31/07/2026
Llevo casi dos décadas practicando yoga.
Empecé porque estaba profundamente fracturada por dentro.
Era joven y estaba fascinada por la estética del yoga. No solo por las posturas, sino por la imagen del practicante: la serenidad, la disciplina, el silencio, la aparente trascendencia.
Durante años confundí esa imagen con la práctica.
No cuestionaba instituciones profundamente patriarcales del mundo del Yoga. No cuestionaba que determinados ejercicios pudieran no ser saludables para todos los cuerpos. No cuestionaba que levantarse a las cinco de la mañana con un cuerpo exhausto fuera necesariamente una virtud. Creía que practicar cada día, independientemente del estado de mi cuerpo, era disciplina.
Pensaba que el dolor era parte del camino.
Confundía samādhi con cerrar los ojos en una postura extrema.
Endendía el “ego” solo en sentido gramatical. Se hablaba constantemente de trascenderlo, pero muchas veces tenía la sensación de que toda aquella puesta en escena no hacía más que construir una identidad todavía más fuerte: la del buen practicante, la del yogui disciplinado, la del cuerpo capaz de soportarlo todo.
Con el tiempo comprendí que muchas de las cosas que llamaba disciplina espiritual eran, en realidad, formas muy sofisticadas de no escuchar mi cuerpo.
El dolor dejó de parecerme una prueba de transformación y empezó a convertirse en una pregunta.
Estudiar anatomía, biomecánica y neurofisiología no me alejó del yoga.
Me obligó a dejar caer muchas de las ideas que tenía sobre él.
Empecé a construir un cuerpo más sano, no porque colocara la salud en un pedestal, sino porque aprendí a tratar mi cuerpo con una amabilidad que antes confundía con debilidad.
Y, paradójicamente, fue ahí donde comenzaron las preguntas que más me interesan.
¿Qué relación existe realmente entre las prácticas corporales y la transformación de la conciencia?
¿Hasta qué punto el movimiento puede abrir nuevas formas de percibirnos?
¿Y cuánto de lo que llamamos espiritualidad no es, a veces, otra forma de sostener un ideal sobre nosotros mismos?
Marghe
♥️