14/02/2026
Uno da lo que es.
Y si eres amor, el amor está en ti.
No lo produces. No lo inventas.
Lo expresas.
El amor, cuando lo compartes,
no se divide: se multiplica.
Se contagia, lejos de enfermar.
Se propaga, lejos de contaminar.
Y si contamina… que sea de conciencia.
Si el poliamor es estar enamorado de muchas cosas, entonces sí, me declaro polímeros.
De la vida.
De las personas.
De los procesos.
Incluso de las versiones mías que ya no soy.
La vida me enseñó a amar de diferentes maneras.
Desde la inmadurez.
A través de las heridas.
Desde la evolución.
Desde los años… y los daños jeje
Hoy considero que amo mucho.
Amo fuerte.
Pero, sobre todo, aprendí a amarme a mí.
Como una decisión.
No como un sentimiento.
Estar conmigo
los días buenos,
los días malos,
los días de todos los colores de la paleta.
Sin jerarquías absurdas.
Sin comparaciones constantes.
Sin poner el amor en una balanza.
A veces la vorágine nos arrastra
y buscamos fuera
lo que nace dentro.
Lo de afuera suma, claro.
Complementa.
Expande.
Pero nunca debería justificarnos.
Hay días —como hoy, que parece que el mundo habla de amor—que pueden servir de excusa.
No para demostrar.
Para revisar.
Revisa tus estándares.
Revisa si sigues representándote.
No desde la autocrítica castigadora.
Desde la conciencia.
Porque a veces vivimos como el b***o persiguiendo la zanahoria.
Siempre detrás.
Siempre esperando llegar.
Y se nos olvida mirar
cómo estamos caminando.
Si vamos hacia el destino indicado.
Y, sobre todo,
si estamos siendo quienes realmente
queremos, sentimos
y vinimos a ser.
Celebra el amor.
Tu amor.
Y desde ese lugar,
decide cómo vas a honrarlo.
Pd: esta publicación tiene algo mío muy personal, adivinas qué es? (Prueba para los que me conocen también jaja)