingesta diaria de agua en la expresión clínica de la enfermedad.



En este contexto, un nuevo estudio tuvo como objetivo evaluar la asociación entre la adherencia a la dieta mediterránea y la migraña crónica, y como objetivos secundarios analizar su relación con los días mensuales de cefalea y explorar el impacto del consumo de agua, cafeína y bebidas carbonatadas azucaradas sobre distintas características clínicas de la migraña.



Para ello, se incluyó a 448 pacientes diagnosticados con migraña que fueron clasificados como con migraña episódica (ME) o migraña crónica (MC). La adherencia a la DM se evaluó utilizando la versión turca validada del Cuestionario de Adherencia a la Dieta Mediterránea (MEDAS) de 14 ítems. Los participantes fueron categorizados como con baja adherencia (puntuaciones de 0 a 5) o al menos adherencia moderada (puntuaciones de 6 a 14).



Dieta mediterránea como tratamiento de la migraña


El análisis de los resultados mostró que una mayor adherencia a la dieta mediterránea se asoció de forma independiente con una menor probabilidad de presentar migraña crónica, incluso tras ajustar por factores demográficos, índice de masa corporal, duración de la enfermedad, comorbilidades, uso excesivo de medicamentos, ingesta de agua, cafeína, bebidas carbonatadas azucaradas y otros hábitos dietéticos. Asimismo, la ingesta de agua, cafeína y bebidas carbonatadas azucaradas no mostró asociaciones significativas con los principales indicadores de gravedad de la migraña.



El nuevo estudio respalda hallazgos previos que asociaban una mayor calidad de la dieta con una menor carga de migraña, aunque los expertos aclaran que “el diseño observacional retrospectivo impide establecer una relación causal”.



“Si bien se han propuesto mecanismos inflamatorios, oxidativos, metabólicos y neurovasculares para explicar los posibles beneficios de la dieta mediterránea, el estudio no evaluó biomarcadores que permitieran confirmar estas hipótesis”, explican.



Además, la asociación entre la dieta mediterránea y la migraña crónica persistió incluso después de considerar el uso excesivo de medicamentos, uno de los principales factores relacionados con la cronificación de la enfermedad.



La evaluación de patrones dietéticos generales mediante la puntuación MEDAS mostró una asociación más consistente con la migraña crónica que el análisis de alimentos o bebidas individuales. La ingesta de agua no se relacionó con la osmofobia, la cafeína presentó únicamente una asociación marginal con la fonofobia y las bebidas carbonatadas azucaradas no se asociaron con la migraña crónica, la intensidad del dolor ni los días mensuales de cefalea.



De esta manera, los hallazgos sugieren que “la calidad global de la dieta puede formar parte de la evaluación clínica de los pacientescon migraña, aunque todavía son necesarios estudios prospectivos e intervenciones dietéticas para determinar si mejorar la adherencia a la dieta mediterránea puede modificar la evolución de esta enfermedad”.



En resumen, el nuevo estudio observó que una mayor adherencia a la dieta mediterránea se asoció de forma independiente con una menor probabilidad de migraña crónica, lo que respalda “una posible relación entre la calidad de la dieta y la progresión a la cronicidad de la migraña”.



“La adherencia a la dieta mediterránea podría ser un marcador de estilo de vida potencialmente relevante para la cronificación de la migraña y enfatizan la necesidad de estudios prospectivos para determinar si las intervenciones dietéticas específicas pueden reducir la progresión a la migraña crónica”.

26 de julio de 2026Teorías que son erróneasA lo largo de los años, las teorías médicas han dado lugar a miles de fármaco...
27/07/2026

26 de julio de 2026

Teorías que son erróneas

A lo largo de los años, las teorías médicas han dado lugar a miles de fármacos. La idea de que el colesterol LDL causa enfermedades cardiovasculares (ECV) impulsó el uso generalizado de las estatinas, y la posibilidad de que los ovillos de proteína beta-amiloide y tau estuvieran detrás de la enfermedad de Alzheimer dio origen a una línea de fármacos aún más dudosa.

Aun así, había dinero que ganar, y las arcas de las grandes farmacéuticas se llenaban gracias a una profesión médica que vendía los medicamentos a pacientes crédulos que, como es lógico, querían prevenir las enfermedades cardíacas o ralentizar el avance del Alzheimer.

Las estatinas no han logrado reducir la incidencia de enfermedades cardíacas. Siguen siendo, obstinadamente, la principal causa de muerte en el mundo, a pesar de que llevamos más de 30 años consumiendo miles de millones de pastillas de estatinas.

Eso se debe a que la teoría es errónea: el colesterol LDL no tiene nada que ver con las enfermedades cardíacas. Sí, puede obstruir las arterias, pero eso se debe a que actúa como agente reparador, intentando solucionar el daño causado a la pared arterial por la inflamación.

