30/03/2026
APMAE Politécnico Prof. Ysabel Rosalba Torrez Rodríguez
Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de APMAE Politécnico Prof. Ysabel Rosalba Torrez Rodríguez, Sitio web de educación, La Barranquita UASD, Santiago.
30/03/2026
03/03/2026
El Politécnico Prof. Ysabel Rosalba Torrez Rodríguez, del Distrito Educativo 08-05 Santiago Centro Oeste, celebró este martes 03 de marzo de 2026 el Día de la Asociación de Padres, Madres y Amigos de la Escuela (APMAE).
En un ambiente de confraternidad, compartimos junto a la Dirección, el Equipo de Gestión, docentes y estudiantes, disfrutando de un delicioso cerdo asado como símbolo de unidad y celebración.
En esta significativa actividad también contamos con la distinguida presencia del Director del Distrito Educativo 08-05, Lic. Roberto Rosario, quien acompañó a la comunidad educativa en esta importante celebración, respaldando el trabajo y la labor que realiza la APMAE en favor del centro.
Esta actividad demuestra que la APMAE es parte integral de nuestro centro educativo y que toda la comunidad educativa se siente orgullosa de ella. Cuando escuela y familia caminan juntas, fortalecemos la educación y construimos un mejor futuro para nuestros estudiantes.
¡Felicidades a cada padre, madre y tutor que forma parte de nuestra APMAE!
16/02/2026
Ser presidente de una APMAE no es un título decorativo.
Es una responsabilidad moral.
Es estar de pie cuando otros se sientan.
Es hablar cuando otros prefieren callar.
Hoy más que nunca, debemos recordar los 5 fundamentos esenciales que sostienen una comunidad educativa sana:
1. Participación
Una escuela no se construye desde una oficina cerrada.
Se construye con voces, con presencia, con diálogo.
Pero no existe participación real si se pide a los padres que solo escuchen y no opinen.
Participar no es únicamente estar informado: es tener derecho a involucrarse.
2. Transparencia
La transparencia no es un lujo, es un deber.
Ocultar información válida no protege a la escuela… la debilita.
Porque lo que se oculta se convierte en rumores, desconfianza y división.
Un presidente de APMAE debe preguntarse:
Si esto es correcto, ¿por qué esconderlo?
Y si no es correcto, ¿por qué permitirlo?
3. Responsabilidad
La APMAE no está para buscar culpables, sino soluciones.
Pero ser responsable también significa enfrentar la realidad, aunque incomode.
La responsabilidad no es silencio: es acción.
4. Convivencia y respeto
La convivencia no se logra evitando los temas difíciles, sino tratándolos con madurez.
Respetar no es callar por miedo.
Respetar es hablar con firmeza y educación cuando algo afecta a los estudiantes.
5. Compromiso con el bienestar estudiantil
Este es el fundamento mayor.
Todo lo que se hace en una APMAE debe responder a una sola pregunta:
¿Esto beneficia a los estudiantes?
Si la respuesta es sí, entonces no debe ocultarse.
Porque lo válido no se esconde.
Lo justo se defiende.
08/02/2026
Sábado 7 de febrero de 2026
El pasado sábado 7 de febrero de 2026, el Director Leonardo Díaz M.A. del Politécnico Prof. Ysabel Rosalba Torres Rodríguez sostuvo una importante reunión con la Directiva de la APMAE y representantes de los comités de curso, con el propósito de abordar diversos temas de interés relacionados con el fortalecimiento institucional, la convivencia escolar y la participación de las familias en los procesos educativos.
Durante el encuentro se trataron varios puntos fundamentales, destacándose en primer lugar la importancia del rol que desempeñan las APMAE en las escuelas, como organismos esenciales para el acompañamiento de la gestión educativa, la participación comunitaria y el apoyo directo a las necesidades del centro y de los estudiantes.
Asimismo, se presentó un nuevo estilo de abrigo institucional, diseñado con una calidad superior y mayor protección contra el frío, como parte de las iniciativas orientadas a mejorar el bienestar y la presentación del estudiantado dentro del marco de la identidad institucional.
Otro tema relevante abordado fue la necesidad de una supervisión más activa por parte de la APMAE en el almuerzo escolar, reafirmando el compromiso de velar por la calidad de los alimentos servidos y garantizar condiciones adecuadas para la nutrición de los estudiantes.
De igual manera, se discutió el comportamiento de los estudiantes en relación con la infraestructura del plantel, haciendo énfasis en el cuidado de los espacios físicos, el respeto a los bienes del centro y la responsabilidad compartida en el mantenimiento de un ambiente escolar digno.
