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Tomado de la página Pío Montúfar 👍
Desde que ingresas a primer curso u octavo año como actualmente se le denomina, empiezas a escuchar que “tienes enemigos”. ¿Cómo es posible que una institución educativa tenga enemigos? Pues sí, en Quito y otras ciudades del Ecuador es posible, así como en otras partes de mundo. Pero, no nos alejemos del tema. En Quito, existe una “rivalidad colegial” entre dos grandes instituciones de la educación pública, colegios Montúfar y Mejía, hoy unidades educativas. En Guayaquil rivalizan el colegio Vicente Rocafuerte y Aguirre Abad, en Latacunga el Vicente León y el Ramón Barba Naranjo, etc.
La rivalidad entre adolescentes o conglomerados humanos no es nueva en nuestra ciudad, en Quito existían a principios del siglo XX las denominadas “guerras de guambras” que no era otra cosa, que el enfrentamiento entre adolescentes e incluso adultos de los tradicionales barrios quiteños, San Roque, San Diego, San Sebastián, El Panecillo, San Marcos, etc. Estas “guerras de guambras” eran alentadas por los adultos, por aquellos “líderes barriales” que pregonaban la superioridad de un barrio sobre otro.
Estas disputas “interbarriales” se trasladan pronto al campo político y religioso, liberales contra conservadores, comunistas contra capitalistas, católicos contra laicos, etc. A partir de ahora mi estimado lector, te invito a que dejes de lado el fanatismo, a que expandas tu mente a lo que la evidencia histórica revela, pero ten presente que “la verdad es relativa” y si es así, esta misma redacción que se te pretende mostrar tampoco es una verdad, quizá una opinión, o una descripción, por lo tanto está en tu reflexión y crítica la última palabra.
En los primeros años de la década de los cuarenta, el colegio Montúfar y Mejía, mantenían una estrecha relación de cordialidad y cortesía, acorde a los valores y cultura de la época. Visitas de cortesía, cócteles bailables, eventos académicos, deportivos y culturales solían unir a las dos instituciones con las parcialidades femeninas de los colegios 24 de mayo, Manuela Cañizares, Simón Bolívar, etc. ¿Estudiantes repetidores de año del Mejía, acudieron al Montúfar? No, los estudiantes al colegio Montúfar, ingresaban por pruebas de admisión y mediante un peculiar estudio socioeconómico impulsado por René Goetschel Thomas (Inspector General 1944 – 1950), el cual consistía en una entrevista a los padres de familia del aspirante para determinar sus condiciones socioeconómicas y además su “tendencia política”.
Te debe llamar la atención que durante los primeros años de vida, el colegio Montúfar, tiene un alto número de estudiantes o egresados que optaron por la rama militar (José Román Gallardo, Telmo Walter Ortega, Jorge Félix Mena, Germán Yépez, etc). Inspección General tenía predilección por aquellos aspirantes provenientes de familias con herencia militar o que habían demostrado interés en que sus hijos sean educados en un régimen disciplinario estricto y que no congeniaban con los ideales comunistas. El colegio Montúfar hasta 1964 funcionaba en un local estrecho, donde desde cualquier esquina podías observar a todo el estudiantado, por lo tanto, la disciplina para Vicente G. de la Puente, René Goetschel Thomas, Ramiro Andrade, Eduardo Ortega, Carlos Burbano, Virgilio Vallejo y Raúl Coronel era más manejable, en el colegio Montúfar se implantó la figura del “panóptico” convencional y de Michael Foucault.
El reglamento interno del colegio Montúfar entre 1942 y 1952, limitaba notablemente la discusión y agremiación política, aunque se la practicaba (generalmente en la tendencia de centro izquierda o centro derecha), esta no alcanzaba un desarrollo pleno y no tendía al adoctrinamiento, pero en cambio la disciplina era tan exigente, que se le llegaba a confundir con academia militar. Hacia 1952 la creación de la banda de guerra propaga aún más ese espíritu cívico y patriótico de los estudiantes, pero también consolida el denominado “espíritu de cuerpo”, la cohesión grupal y el sentido de pertenencia. Si has llegado a este punto, quizá pudiste leer “entre líneas” las diferencias que marcaban a las dos instituciones motivo de este artículo.
Ahora bien, los docentes juegan un rol vital, muchos de ellos laboraban en ambas instituciones, en el colegio Montalvo o en la Universidad Central, como Óscar Efrén Reyes, Alberto Viteri Durand, Juan Viteri Durand, Enrique Puertas, Gonzalo Rubio Orbe, Neptalí Zúñiga, Celso Torres, etc. Pero ya iban direccionándose hacia uno u otro establecimiento de su preferencia, esto fomentó rencores, distanciamientos e incluso malos entendidos. Con respecto a los estudiantes, todavía estos no llegaban a cimentar una rivalidad bien fundamentada, pero comienza a ser “cotidiano” encontrarse en etapas finales de competiciones académicas o deportivas, esto fomenta una competitividad que estalla en 1955 con un evento de notable crítica pública en el cual se enfrentan las dos parcialidades a puños y piedrazos en las calles de Quito. Sin embargo, no eran los únicos, se enfrentaban ya sea entre ellos o con sus pares del Militar Eloy Alfaro o Normal Juan Montalvo.
