18/08/2026
"Abreviemos esto, Coronel. Soy abogado y como tal, conozco las leyes y sé la pena que me corresponde;
pero no por eso crean ustedes que triunfan, pues la Isla está perdida para España.
El derramamiento de sangre que hacen ustedes es inútil, y ya es la hora de que conozcan su error.
Con mi muerte nada se pierde, pues estoy seguro de que a esta fecha mi puesto estará ocupado por otra persona de más capacidad;
y si siento mi muerte es tan sólo por no poder g***r con mis hermanos la gloriosa obra de la redención que había imaginado y que se encuentra ya en sus comienzos."
Así contestó el Mayor General Pedro Figueredo Cisneros "Perucho" a la primera pregunta del Consejo de Guerra que lo juzgaba, presidido por el Coronel Francisco Fernández Torrero.
No respondió al resto de las preguntas, según consignó el periódico independentista El Demócrata, editado en Nueva York, número del 1 de septiembre de 1870, refiriendo a un testigo presencial del hecho.
Perucho había sido capturado en la finca Santa Rosa , Las Tunas, donde convalecía de fiebre tifoidea.
Delata su ubicación y sirve de guia a los españoles el viejo soldado Luis Tamayo, a quien Isabel, la desesperada esposa de Perucho había pedido ayuda.
El 12 de agosto de 1870 los españoles rodean y entran a Santa Rosa , que carecía de defensas, y hacen prisioneros a su mujer Isabel, y sus hijos Eulalia, Blanca, Elisa, Isabel, Piedad, Pedrito, y María Esther.
Perucho ordena al resto que escape y lo dejen solo.
Sus pies ulcerados apenas le permitían caminar, y casi sin alimentos y careciendo de medicamentos, su salud estaba extremadamente deteriorada.
Su hijo Gustavo, junto a Carlos Manuel y Ricardo de Céspedes (hijos de Carlos Manuel de Céspedes) lo cargan y esconden en el bosque, pero las mermadas fuerzas del fugitivo no le alcanzan para alejarse y los españoles le dan alcance.
Se defendió a tiros con su revólver, y agotadas las municiones intentó suicidarse con su espada.
Pero estaba muy débil y no lo logró: los españoles se abalanzaron sobre él, y lo redujeron .
En Santiago de Cuba, Pedro Figueredo, fue condenado a muerte por delito de infidencia.
Cuando un enviado del Conde de Valmaseda le propone el perdón a cambio de dejar las armas, la respuesta de Figueredo muestra su entereza:
“Diga usted al Conde que hay proposiciones que no se hacen sino personalmente, para personalmente escuchar la contestación:
que yo estoy en capilla y espero que no se me moleste en los últimos momentos que me quedan de vida”.
Rechazada la oportunidad de salvar la vida a cambio de la traición a la Patria, , Figueredo escribió su testamento y una carta a su esposa encareciéndole se cuidara para conservar a sus hijos:
"(....) Hoy se ha celebrado el Consejo de Guerra para juzgarme y como el resultado no puede ser dudoso, me apresuro a escribirte para aconsejarte la mayor y más cristiana resignación: vive para todos nuestros hijos"
Al ver que como ya no podía ni caminar, para conducirlo a la ejecución, en lugar de un coche, para humillarle le trajeron un a**o, serenamente comentó que no sería el primer redentor que utilizara semejante cabalgadura.
La sentencia de fusilamiento se cumplió el 17 de agosto de 1870, pero en Perucho se hizo realidad la letra de nuestro himno nacional por él compuesto: "¡...Morir por la Patria es vivir!"
En
📸 Mausoleo de Perucho Figueredo en el Cementerio Santa Ifigenia.