Desde enero de 2007, en Ecuador empezó un cambio de época, en el que se ha ido construyendo un nuevo modelo económico y un nuevo proyecto de desarrollo humano incluyente. El Gobierno de la Revolución Ciudadana, presidido por el Economista Rafael Correa Delgado, tiene el objetivo de cambiar la estructura productiva del país, pasando de una economía esencialmente extractiva y dependiente de la exportación de las materias primas, a una economía basada en la diversificación de la producción, la economía del conocimiento, la biotecnología, entre otros. La nueva Constitución del Ecuador y el Plan Nacional para el Buen Vivir 2009 -2013, plantean nuevos retos económicos y sociales para alcanzar el “Buen Vivir” de las y los ecuatorianos. Se trata de un modelo de desarrollo que pone finalmente en el justo orden la disposición de las prioridades. Como múltiples veces lo ha afirmado el Presidente de la República, este Gobierno rechaza la visión de las personas al servicio de la economía y atribuye a la economía el papel de “instrumento” para la realización del bienestar real de los seres humanos, manteniendo la prioridad hacia los pobres, la inversión en educación, salud, la lucha contra las desigualdades y la creación de oportunidades para todos. El desarrollo humano, la superación de las inequidades, el compromiso de ir más allá del alcance de las metas del milenio, ha sido el objetivo de este Gobierno, aún antes de un buen desempeño de los principales indicadores macroeconómicos. El fracaso del neoliberalismo en América Latina ha sido evidente a lo largo de los años. El Consenso de Washington se ha revelado para el subcontinente como un camino de sangre, sudor y lágrimas, que ha llevado a las personas y a los países a sufrir grandes crisis económicas, inestabilidad financiera, pobreza, desigualdad, dependencia económica e injerencia política. Ecuador, en este camino, no se inserta en el panorama de la política latinoamericana como el pequeño país andino sumiso a las grandes potencias mundiales. A pesar de su economía dolarizada, que le ha privado de sus herramientas de políticas cambiarias y monetarias, ya no está más subordinado al Norte. Ecuador se presenta ahora, en cambio, como un país altivo y soberano, uno de los actores y propulsores significativos en la definición de la agenda y de la creación de las instituciones latinoamericanas que tienen puesto el punto de mira en solucionar los antiguos problemas de la dependencia, y está comprometido, por medio de la integración