03/04/2018
A propósito del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo
Por: Maritza López Custodio
La Organización de las Naciones Unidas ha decidido dedicar este año el Día Internacional del Autismo, a las mujeres y las niñas con discapacidad: “…es un colectivo que está doblemente discriminado en la sociedad, por género y por discapacidad y que, debido a esta estigmatización, se encuentran con barreras de todo tipo para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva, en especial las mujeres con discapacidades intelectuales, como el Autismo”.
También dice que habrá un debate sobre “sus derechos en relación con el matrimonio, la familia y la paternidad en igualdad de condiciones con los demás….”
En nuestro país, las necesidades del colectivo con Trastorno de Espectro Autista (TEA) son muy diferentes porque muy diferente es nuestra realidad socioeconómica lo cual influye definitivamente en las necesidades y condiciones de vida de todas las personas con discapacidad. A los 11 años quedan fuera de los programas terapéuticos que ofrece el estado y a los 18 años fuera de la oferta escolar, por supuesto sin graduarse de ninguno de los dos. Aquí comienza el calvario para los padres.
En primer lugar, más del 65 % de las personas afectadas por el Trastorno del Espectro del Autismo en nuestro país, hombres o mujeres, llegan a la vida adulta con necesidad de vivir bajo dependencia y supervisión de los padres. Ciertamente, su problema no es de matrimonio, formar familia o de paternidad.
En segundo lugar, el estado carece de respuestas ante las necesidades elementales de esas familias, cuya capacidad laboral y productiva disminuye grandemente a medida que el hijo crece y se hace adulto, las necesidades se vuelven más complejas y la sobrecarga emocional, social y económica se hace insostenible.
En consecuencia, en nuestro país, el colectivo en general de personas adultas con Trastorno del Espectro Autista, y no solo las mujeres, está enfrentando una grave y penosa situación de abandono social donde se vulneran sus derechos más elementales como es la protección a su salud física y mental. Estas personas necesitan que se les garantice el bienestar y calidad de vida en todas las etapas.
El debate debería ser implementar Programas Residenciales y/o Centros de Día para jóvenes y adultos con Autismo Severo y Discapacidad Intelectual en todas las provincias, con grupos limitados de usuarios para asegurar el acceso a los recursos, las mismas oportunidades y evitar la institucionalización.
La verdadera integración es permanente porque el Autismo le acompañará durante toda su vida.
La autora es Médico Psiquiatra y madre de un adulto con Autismo Severo.