06/05/2026
A la edad de 7 años, Domingo Savio, prometió “Antes morir que pecar”, un reto solo para valientes.
El 8 de abril de 1849 hace su primera comunión en la parroquia de Castelnuovo. Arrodillado al pie del altar, con las manos juntas, pronunció los propósitos que venía preparando desde hace tiempo y que quedaron escritos en su devocionario.
“No pecar” no es un propósito idealista, infantil o puritano del siglo pasado (claro, habrá alguno que así lo viva) pero en realidad, es fruto maduro del amor de Dios y del deseo verdadero de vivir en gracia. Como el atleta que se compromete con su propósito y no se permite excesos en la alimentación y cumple su programa de entrenamiento, sabiendo que cada acción o renuncia lo acercan más a la medalla.
Ama, ama como Jesús nos pide amar y “no pecar” vendrá por añadidura. Nadie que, ame tanto a Dios, puede defraudarlo.
“Antes morir que pecar”, refleja un deseo bien definido de pertenecer de Dios y el rechazo definitivo a las seducciones del mal. La santidad no es fácil, pero es la invitación que Jesús ha hecho a la humanidad, entonces es posible, “sed santos como vuestro Padre Dios es santo”, …solamente es posible con la ayuda de Dios.
La santidad es como la felicidad, no es un logro sino una búsqueda constante, que finalmente se convierte en gracia por la misericordia de Dios. Ahora diremos, la santidad es posible y es urgente que lo entendamos. No es una decisión que se toma al final de la vida, sino es una decisión de vida, que define nuestra vida.
Santo Domingo Savio, arcilla que modeló san Juan Bosco, el Maestro de La Juventud.