De igual modo, la teoría de las placas amiloides en la enfermedad de Alzheimer también es errónea. Un nuevo estudio nos recuerda que las proteínas tau son esenciales para la formación de recuerdos, así que ¿es realmente posible que ataquen repentinamente las neuronas e interrumpan su comunicación?

Investigadores de la Universidad de Flinders han descifrado el papel fundamental que desempeñan las proteínas en nuestra identidad. Estas proteínas establecen recuerdos a largo plazo al interactuar con células cerebrales especializadas, las cuales forman el registro físico de la memoria. Cuando se produce una nueva experiencia, solo un pequeño número de estas células se selecciona para almacenarla, y la proteína tau se activa durante esta etapa crítica de la formación de la memoria, ayudando a determinar con precisión qué células del engrama se activan para preservar la experiencia.

Pero las placas de tau y amiloide tienen poco que ver con la demencia y el Alzheimer. Así como el colesterol LDL es una respuesta a la inflamación, la tau y el amiloide, en el peor de los casos, están siendo mutados por la inflamación.

Cuando el Instituto de Investigación de la Demencia abrió sus puertas en 2017, su director fundador, el Dr. Bart De Strooper, lo afirmó claramente: el Alzheimer es una respuesta inflamatoria.

Al igual que las estatinas, los fármacos contra el Alzheimer no han logrado frenar la progresión de la enfermedad, que ahora es la quinta causa principal de muerte en el mundo. En el Reino Unido, es la principal causa de muerte, superando incluso a las enfermedades cardíacas.

Los fármacos que actúan sobre las placas amiloides en el cerebro ni siquiera estabilizan los síntomas, y la teoría se ve refutada por datos preocupantes como que el 30 % de las personas con placas nunca desarrollan Alzheimer, mientras que el 15 % con síntomas de Alzheimer no presentan placas. Un estudio realizado con aproximadamente 200 personas diagnosticadas con Alzheimer descubrió que solo la mitad tenía placas en el cerebro.

Alrededor del 10% de las personas mayores de 65 años padecen demencia, un deterioro cognitivo crónico y progresivo que afecta la memoria, el razonamiento y las habilidades motoras. Las exploraciones revelan que aproximadamente el 70% de los casos de demencia presentan daño cerebral, y este amplio subgrupo se denomina enfermedad de Alzheimer, en honor al psiquiatra alemán Alois Alzheimer, quien, en 1906, descubrió extrañas formaciones en el cerebro de un paciente con demencia. Creía que estos cúmulos, o placas, eran los responsables de la demencia, aunque su colega Claire O'Brien pensaba que el paciente sufría de demencia vascular, causada por una irrigación sanguínea deficiente al cerebro.

Otros psiquiatras también se mostraron escépticos, pero en 1984, investigadores de la Universidad de California en San Diego descubrieron la proteína beta-amiloide y, poco después, otros investigadores aislaron la proteína tau.

Parecía un caso resuelto: el problema era que nadie podía probarlo. Más de 40 medicamentos no han logrado la aprobación tras no demostrar ningún efecto significativo sobre los síntomas del Alzheimer.

Una minoría ha expresado su preocupación por la hipótesis amiloide. Henry Paulson, director del Centro de Enfermedad de Alzheimer de Michigan, afirma haber dedicado años a buscar una causa del Alzheimer que vaya más allá de la placa. «Es cierto que el amiloide influye en el cerebro y la demencia, pero la enfermedad de Alzheimer es compleja y va mucho más allá de una sola molécula».

El investigador farmacéutico Derek Lowe coincide. “Todos los ensayos sobre el Alzheimer han fracasado. Creo que cualquier explicación definitiva de la enfermedad de Alzheimer tendrá que incluir la beta-amiloide como parte fundamental de la explicación; pero si abordar la enfermedad desde esa perspectiva pretende conducir a tratamientos viables, desde luego no los hemos visto. Tenemos que invertir dinero y esfuerzo en otras hipótesis y dejar de insistir tanto en la beta-amiloide. No está funcionando”.

Hasta aquí la teoría, pero al menos tenemos los medicamentos.

Un estudio español vincula los ultraprocesados con un mayor riesgo de psoriasis y artritis reumatoideLa creciente incide...
25/06/2026

Un estudio español vincula los ultraprocesados con un mayor riesgo de psoriasis y artritis reumatoide

La creciente incidencia de enfermedades autoinmunes y otros trastornos inflamatorios ha intensificado el interés científico por identificar factores modificables del estilo de vida que puedan influir en el funcionamiento del sistema inmunitario
Las enfermedades inflamatorias mediadas por el sistema inmunitario (EIM) constituyen un conjunto de patologías caracterizadas por una respuesta inmunológica alterada que provoca inflamación persistente y daño progresivo en diferentes órganos y tejidos. Entre estas enfermedades se encuentran la psoriasis, la artritis reumatoide y el vitíligo, afecciones que afectan significativamente la calidad de vida de quienes las padecen.

