09/03/2018
´´Rogad, pues, al Señor de la mies´´. Jesús les recordó a sus discípulos, para que envíen obreros a su mies (Mt. 9:37; Lc. 10:2).
Estas palabras casi tienen un tono de desesperación-una desesperación producida por la gran necesidad que tenía el mundo de tener obreros con ellos que se preocuparan por sus almas. No hay provecho en orar vagamente por el mundo. El mundo está perdido y cegado por el pecado. La única esperanza para el mundo es que los obreros vayan a ellos con el evangelio de salvación, y al ganarlos para el Salvador, no dejarlos, sino trabajar fiel y pacientemente con ellos hasta que lleguen a ser cristianos fructíferos dándole sabor al mundo a su alrededor con el amor del Redentor.
(Libro: Plan maestro de la evangelización, Robert E. Coleman)