27/02/2017
“La amplificación es un método comparativo. Compara imágenes de la psique moderna con imágenes de otras fuentes -entre ellas, mitos antiguos-, en un esfuerzo por identificar similitudes significativas o paralelos. Giegerich, sin embargo, sostiene que la situación psicológica moderna es absolutamente sin precedentes, sin paralelo. Es tan radicalmente distinta -o, como él dice, tan lógicamente diferente- de la antigua situación mitológica que cualquier similitud es meramente formal y, por tanto, insignificante. (…)
Ciertos sueños, fantasías y experiencias de la gente moderna son llamativamente (y profundamente) similares a los mitos de los pueblos antiguos, como los junguianos siguen demostrando - y, en contra de lo que dice Giegerich, estos modernos sueños, fantasías y experiencias son similares no sólo en forma, sino también en contenido a los mitos antiguos. (…)
¿Qué es la "situación moderna"? Como Giegerich la define, es, en la historia de la conciencia, el estadio del ordenador, de internet, del ciberespacio y de la realidad virtual. (…) Sin embargo, ¿la tecnología digital de los ordenadores, internet, el ciberespacio y la realidad virtual hace que la amplificación mitológica -que como método comparativo es una técnica análoga– se vuelva obsoleta e irrelevante? (…)
Me limitaré a añadir que, a pesar de lo que dice Giegerich, el complejo Afrodita sigue siendo un factor vital decisivo en la psicología tanto de las mujeres modernas como de los hombres modernos. Como dice Jean Shinoda Bolen: "El arquetipo de Afrodita crea un carisma personal -un magnetismo o una chispa- que, combinado con los atributos físicos, hace a una mujer “una Afrodita" (1984: 243). París dice: "La mujer que tiene las cualidades de Afrodita sabe cómo moverse, respirar y vibrar, y es capaz de generar, así como de recibir, energía sexual de alta intensidad" (1986: 45). No hay un «trastorno de personalidad Afrodita» en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, pero si, como dice Jung, «los dioses se han convertido en enfermedades» (1929: 54), bien podría haberlo. Por ejemplo, un diccionario psiquiátrico define “afrodisia” como excitación sexual y “afrodisiomania” como excesiva (y por implicación, patológica) excitación sexual (Hinsie y Shatzky 1940: 44-5). (…)
¿Por qué no decir "amor" en lugar de "Afrodita"? Porque, quisiera enfatizarlo, “amor” es un concepto, “Afrodita” una imagen.
Los conceptos son generalizaciones abstractas, en contraste con las imágenes, que son particularizaciones concretas. Las imágenes son preferibles a los conceptos porque poseen cualidades bastante distintivas que les dotan de vitalidad. En este sentido, Jung declara que, a diferencia de los conceptos, "las imágenes son vida" (1955: 226). Afrodita puede ser la "diosa del amor", pero ella no es la diosa del amor en general. “No podemos”, dice Hillman, “colocar todo el amor en el altar de Afrodita” (1972: 66). Hay muchas variedades de amor, no sólo una. Afrodita es la diosa de una variedad específica de amor -en particular el amor sexual y sensual, que es impulsivo, incluso compulsivo. Por ejemplo, la variedad Afrodita del amor no es el amor "moral" de la fidelidad en el matrimonio. Esa es la variedad de amor Hera. (…)
Muchas personas modernas no son psicológicas en absoluto. Son estricta y exclusivamente mitológicas. Es decir, como la gente de los pueblos antiguos, todavía creen que los dioses existen, o al menos que Dios con “D” mayúscula existe, literalmente, en una dimensión sobrenatural -a pesar del hecho de que, como dice Harris, "no hay más evidencia para justificar una creencia en la existencia literal de Yahweh” que, por ejemplo, en la de “Zeus” (2004: 16). Giegerich dice que en la situación moderna ya no es factible que la gente tenga lo que él llama "experiencia verdaderamente mítica". Al contrario, muchas personas modernas tienen la misma experiencia del mito que los antiguos. Estas personas son "modernas" sólo en el sentido de que están en la situación moderna. No tienen conciencia moderna. Son personas "antiguas" en la situación moderna. Como la gente de los pueblos antiguos, tienen verdadera experiencia mítica. (…)
"Todas las deidades", dice William Blake, "residen en el pecho humano" (1976: 153) -o, como dice Jung, en la psique. Desde esta perspectiva, los dioses están mu***os, pero los “dioses” están bien vivos -o, diría yo, lo literal está mu**to, pero lo metafórico está bien vivo.
Como dice Hillman provocativamente, “Nada es literal; todo es metáfora”. (1975: 175).
Los "dioses" continúan "existiendo", como siempre lo han hecho, en la psique. (…)
Algunas personas en la situación moderna tienen una conciencia moderna. No tienen lo que Giegerich llama "verdadera experiencia mítica", pero, al igual que Jung, tienen experiencia psíquica del mito. (…)
Los junguianos estudian el mito para demostrar cómo las personas contemporáneas siguen viviendo el mito o, más precisamente, para demostrar cómo el mito sigue viviendo en (la psique de) la gente contemporánea. (…)
Wolfgang Giegerich, ha argumentado que, en esta etapa de la historia de la conciencia, el mito ya no tiene ninguna función psicológica. (…)
Para Jung y los junguianos, la función básica del mito es psicológica. (…)
Lo que es peligroso, incluso mortal, diría yo, no son los mitos, como tales, sino la incapacidad para la metáfora en relación con los mitos. (…)
La diferencia decisiva entre las personas con conciencia moderna -entre ellas, los junguianos- y las personas con conciencia antigua es la capacidad para la metáfora. (…)
La amplificación mitológica no es, por supuesto, el único método junguiano. La mitología no es absolutamente indispensable para la psicología junguiana. Un junguiano podría ser todavía un junguiano y no practicar la amplificación mitológica.”
(Michael Vannoy Adams, “Does myth (still) have a function in Jungian studies? Modernity, metaphor, and psycho-mythology”; en: Lucy Huskinson [edit.], Dreaming the myth onwards : new directions in Jungian therapy and thought)