29/09/2026
🧠 ¿Qué pasa cuando no tienes un hogar?…
El acceso a un espacio donde resguardarse no es una mercancía ni una concesión del mercado: es el límite biológico y somático más básico para poder existir con dignidad. 🧠🛖
Cuando la certeza de un techo se vuelve inaccesible o condicional, lo que se tambalea no es solo la economía doméstica; es la capacidad del cuerpo para habitarse a sí mismo. La precariedad habitacional que atraviesa hoy a la población nos aboca a un estado de alerta y supervivencia perpetua donde el sistema nervioso nunca llega a descansar.
La dimensión colectiva y vital del refugio:
1. Soberanía corporal: No hay autonomía, ni capacidad para decidir sobre la propia vida, ni posibilidad de construir una identidad libre si no existe un territorio donde estar a salvo de la violencia del entorno.
2. Salud como bien común: Exigir al cuerpo que rinda, que cree, que sostenga la vida o que cuide de otros mientras se le priva de la tranquilidad de un hogar es una forma silenciosa de desgaste fisiológico y psíquico.
3. Redes y comunidad: La falta de redes y la amenaza constante del desplazamiento desmantelan el tejido comunitario. Sin barrios estables ni espacios compartidos de apoyo mutuo, la vida se individualiza y la vulnerabilidad se multiplica.
La seguridad de un hogar no se negocia, se necesita para garantizar la dignidad y la seguridad de cada persona.
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