24/11/2015
AMAR... Es dejar ser.
AMAR, es amar incluso los defectos del otro... No me refiero a "amarlo con sus defectos", a tolerarlos... Me refiero a amar sus defectos, porque también ellos contribuyen a que esa persona sea exactamente quien es, y no otra... Y a que la amemos infinitamente, como la amamos.
AMAR, es sentir que el pecho explota de felicidad, de dicha, de gozo de sentirse VIVO por el simple hecho de amar, de haber entendido que el sentido de nuestra existencia, es justamente aprender a amar.
AMAR, es poner siempre a la otra persona por delante nuestro. No herirla NUNCA, JAMÁS, aunque para eso debamos herirnos a nosotros mismos. AMAR es desear desde el fondo del alma que esa persona sea FELIZ, en toda su dimensión, implique eso lo que implique. Sea o no sea a nuestro lado. Es procurar hacer y ser todo aquello que le haga bien, y que le indique el sendero correcto. Es ver su rostro en nuestra mente y sonreír cada vez que despertemos, sin importar lo que nos espere por delante ese día. Es maravillarse de la suavidad de la almohada cuando, antes de dormirnos, pensamos una vez más en aquel o aquella a quien amamos. Es sentirnos incapaces de tener un sólo sentimiento que sea negativo, o que signifique algo malo.
Cuando amamos con todas las fuerzas de nuestro ser, no existen límites, fronteras, imposibles, que no nos sintamos capaces de derrotar. El amor es la fuerza vital de toda persona, es el combustible que nos permite avanzar en la vida, crecer en espíritu, evolucionar, aprender, maravillarnos cada noche... de que la luna aún sea luna, y nos regale su esplendor nacarado.
Quien ha podido AMAR así, no volverá jamás a ser el mismo. Porque ha iniciado un largo y maravilloso sendero, lleno de experiencias únicas, invaluables, e inolvidables que harán brillar su alma con una intensidad que ni siquiera soñaba...
El verdadero AMOR nos cambia, nos mata, nos renace, nos educa, nos sana, nos madura, nos humaniza, nos hace descubrir rincones de nosotros mismos que desconocíamos. Nos hace entender el alma humana y el mundo que nos rodea con ojos nuevos, con ojos puros, con un brillo que deslumbra y enaltece.
El AMOR verdadero es ETERNO. No importa que la persona amada siga a nuestro lado. Puede haber fallecido, puede haber elegido otro camino, o lo podemos haber elegido nosotros. Puede incluso habernos olvidado, o hasta odiarnos.
Son apenas circunstancias pasajeras... Quienes creemos en la reencarnación y en que la muerte, entendida como tal, en realidad NO EXISTE, sabemos lo frágil e intrascendente de los dolores presentes. Porque aquello que es PURO, REAL, y BUENO, aquello que convierte a nuestra esencia en algo sagrado, es eso lo que perdura, por siempre. Vida tras vida. Porque forma parte del núcleo, del origen, de lo que no puede ser dañado por circunstancias humanas pasajeras.
De poco vale la tristeza de la pérdida... Pensemos que es simplemente una demora. Un trámite, y nada más.
Pronto estaremos juntos, como siempre lo hemos estado. Porque SOMOS PARTE EL UNO DEL OTRO, y jamás nada ni nadie cambiará eso.
Nunca olvides que el AMOR es eterno. Puedes recurrir a él cuando estés necesitado de un abrazo, de sanar una herida, de superar la desesperación y la soledad. El amor que has sentido, que has VIVIDO, ha quedado guardado dentro de tí, y no morirá ni se acabará. Esta allí como el alimento de la madre, que nutre a su hijo como ningún otro alimento lo nutrirá jamás.
Les deseo a todos que encuentren a la persona que les haga sentir un amor tan, pero tan infinito, que sólo tratar de ponerlo en palabras les haga llenar los ojos de lágrimas tibias.
La persona... QUE LOS HAGA NACER A LA VIDA ETERNA.