01/05/2022
LA HISTORIA DE UN AMOR HECHO TANGO
GRICEL
Año 1935. José María Contursi, que por entonces estaba casado y tenía veinticuatro años, era locutor en radio Stentor. Un buen día irrumpieron en el estudio las hermanas Nelly y Gory Omar, amigas de Katunga, y una tercera persona que cautivó al poeta: Susana Gricel Viganó, de escasos quince años -advierta el lector que la grafía correcta es Gricel y no Griselda como suele deslizarse a menudo, quizá por una errónea pero difundida creencia de que dicho nombre deriva de УGriseldaФ-. Las chicas Omar conocían a Gricel de cuando ésta vivía con su familia en Guaminí, provincia de Buenos Aires. En aquel momento, estaba de paseo recién llegada de su lugar de residencia: Capilla del Monte, Córdoba, pueblo en el que la familia Viganó se había radicado buscando los famosos aires sanadores de las sierras, para beneficiar la salud de la señora Andersch, madre de Gricel. Ése fue el primer encuentro. De ese año data la primera foto con una respetuosa dedicatoria de José María a la joven Gricel que, por lo visto, había enamorado a primera vista al duque de la noche porteña, como alguna vez lo bautizaron.
Susana Gricel nació en Buenos Aires el 15 de abril de 1920. Ya domiciliada en Córdoba ocupaba sus días en el estudio del piano, sus tejidos y ayudando a su padre en una estación de servicio Texaco de su propiedad. Existe una foto fechada a fines de los años 30, donde puede verse a la hermosa y delicada Gricel con un surtidor en su mano, sirviendo combustible en el negocio familiar. Mientras tanto, la muchacha ganaba premios en concursos de belleza de la época.
Hacia 1938 José María Contursi, ese seductor caballero que Gricel había conocido en Capital y con el cual seguramente ya habría mantenido a lo largo de esos tres años alguna correspondencia que no hemos podido encontrar, llega a Capilla del Monte. La razón de la visita era, formalmente, aprovechar el aire terapéutico de las sierras que lo ayudaran a reponerse de su recientemente superada afección intestinal que casi lo lleva a la muerte. ¿Dónde se alojaba Contursi? En la casa-hostería Viganó del padre de Gricel. Podemos imaginar ese encuentro, esos paseos, ese amor que crecía al pie del cerro Uritorco.
Lo cierto es que Contursi debía retornar a Buenos Aires donde tenía su trabajo, su familia, su vida. La ternura y la belleza de esa mujercita y su carácter poco usual que le permitía alternar Chopin con el despacho de combustibles, había causado en el poeta una fascinación de la que jamás se libraría. Retornó a Capilla del Monte varias veces más, bajo el mismo pretexto de salud que escondía la única razón verdadera: el amor. La familia Viganó terminó aceptando esta relación del adulto letrista con la joven Gricel. , a Egidio, Maruca y Susana Viganó, con todo cariño reza una dedicatoria de una fotografía de José María fechada en enero de 1939.
Pero la realidad era más compleja. Sofocado por un amor incompatible con la vida que ya había construido en Buenos Aires, Contursi se aleja de Gricel en 1940.
Luego vinieron los desgarradores tangos de Katunga. A partir 1942, cuando Capilla del Monte sintonizaba la radio, se pudo oír un tango con música de Mariano Mores cuyo argumento era por muchos conocido: Gricel. Y hoy que vivo enloquecido/ porque no te olvidé/ ni te acuerdas de mí, Gricel . Gricel la leyenda comenzaba.
Los años pasaron. Gricel conoció a Juan Camba con quien tuvo una hija: Susana. Más tarde contrajo matrimonio y finalmente Camba las abandonó a ambas.
Recientemente se ha sabido de la existencia de cartas que indicarían que el romance entre Contursi y Gricel no se habría interrumpido, como se ha creído desde siempre; o por lo menos no de la forma absoluta y definitiva como se ha pensado. No hemos podido revisarlas.
Veintidós años después de la presunta despedida, llega a Capilla del Monte el célebre bandoneonista Ciriaco Ortiz. Cena con Gricel y la pone al tanto de la situación de su amigo. Contursi había enviudado de su amada esposa y madre de sus hijos, Alina Zárate, y desde hacía más de siete años se encontraba recluido en su casa, con la amarga compañía del humo, el alcohol y la depresión. Así fue como Gricel se dirigió a Buenos Aires junto a su hija decidida a encontrar a Katunga. El encuentro fue en la Confitería El Molino. Desde entonces construyeron una vida juntos, en permanentes viajes entre Buenos Aires y Córdoba. La historia se sellaría con el casamiento el dieciséis de agosto de 1967 en la Parroquia de San Antonio de Padua, Córdoba, según indica una foto de la partida de matrimonio que consta en el valioso trabajo que Rafael Flores Montenegro dedicó a la investigación de este romance. La Diócesis de Cruz del Eje celebró dicha unión siendo Gricel soltera a los fines eclesiásticos, pues su anterior matrimonio había sido formalizado en fuero civil solamente.
En ese tiempo, el matrimonio se mudó definitivamente a Capilla del Monte. Contursi escribe y otra vez Gricel donde le canta a su amor y al reencuentro: Otra vez/ tengo el celeste de tus ojos y tu piel/y son mis p***s que piden que te quedes/ que te quedes para siempre/ ¡Gricel Gricel!.
La salud física y mental de Contursi se encontraba ya muy deteriorada. Gricel cuidaba de él como si se tratara de un niño, con amor rotundo y una dedicación absoluta. Katunga dejó este mundo el 11 de marzo de 1972. Al día siguiente, un conocido matutino porteño tituló Ha fallecido un poeta popularФ según nos cuenta su hija Alicia, con orgullosa emoción.
Décadas más tarde, el 15 de junio de 1994, con setenta y cuatro años, fallecería de leucemia, Gricel.
Ésta es la historia que yace detrás de un tango que sedujo a generaciones enteras por su profundidad y belleza. La historia de una leyenda, pero antes que eso, de un amor entre un hombre poeta y una mujer verdadera que se llamó GRICEL.