13/05/2026
En los Andes, la religión popular es católica y animista. Las prácticas festivas adquieren el carácter de devocional y conmemoran, al mismo tiempo, a las divinidades cristianas y a las andinas. Así, la santísima cruz, adaptada en forma de chakana por muchas comunidades étnicas, recuerda el enlace entre el Dios cristiano, y sus múltiples advocaciones, con los espíritus animistas que pueblan la cosmovisión andina. Así, los mitos y ritos son barrocos, sincréticos y complejos. Están saturados de color, de poesía, de belleza. Un caos que guarda un orden y que desordena la vida cotidiana, para volverla a ordenar. La cruz, símbolo del cristianismo, se conecta entonces con la Pacha Mama, con los astros, con el sol, con las estrellas, con los árboles, con los pájaros. Y los celebrantes, trasmutados en vestimenta ritual, bailan sin cansancio en agradecimiento por otro ciclo renovado, por una vida que se aferra a la tradición y por habitar este planeta en comunión con los humanos y no humanos.
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