¿Confrontación entre autoridades? Existió una, que fue muy fuerte y polémica. Cuando Oswaldo Custode ingresa a rectorado del colegio Montúfar en 1956, se encuentra con la deplorable situación que atravesaba la sección nocturna. El presupuesto asignado era dos veces menor al que disponía la sección nocturna del colegio Mejía. Custode logra solucionar esta inequitativa asignación presupuestaria, considerando que ambas secciones disponían de unos 300 estudiantes. Esto genera dos comunicaciones entre Custode y Rafael Almeida (rector colegio Mejía) en las cuales, muy respetuosamente por supuesto, expresan sus desacuerdos ante esta situación.
Carlos Chiriboga y Oswaldo Custode, en calidad de rectores, logran consolidar los pilares con los cuales se cimentó la institución. Ambos logran agrupar a un profesorado de primer orden, la mayoría miembros de selectas familias quiteñas y son precursores de las actuales instalaciones del plantel. Con Custode, la simbología de la institución es finalmente establecida (escudo e himno), sin olvidar la construcción e inauguración de las actuales instalaciones, es aquí cuando la limitación física del primer local queda de lado, y el impulso en la ciencia, cultura y deporte, tiene una actividad sin precedentes. El “Montúfar” ya no es el colegio limitado físicamente y con 800 estudiantes, Ahora posee un terreno de once hectáreas y 1600 estudiantes. De cuatro secciones de primer curso, pasan a ser ocho, de hacer peticiones para la utilización de canchas en otras instituciones, pasa a usar las suyas propias. Pablo Salazar, Luis Calero, Enrique Peñaherrera, Celso Torres, Franklin Montahuano, Luis Cueva, Alfredo Rivera y otros conforman selecciones deportivas más que sobresalientes, las cuales no en una sino en varias ocasiones dominan a sus pares de colegios con mayor antigüedad.
¿Becas estudiantiles? sí, esta fue una motivación que generó discrepancias dentro de las instituciones educativas, por supuesto que dirigentes deportivos y entrenadores veían un mayor beneficio sobre todo para la conformación de las selecciones provinciales. Un ejemplo, Juan Araujo y Roberto Erazo (destacados atletas) cursaron hasta 3ero y 4to curso en el colegio Montúfar, pero fueron becados para el colegio Mejía. La razón era que el "Montúfar" no disponía de espacio ni condiciones para la práctica del atletismo, los entrenadores vieron en ellos capacidades para ser explotadas y fueron transferidos. Jorge Cruz del colegio Mejía fue becado por el colegio Montúfar para proseguir con su práctica de levantamiento de pesas, Enrique Suárez del "Montúfar" fue becado al "Montalvo" por ser figura dentro el voleibol, etc.
Algo que es destacable de mencionar, es también la competencia que surge con el Normal Juan Montalvo en voleibol y levantamiento de pesas, aunque en la mayoría de ocasiones esta no llega a resolverse de forma violenta. La preferencia educativa hacia los años setenta se polariza, así también como la lucha social, el “Montúfar” es el punto neurálgico de la protesta estudiantil en el sur de Quito, el “Mejía” lo es en el norte, dejando de lado a la Universidad Central, ya que se está hablando a nivel de educación secundaria. En 1978 ambos planteles son suspendidos por ser considerados “centros subversivos” durante la “Guerra de los Cuatro Reales”. Durante la década de los ochenta, la confrontación estudiantil gira alrededor de las participaciones de sus bandas de guerra, entiéndase que la banda de guerra se constituye como el referente marcial y una especie de “grupo élite”, “si atacas al grupo élite, atacas a un ícono”. La banda de guerra fomenta un “nacionalismo intramural”, entendamos a la comunidad educativa como una “microsociedad” que posee su propia iconografía, valores y cultura. Si existe el “Yo o Nosotros” existe el “Otro o Aquellos” y ese otro posee distinta iconografía, valores y cultura.
Ese nacionalismo intramural luego se expresa en la vida pública.
El desarrollo posterior de este fenómeno es un tanto conocido, peleas, acuerdos de paz que nunca llegan a hacerse realidad, finales de campeonatos suspendidas, desfiles suspendidos, etc. Hacia los años noventa, se suman a esta situación, colegios como el Amazonas, Dillon, Central Técnico, etc.
Pero, ¿de algo sirve esa “rivalidad”? En realidad, en determinado momento, fomento la competencia y el crecimiento como instituciones educativas, si se le quiere ver un lado “positivo”. Las consecuencias negativas fueron muchas, la sociedad empezó a tener dos visiones de estos dos planteles, referentes educativos pero también referentes del conflicto. Muchos coloridos desfiles, terminaron cuando una de estas dos instituciones transitaba, afrontaron suspensiones, separación en eventos, desunión a nivel de la lucha estudiantil, a pesar que en ocasiones mediante la unión estudiantil se lograron importantes logros en materia de derechos. Desde otra perspectiva, la desunión estudiantil, es conveniente para el Estado, “divide y vencerás” fomenta la disminución de la resistencia frente a poderes despóticos, autoritarios y corruptos.
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