26/08/2026
Washingtonia robusta, la palmera mexicana perfectamente adaptada a Badajoz.
Estamos acostumbrados a ver su inconfundible silueta en avenidas, glorietas, y medianas, adornando la imagen de nuestra Alcazaba en la circunvalación, o convirtiéndose en la imagen más emblemática de nuestro parque más histórico, el de Castelar. Y es que la Washingtonia robusta es una de las palmeras más reconocibles de nuestra ciudad. Su característica estampa, con un tronco alto y esbelto, y una corona foliar con hojas en forma de abanico, la convierte en una especie de gran valor ornamental.
La Washingtonia robusta es originaria de México, principalmente de la península de Baja California y de algunas zonas del noroeste del país, creciendo de forma natural en zonas cálidas, soleadas y relativamente secas, condiciones que explican muchas de sus características principales de adaptación.
Su lugar de origen, noroeste de México y costa del Pacífico, tiene temperaturas elevadas y una importante insolación durante una gran parte del año. Por eso, nuestra climatología extremeña, y en general toda la del sur de España, resulta especialmente favorable para ella. Por lo que los veranos largos, secos, y calurosos de Badajoz no representan un problema para esta palmera.
Aunque necesita agua para crecer con vigor (especialmente durante sus primeros años de vida, en los que llega a desarrollar una tasa de crecimiento vegetativo de entre 0,8 y 1,2 metros anuales), una vez establecida en el terreno, puede soportar períodos de sequía bastante prolongados. Esta capacidad la convierte en una especie interesante para ciudades como Badajoz, donde el ahorro y el uso eficiente del agua son cada vez más importantes.
A diferencia de lo que a priori se pudiera pensar, esta palmera no tiene una gran raíz pivotante y leñosa, como las de algunos árboles de gran porte. Al contrario, produce numerosas raíces relativamente finas que se desarrollan principalmente en las capas superiores del suelo, realizando una labor de amplio anclaje, al tiempo que aumenta su superficie de captación de agua. Por ello, lo verdaderamente importante en una plantación urbana es proporcionarle suficiente espacio de suelo entre ejemplares, y evitar la compactación y el encharcamiento del mismo.
Una palmera de gran tamaño
Uno de sus rasgos más característicos es su extraordinario crecimiento, y es que la Washingtonia robusta puede alcanzar más de 20 metros de altura, llegando a ser excepcionalmente más alta si se dan determinadas condiciones ambientales. Por este motivo, es una especie magnífica para grandes avenidas, parques, plazas y espacios abiertos.
La Washingtonia robusta, hace honor a su epíteto de “robusta”, y no solo por lo adaptable al clima que resulta, sino porque, además, es especialmente resistente a eventos climatológicos extremos como son los huracanes. Es una imagen habitual ver imágenes de esta palmera curvándose en extremo ante los huracanes en las costas de Florida, y aguantar perfectamente el embate del mar y las acometidas del viento. Y, a pesar de no ser una especie autóctona de Extremadura, lleva muchos años formando parte de nuestros jardines y espacios urbanos, demostrando una excelente capacidad de adaptación, habiendo resistido maravillosamente bien vendavales, danas y las famosas “ciclogénesis explosivas” que se han dado en Badajoz a lo largo de su historia más reciente.
Su presencia nos recuerda algo importante en jardinería urbana: una especie puede proceder de otro continente y adaptarse perfectamente a nuestras condiciones si el clima, el suelo, y el espacio disponible son los adecuados.
En el caso de Badajoz, la Washingtonia robusta encuentra unas condiciones especialmente favorables para desarrollarse y convertirse, con el paso de los años, en uno de esos elementos vegetales que forman parte de la identidad visual de la ciudad.
El trasplante de la misma
En estos días, hemos observado que el trasplante y reubicación de los 16 ejemplares afectados por las obras del parking de la circunvalación, han generado controversia y debate en redes sociales. Han sido varias personas las que nos han contactado para conocer nuestra opinión al respecto, y en este sentido debemos señalar que, si el trasplante se realiza correctamente y con las medidas concretas de protección radicular, el trasplante es perfectamente viable y con unas tasas de éxito cercanas al 100%. Si bien, la época óptima del trasplante de estas palmeras se sitúa entre finales de abril, y primeros de julio; el trasplantarlas a finales de agosto no supone perjuicio para esta maravillosa palmera.
Esperamos que los 16 ejemplares trasplantados hayan sido colocados con las necesarias medidas de protección forestal (profilaxis y estimulación radicular, así como un correcto anclaje y entutorado al terreno durante el primer año de trasplante) y contribuyan a seguir embelleciendo nuestra ciudad. Y es que una ciudad con árboles, es una ciudad mucho más humana, mucho más habitable, mucho más bonita, y sobre todo mucho más saludable.
Porque Badajoz se escribe con “B” de “bonita”, pero también con “V” de “verde”.