También se abordó con preocupación el tema del uso de vaper entre estudiantes, reconociendo la importancia de fortalecer la orientación, la prevención y las medidas necesarias para enfrentar esta situación que afecta la salud y la disciplina escolar.
Finalmente, se trató el proceso de enmienda dentro de la APMAE, específicamente la sustitución de la tesorera, como parte de la reorganización interna necesaria para asegurar la continuidad y transparencia en la gestión administrativa de la asociación.
La reunión concluyó con un ambiente de diálogo y compromiso, reafirmando la disposición tanto de la dirección del centro como de la APMAE y los comités de curso de continuar trabajando unidos por el bienestar, la seguridad y la formación integral de todos los estudiantes.
03/02/2026
En nuestro centro educativo se sirve un menú que, en teoría, cumple con los componentes básicos de una alimentación escolar: pastas con albóndigas de cerdo en salsa de tomate, ensalada de zanahoria y maíz, y una porción de fruta como postre. Sobre el papel, podría parecer una comida aceptable. Sin embargo, la realidad dentro del comedor cuenta otra historia.
La prueba más clara y contundente es visible para cualquiera que quiera verla: cubetas llenas de pasta terminan en el zafacón. No se trata de casos aislados ni de uno o dos estudiantes, sino de una conducta repetida y generalizada. Los estudiantes no consumen el alimento que se les sirve.
Y aquí surge una verdad incómoda pero necesaria:
un alimento que no se come, no alimenta.
Cuando los estudiantes rechazan la comida, no solo se pierde el valor nutricional que supuestamente aporta el menú, sino que también se produce un desperdicio significativo de alimentos y recursos públicos, recursos que existen precisamente para garantizar que nuestros niños y niñas puedan aprender con el estómago lleno.
Más grave aún, muchos estudiantes regresan al aula sin haber almorzado, con hambre, cansancio y baja concentración. Esto impacta directamente en su rendimiento académico, en su comportamiento y en su bienestar general. El objetivo del Programa de Alimentación Escolar no es llenar platos, sino nutrir cuerpos y mentes.
Las razones del rechazo pueden ser varias: sabor poco atractivo, textura inadecuada de la pasta, exceso de grasa del cerdo o combinaciones que no resultan agradables para niños y adolescentes.
Sea cual sea la causa, la evidencia es clara y está ahí, a la vista de todos.
Como comunidad educativa, y especialmente como padres, madres y tutores organizados, no podemos normalizar esta situación. Guardar silencio ante el desperdicio y el hambre no es una opción responsable. Señalar estas realidades no es criticar por criticar; es cumplir con nuestro deber de velar por el bienestar de los estudiantes.
Reflexionar sobre esto nos obliga a entender que mejorar la alimentación escolar no es un lujo, es una necesidad. Escuchar a los estudiantes, ajustar los menús y garantizar comidas balanceadas, apetecibles y saludables es el camino correcto.
Porque al final, la verdadera calidad de un almuerzo escolar no se mide por lo que se sirve, sino por lo que realmente se come.
31/01/2026
Mientras países considerados desarrollados como Australia, Francia, Reino Unido, Alemania, Noruega y varias naciones de la Unión Europea están limitando y regulando el uso de redes sociales y dispositivos digitales en menores, preocupados por la salud mental, la concentración y la seguridad de sus niños, nosotros vamos en sentido contrario.
Allá se debate cómo proteger la infancia reduciendo pantallas; aquí se exige que los estudiantes lleven dispositivos a las escuelas, muchas veces sin control, sin supervisión y sin una estrategia educativa clara.
No se trata de rechazar la tecnología, sino de preguntarnos con honestidad:
👉 ¿Estamos pensando en el bienestar de nuestros hijos o en nuestra comodidad como adultos?
Si los países con más recursos, investigaciones y sistemas educativos avanzados están poniendo frenos, tal vez no sea atraso…
tal vez sea responsabilidad.
Nuestros niños no necesitan más pantallas en la escuela,
necesitan atención, guía, límites y acompañamiento.
24/01/2026
En un centro educativo, los padres y madres somos como un árbol.
Algunos son raíces: no siempre se ven, no siempre hablan, pero sostienen. Están ahí cuando nadie los aplaude, cuando el problema es profundo, cuando hay que aguantar sequías y tormentas. Las raíces no buscan protagonismo, buscan estabilidad. Sin ellas, todo se cae.
