13/08/2025
Si pudiera volver atrás y elegir de nuevo mi profesión, volvería a escoger lo mismo. Soy fiel creyente de que la formación es el motor que impulsa cambios profundos y sostenibles.
He tenido la oportunidad de vivirlo en diferentes etapas: desde el sistema educativo en sus diferentes niveles hasta el mundo corporativo. En todos esos entornos he comprobado algo: la verdadera transformación empieza cuando decidimos desarrollar a las personas.
Recuerdo que hace unos años, en una reunión con un alto funcionario recién designado, propuse un programa integral de formación ciudadana, desde la infancia hasta la vida adulta. Su respuesta fue que eso no era prioridad porque la realidad no iba a cambiar.
No les niego que salí con un sabor a desesperanza… pero también con la certeza de que el tiempo, tarde o temprano, daría la razón a la formación. Menos de dos años después, esa misma institución lanzó un programa de educación ciudadana.
En el ámbito corporativo pasa algo similar: queremos equipos capacitados, pero muchas veces no planificamos su desarrollo. Delegamos esa responsabilidad a gestión humana, como si esto no formara parte de nuestra labor de liderazgo.
La capacitación no es un gasto ni un requisito administrativo. Es una inversión estratégica que define el futuro de las organizaciones. Y empieza con líderes que se involucran, impulsan y creen en ella.
Aunque, desde mi perspectiva, la verdadera pregunta no es si capacitamos o no, sino, como líderes: ¿qué tan bien estamos eligiendo esas capacitaciones? ¿estamos dedicando el tiempo suficiente para entender las necesidades reales de nuestro equipo y de la organización?
No olvidemos que una formación bien alineada no solo desarrolla competencias… también construye cultura, compromiso y propósito compartido.