01/09/2026
CONVIVIR PARA APRENDER: EL CLIMA ESCOLAR COMO BASE DEL DESARROLLO INTEGRAL
Cada mañana de mi primer grado comenzaba con un gesto que parecía simple, pero que marcó mi vida para siempre: mi maestra me esperaba en la puerta, me regalaba una sonrisa sincera y me decía con entusiasmo: “Buenos días, Rosa escritora”. En ese ambiente donde me sentía aceptada, valorada y respetada aun viviendo con déficit de atención aprendí a leer y escribir sintiéndome capaz. Esa convivencia diaria, cálida y humana, sembró en mí seguridad, confianza y el deseo de aprender. Mi condición nunca fue vista como un obstáculo, porque dentro del aula se respiraba comprensión y respeto por las diferencias. Mi maestra supo crear un espacio donde convivir significaba apoyarnos, animarnos y reconocer nuestras capacidades. Así, escribir dejó de ser una simple tarea escolar para convertirse en una forma de expresarme, luego en una fortaleza, y finalmente en una pasión que hoy forma parte de mi identidad profesional. Está demostrado que el clima escolar influye profundamente en los aprendizajes. Cuando la convivencia es positiva, el estudiante se siente emocionalmente seguro, se motiva y logra aprendizajes significativos. Un entorno donde se fomenta el respeto, la colaboración y la valoración individual no solo mejora el rendimiento académico, sino que también fortalece el desarrollo integral de la persona. Mi historia es prueba viva de cómo un clima escolar sano puede transformar trayectorias de vida. Podría compartir estadísticas y estudios sobre la importancia del clima escolar, pero prefiero resaltar el poder de una experiencia real. Una maestra de primer grado, a través de gestos cotidianos de afecto y confianza, construyó el espacio donde crecí como estudiante y como ser humano. Gracias, maestra, por hacer de tu aula el lugar más hermoso de mi infancia y por demostrarme que convivir para aprender es también aprender a creer en uno mismo.
Rosa Divina Oviedo Solano, M.A.
Consultora de UNICEF