Otros son el tronco y las ramas: se notan, dan estructura, conectan a las raíces con las hojas. Son los que asumen responsabilidades, los que dan la cara, los que cargan el peso del sol y de la lluvia. A veces se quiebran un poco, pero siguen firmes porque saben que de ellos depende el crecimiento.
Y están también las hojas: visibles, ruidosas, sensibles al viento. Las hojas reciben la luz, pero también son las primeras en quejarse cuando el clima cambia. Algunas creen que el árbol existe solo para ellas, sin entender que si se rompen las ramas o se secan las raíces, no habrá sombra ni frutos.
Un centro educativo no se sostiene solo con hojas.
Necesita raíces comprometidas, ramas responsables y hojas conscientes de que forman parte de algo más grande.
Cuando los padres y madres entienden que no están en la escuela solo por su hijo, sino por todos los hijos, el árbol florece.
Cuando solo se piensa en lo individual, el árbol se debilita.
La educación no crece del ruido, crece del compromiso.
Y un árbol fuerte no se construye mirando al viento, sino cuidando sus raíces.
El Centro Educativo Villa Progreso La Herradura vuelve a ser noticia, pero no por logros académicos ni por avances en favor de sus estudiantes. Esta vez, el titular duele: un centro educativo vulnerable, sin verja perimetral, fue víctima de desaprensivos que irrumpieron y destruyeron todo a su paso.
No se trata de un hecho aislado ni de una casualidad. Es la consecuencia directa de la indiferencia prolongada. Una escuela sin verja es una escuela expuesta. Es una invitación abierta al vandalismo, al robo, al irrespeto por un espacio que debería ser sagrado: el lugar donde se forman niñas, niños y adolescentes.
Mientras desde los discursos se habla de calidad educativa, en la realidad cotidiana hay centros que ni siquiera cuentan con lo más básico para garantizar seguridad. ¿Cómo exigir disciplina, valores y sentido de pertenencia a los estudiantes, si el propio sistema permite que su escuela sea violentada sin consecuencias visibles? ¿Cómo pedir a los docentes compromiso, cuando cada lunes pueden encontrarse con aulas destrozadas y materiales dañados?
Lo ocurrido esta semana en Villa Progreso La Herradura no solo dejó daños materiales; dejó un mensaje peligroso: que la escuela está sola. Y cuando una escuela queda sola, pierde toda la comunidad. Pierden los estudiantes, que ven su espacio de aprendizaje convertido en ruinas. Pierden los padres y madres, que confían a diario lo más valioso que tienen. Pierde el país, que sigue normalizando la precariedad.
La educación no se protege con palabras ni con promesas. Se protege con acciones concretas. Una verja perimetral no es un lujo: es una necesidad urgente. Es seguridad, es orden, es respeto. Cada día que pasa sin resolver esta situación es un día más en que se pone en riesgo el futuro de quienes asisten a ese centro.
Hoy no basta con lamentar lo sucedido. Es tiempo de levantar la voz, de exigir respuestas y de recordar que una escuela abandonada es el reflejo de una sociedad que ha decidido mirar hacia otro lado. Villa Progreso La Herradura merece más. Sus estudiantes merecen más. Y el silencio, en este caso, también es una forma de destrucción.
23/01/2026
Duele…
Duele ver cómo algunos padres y madres se molestan cuando se les convoca a una reunión escolar, sin detenerse a pensar que esa silla vacía no es solo una ausencia física, sino una oportunidad perdida para defender a sus propios hijos. Duele porque mientras unos se quejan, otros oran en silencio para que algún día se les invite a decidir, a cambiar, a levantar la voz por lo que es justo.
Cada reunión no es un capricho, es un llamado.
Un llamado a proteger, a construir, a no conformarse. Es el eco de niños y niñas que aún no saben reclamar sus derechos, pero que confían —aunque no lo digan— en que sus padres estarán ahí por ellos.
Cuando un padre se opone a las reivindicaciones, no le está cerrando la puerta a la escuela… se la está cerrando al futuro de su propio hijo. Porque las mejoras no nacen de la comodidad, nacen del compromiso; no del silencio, sino de la valentía de sentarse, escuchar y decidir.
Ojalá quienes hoy se incomodan, mañana sientan en el pecho el peso de esa indiferencia.
No como castigo, sino como conciencia.
Porque llegará el día en que esos hijos pregunten:
“¿Dónde estabas cuando hacía falta que hablaras por mí?”
Y entonces, ojalá no haya lágrimas tardías, sino la satisfacción de haber estado presentes cuando más importaba.
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