07/05/2026
HANTAVIRUS Y CRUCERO: una reflexión ética
(ENGLISH IN COMMENTS)
Un barco sanitario será desviado a Tenerife bajo protocolo internacional, en medio de declaraciones de algunos responsables políticos locales que han expresado preocupación y rechazo a su llegada.
La preocupación por la salud pública es comprensible. Es legítimo que haya preguntas cuando un barco con pacientes de hantavirus es desviado hacia la isla.
Pero existe una línea ética importante entre la preocupación sensata y la retórica política que trata a las personas enfermas como si fueran el problema de otros.
Los puertos y las islas siempre han dependido de la solidaridad internacional. ¿Qué esperaríamos si marineros, turistas o trabajadores canarios enfermaran gravemente en el extranjero? ¿Aceptaríamos que otro país les negara asistencia porque ayudarles resultara incómodo o impopular?
Tenerife forma parte de una red global de turismo, movilidad y cooperación marítima. Con ello también viene la responsabilidad.
La salud pública debe guiarse siempre por la evidencia, la ciencia médica y los protocolos adecuados —no por el miedo ni la oportunidad política. El hantavirus es una enfermedad seria, pero las enfermedades serias se gestionan con profesionalidad y cooperación, no con estigmatización.
Una sociedad se juzga, en última instancia, por cómo responde cuando las personas están en situación de vulnerabilidad.
La compasión y la competencia no son opuestas. Una Tenerife segura y conectada internacionalmente debe ser capaz de ambas cosas.