Aunque la predisposición genética desempeña un papel importante en su aparición, el aumento de su incidencia en las últimas décadas ha puesto de manifiesto la influencia de factores ambientales y de estilo de vida, especialmente aquellos relacionados con la alimentación.

En la actualidad, la nutrición es considerada un elemento fundamental en la regulación del sistema inmunitario. Además de aportar nutrientes esenciales, los alimentos pueden influir sobre la microbiota intestinal, los mecanismos inflamatorios y las respuestas inmunitarias del organismo.

El procesamiento de los alimentos y su impacto en el organismo

Por este motivo, en los últimos años ha cobrado relevancia el estudio del grado de procesamiento de los alimentos, ya que este aspecto podría tener efectos independientes de su composición nutricional.

Los alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) suelen contener elevadas cantidades de grasas saturadas, azúcares, sodio y aditivos industriales, mientras que los alimentos mínimamente procesados (MUPF, por sus siglas en inglés) conservan en mayor medida sus propiedades naturales y su valor nutricional.

Con el objetivo de evaluar esta relación, un nuevo estudio en el que participaron Miguel A. Martínez-González, Luiz Menezes-Júnior, Ainara Martínez-Tabar y Maira Bes-Rastrollo de la Universidad de Navarra; Álvaro González-Cantero del Hospital Universitario Ramón y Cajal y Alejandro Martín-Gorgojo del Ayuntamiento de Madrid, reclutó a 15.874 adultos españoles seguidos durante una media de 15 años.

Durante el período de seguimiento se registraron nuevos casos de psoriasis, artritis reumatoide y vitíligo, analizando la asociación entre estas enfermedades y el consumo habitual de alimentos clasificados según el sistema NOVA, que categoriza los alimentos de acuerdo con su nivel de procesamiento industrial.

¿Qué efectos generó el mayor consumo de ultraprocesados en la inmunidad?

Los resultados mostraron que los participantes con mayor consumo de alimentos mínimamente procesados presentaban hábitos de vida más saludables, realizaban más actividad física y seguían patrones dietéticos de mejor calidad. Además, registraban una mayor ingesta de fibra, vitaminas y minerales, nutrientes que desempeñan funciones importantes en la regulación del sistema inmunitario.

En contraste, el nuevo estudio halló que quienes consumían una mayor proporción de alimentos ultraprocesados presentaban una alimentación más rica en grasas saturadas, sodio y productos industrializados, junto con una menor ingesta de nutrientes protectores.

Asimismo, los expertos observaron que un elevado consumo de UPF se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar psoriasis y artritis reumatoide, mientras que una mayor ingesta de MUPF se relacionaba con un menor riesgo de psoriasis y con una reducción global del riesgo de enfermedades inflamatorias inmunomediadas.

“Estas asociaciones se mantuvieron incluso después de ajustar variables sociodemográficas, factores de estilo de vida y otros posibles factores de confusión, lo que fortalece la consistencia de los resultados”, resaltan.

De esta manera, consideran que el grado de procesamiento de los alimentos podría desempeñar un papel importante en el desarrollo de enfermedades inflamatorias mediadas por el sistema inmunitario.

Por ello, recomiendan que “promover una alimentación basada en alimentos frescos o mínimamente procesados y limitar el consumo de productos ultraprocesados podría constituir una estrategia complementaria para la prevención de estas patologías”.

Los conservantes alimentarios pueden aumentar el riesgo cardiovascularClara SimónEl Médico Interactivo logo08 de junio d...
16/06/2026

Los conservantes alimentarios pueden aumentar el riesgo cardiovascular
Clara Simón

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08 de junio de 2026
Un estudio publicado en European Heart Journal indica que consumir alimentos con aditivos conservantes comunes puede aumentar el riesgo de sufrir hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares. El trabajo forma parte de un estudio más amplio llamado NutriNet-Santé e incluyó a 112.395 voluntarios de toda Francia.

Los investigadores analizaron detalladamente los ingredientes de todos los alimentos y bebidas, incluidos los conservantes, y realizaron un seguimiento de la salud de los voluntarios durante una media de siete a ocho años para observar si desarrollaban hipertensión o enfermedades cardiovasculares.

Los resultados sugieren que las autoridades responsables necesitan reevaluar los riesgos y beneficios de estos aditivos para proteger mejor al consumidor. Además, los investigadores analizan cómo los aditivos y los alimentos ultraprocesados afectan a los marcadores de inflamación, el estrés oxidativo, el perfil metabólico en sangre y la composición de la microbiota intestinal, lo que podría ayudar a entender por qué aumentan el riesgo de enfermedad.

Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno, miembros de Grupo de Trabajo de Nutrición de SEMERGEN, valoran para EL MÉDICO INTERACTIVO este estudio y señalan que los conservantes que generan más preocupación son los nitritos y nitratos usados en carnes procesadas, como embutidos, salchichas o beicon, porque se asocian con inflamación vascular y mayor riesgo cardiovascular cuando el consumo es frecuente. Además, conservantes muy comunes no antioxidantes y antioxidantes, incluyendo el ácido cítrico (E330), los sorbatos (E202) y el propio ácido ascórbico sintético (E300), muestran una asociación estadística directa con una mayor incidencia de hipertensión y enfermedad cardiovascular.

Personas con antecedentes
Por lo tanto, el foco debe ponerse en pacientes con síndrome metabólico previo, hipertensión, insuficiencia cardiaca o enfermedad renal. Las asociaciones con patologías coronarias son marcadamente más fuertes en personas que ya padecen alteraciones metabólicas. También se han asociado estos mismos conservantes con la aparición de diabetes mellitus tipo 2, generando un efecto sinérgico perjudicial. Los niños y las embarazadas completan este grupo de riesgo debido a su menor masa corporal y a la inmadurez de sus sistemas de detoxificación hepática y renal.

Los especialistas recuerdan que la legislación europea obliga a declarar estos conservantes en el listado de ingredientes mediante su nombre químico o su código numérico europeo; por ejemplo, E250 para el nitrito sódico o E220-E228 para los sulfitos. Sin embargo, “existe una trampa de transparencia: las etiquetas indican qué conservante lleva, pero no la cantidad exacta en miligramos. Un mismo conservante varía en gran medida entre marcas para un mismo tipo de alimento, haciendo imposible el cálculo de la dosis real de exposición diaria acumulada. También puede indicarse como conservador, fosfatos, estabilizantes o sales de curado”, detallan Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno.

Dónde están presentes
Hay que recordar que más del 20 % de los alimentos y bebidas industriales del mercado contienen actualmente al menos uno de estos aditivos. El peligro radica en los alimentos ultraprocesados y de larga vida útil. Las fuentes principales de exposición son las carnes procesadas (embutidos, salchichas), las bebidas alcohólicas y refrescos, y los platos preparados, salsas y panadería industrial.

Pero no todos los conservantes son perjudiciales y su función tecnológica es vital para garantizar la seguridad microbiológica alimentaria. Sustancias como los tocoferoles (Vitamina E / E306) han demostrado ser inocuas para la salud cardiovascular en estudios poblacionales. No obstante, el peligro no es una ingesta aislada dentro de una dieta equilibrada, sino consumir múltiples aditivos de forma frecuente y en cantidades elevadas a través de diferentes productos ultraprocesados.

Tal y como apuntan los especialistas, “al disminuir o eliminar los alimentos ultraprocesados de la dieta y sustituirlos por opciones frescas, se produce una reducción drástica en la carga de sodio metabólico y en el estrés oxidativo tisular, lo que se traduce a medio plazo en una optimización de la presión arterial, una reducción de los marcadores de inflamación sistémica y una mejora del perfil cardiometabólico general”.

Cuidado con los niños
En la población infantil, se ha asociado el abuso de ultraprocesados con la aparición de hipertensión arterial precoz, resistencia a la insulina y obesidad. Además, “la exposición continuada a mezclas complejas de aditivos altera sus patrones del gusto y ciertos conservantes combinados con colorantes actúan como disruptores neuroquímicos, agravando síntomas de hiperactividad e impulsividad en niños predispuestos”, apuntan Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno, quienes señalan que para reducir su consumo habría que “priorizar los alimentos frescos o mínimamente procesados y cocinar más en casa. Basar la alimentación en el modelo de la dieta mediterránea (frutas, verduras, legumbres y pescado), reducir drásticamente las carnes procesadas y aprender a leer las etiquetas para descartar productos cuyos listados de aditivos sean excesivamente largos”.

Anaïs Hasenböhler, Guillaume Javaux, Marie Payen de la Garanderie, Fabien Szabo de Edelenyi, Paola Yvroud-Hoyos, Cédric Agaësse, Alexandre De Sa, Inge Huybrechts, Fabrice Pierre, Xavier Coumoul, Léopold K Fezeu, Pilar Galan, Jacques Blacher, Chantal Julia, Benjamin Allès, Serge Hercberg, Benoit Chassaing, Mélanie Deschasaux-Tanguy, Bernard Srour, Mathilde Touvier, Preservative food additives, hypertension, and cardiovascular diseases: the NutriNet-Santé study, European Heart Journal, 2026;, ehag308, https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehag308.

Los Dres. Estela Bajo da Costa y Danilo Antonio Durán Moreno declaran no tener conflicto de intereses.

Este contenido fue originalmente publicado en El Médico Interactivo, parte de la Red Profesional de Medscape.

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