04/08/2025
“CUANDO CUMPLIÓ 100 AÑOS… LEVANTÓ ALGO MÁS QUE PESAS”
Edith Murway-Traina siempre fue una mujer fuerte.
Pero no de esas que hacen ruido.
Su fuerza era otra. Una que crece en el silencio. Que se forja en la rutina. Que no busca aplausos… pero los merece todos.
Durante años enseñó baile a niñas pequeñas. Las preparaba para sus funciones con paciencia y ternura. Siempre sonriendo. Siempre de pie.
Pero un día, ya con más de 90 años, una amiga le dijo:
—Edith, ¿por qué no vienes al gimnasio conmigo?
Y Edith fue.
Solo a mirar.
Pero en ese lugar lleno de barras y discos metálicos, algo se despertó en ella.
Vio a otras mujeres —más jóvenes, más fuertes, más confiadas— levantando peso, superando sus límites.
Y pensó:
“¿Y si yo también…?”
Tenía 91 años cuando alzó su primera pesa.
Pequeña, modesta. Pero suya.
Y ese día no levantó solo hierro.
Levantó sus ganas.
Levantó su historia.
Cada semana volvía.
Y cada semana, su cuerpo temblaba menos.
Y su espíritu brillaba más.
Pasaron los años.
Y un día, entre trofeos y aplausos, alguien del equipo la inscribió en una competencia oficial.
Edith aceptó. No porque quisiera medallas. Sino porque había entendido algo que muchos olvidan:
Que el tiempo no es un límite.
Es una excusa.
A los 100 años, Edith Murway-Traina entró al libro Guinness como la competidora de halterofilia más longeva del mundo.
Pero eso no fue lo más importante.
Lo que realmente la hizo sonreír fue otra cosa.
La mirada de sus bisnietos.
Las cartas de mujeres que, inspiradas por ella, volvían a intentarlo.
La certeza de que aún quedaban días por escribir… y pesas por levantar.
Al final del día, cuando guardaba su equipo y se sentaba a descansar, decía en voz baja:
—No lo hago por demostrarle nada a nadie. Lo hago por mí. Porque cuando crees en ti… todo pesa menos.
“No cargaba kilos. Cargaba años… y los vencía uno a uno con cada levantamiento.”