04/05/2016
AGREDIR DE UN PLUMAZO
Nuevamente lo mismo. El irrespeto a nombres y a hombres que dedicaron su vida a trabajar por la gente y con su intelecto colaboraron para que nuestra ciudad lleve con propiedad el apelativo de Atenas del Ecuador.
Naturalmente lo más sencillo es agredir a pocos, o a muchos, con el ya tan usado, mediocre, cobarde e insultante, “borrar de un plumazo” a lo que ha sido una costumbre, lo que es una tradición, o un mérito que le corresponde a alguien por el trabajo valioso que fue y es reconocido por todos.
Pero cuando de un PLUMAZO se nombran autoridades, apenas con los méritos suficientes para borrar temporalmente su anonimato, estas justificarán su “ascenso” con una disposición ordenada al paso a su secretaria, sabiendo, eso sí, que esta orden creará un desconcierto en gran parte de la población, y pondrá su nombre en las páginas de los periódicos, que servirá para acreditar pobremente su desértico currículo.
La indignación se repite, pues nuevamente junto al señor Gustavo Suconota ameritado ex director de la prestigiosa y numerosa escuela Hernán Cordero Crespo, sus respetables maestros y muchos padres de familia, recordamos que allá por el año 2013 tuvo que enmendarse por parte de las autoridades de la época, la inconsulta decisión de cambiar el nombre de la Escuela Hernán Cordero Crespo por el de Unidad Educativa Ecuador y permaneció con el nombre que le correspondía.
Entre los argumentos exhibidos, el personal de maestros de la escuela, demostró que las ciudades están en la obligación moral de reconocer el valor de los ciudadanos que rindieron su vida por ayudar a la ciudad, y una forma de hacerlo era perpetuar su nombre en la memoria de los ciudadanos, como ejemplo y guía, de lo que debemos hacer por nuestra amada tierra.
Soy el único hijo varón de Hernán Cordero, mis tres hermanos fallecieron, y considero como ineludible obligación prestar mi contingente junto a mis dos hermanas, al Lcdo. Suconota y los maestros de la Hernán Cordero, pues al no estar en Cuenca durante muchos años no pude, como era mi deber de amistad, estar a las órdenes de sus valiosos maestros, pero ante esta circunstancia de un nuevo atropello a esta querida institución y a la memoria y nombre de mi valioso y amado padre, espero que como un acto de justicia la autoridad que dispuso la eliminación de esta importante escuela, comprenda que no puede con una simple y desprevenida orden, dar por terminado años de trabajo de maestros, niños y padres de familia, a más de la costumbre del barrio y la ciudad de contar con la presencia de esta ponderada y amada escuela.
Quizá se imponga la justicia y el buen sentido y esta orden llegue a corregirse por considerarla inconsulta, y sólo otra forma de agredir nuestras costumbres y valores.
Por. BERNARDO CORDERO C.