30/09/2024
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Esta frase tan contundente me la han dicho muchas mujeres, más de las que me gustaría. Lo han hecho hartas de sentir que estaban solas siempre, que por el motivo que fuera, sus parejas no estaban presentes en la crianza que los que también eran hijos suyos. Algunos estaban físicamente pero luego resultaban ausentes totalmente. Otros directamente no estaban por trabajo, por lo que fuera…
Ellas sentían que no tenían apoyo ni equipo. Que todo recaía en ellas: el día a día, la carga mental, la responsabilidad… todo.
Y luego venía esta frustración tan heavy, la que las empujaba a decir: “si hubiera querido criar sola, podía hacerlo, me hubiera podido inseminar, pero no lo hice porque quería compartirlo con él, sentir que éramos dos y estábamos juntos en eso, algo que por supuesto no siento”.
Y algunas se separaron y al cabo de un tiempo me dijeron: “¿te puedes creer que me he tenido que separar para que haga de padre, le vean y se responsabilice?”
Es muy importante hablar de todo ello antes de tener hijos y aún así no es garantía. Pero ayuda a situarnos, a imaginarlo, a tomar partido, a fijar una hoja de ruta común, a fijar límites y líneas rojas, a buscar estrategias y soluciones en caso de X.
Criar sola es duro y hacerlo estando acompañada genera una sensación de soledad tremenda… si estás ahí te abrazo muy fuerte. Lo que sientes es válido y legítimo… Ojalá podáis hablar de ello desde los adultos que sois para fijar nuevo límites, formas de actuación y determinar qué necesitáis los dos para criar de la mano.
Que sepas también que en mi libro “Criar juntos” hablo de ello y procuro ayudaros a volver al camino de crecer y criar juntos.
¿Te has sentido alguna vez así? ¿Cómo lo transitaste?