12/11/2023
Desde el TRONO de DIOS
Leer el Evangelio de Mateo 10:16-23
«Seréis odiados de todos por causa de mi nombre»
El Evangelio remarca las dificultades y las contradicciones que el cristiano habrá de sufrir por causa de Cristo y de su Evangelio, y como deberá resistir y perseverar hasta el final. Jesús nos prometió: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20); pero no ha prometido a los suyos un camino fácil, todo lo contrario, les dijo: «Seréis odiados de todos por causa de mi nombre» (Mateo 10:22).
La Iglesia y el mundo son dos realidades de “difícil” convivencia. El mundo, que la Iglesia ha de convertir a Jesucristo, no es una realidad neutra, como si fuera cera virgen que sólo espera el sello que le dé forma. Esto habría sido así solamente si no hubiese habido una historia de pecado entre la creación del hombre y su redención. El mundo, como estructura apartada de DIOS, obedece a otro señor, que el Evangelio de Juan denomina como “el dios de este mundo” (2⁰ Corintios 4:4), el enemigo del alma, al cual el cristiano ha hecho juramento —en el día de su conversión — de desobediencia, de plantarle cara, para pertenecer sólo al Señor Jesucristo.
Pero el convertido continúa viviendo en este mundo y no en otro, no renuncia a la ciudadanía de este mundo ni le niega su honesta aportación para sostenerlo y para mejorarlo; los deberes de ciudadanía cívica son también deberes cristianos; pagar los impuestos es un deber de justicia para el cristiano. Jesús dijo que sus seguidores estamos en el mundo, pero no somos del mundo (Juan 17:14-15). No pertenecemos al mundo incondicionalmente, sólo pertenecemos del todo a Jesucristo y a la patria espiritual, que está aquí en la tierra y que traspasa la barrera del espacio y del tiempo para desembarcarnos en la patria definitiva del cielo.
Esta doble ciudadanía choca indefectiblemente con las fuerzas del pecado y del dominio que mueven los mecanismos mundanos. Repasando la historia de la Iglesia, Newman decía que «la persecución es la marca de la Iglesia y quizá la más duradera de todas».
«El atleta no gana cuando se despoja de la ropa, pues deja los vestidos para comenzar a luchar. Sólo recibe la corona de vencedor después de haber combatido como se debe» (Paulino de Nola, 354-431 d.C.)
Jesús nos dice: ‘Yo os mando como ovejas en medio de lobos’. El cristiano, más bien, deberá ser prudente, a veces incluso astuto: estas son las virtudes aceptadas por la lógica evangélica. Pero la violencia nunca
No os preocupéis de lo qué vais a decir o cómo lo diréis
Sigue Jesús enseñando a sus discípulos y no pone ante ellos un panorama halagador. Anuncia que se van a encontrar como ovejas entre lobos, y este anuncio sigue vigente entre nosotros ahora y en el futuro.
Los seguidores de Jesús tenemos un riesgo seguro: predicamos el Evangelio, y esto no está de moda. Nunca ha sido universalmente entendido y el mensaje en él contenido, aceptado. La Iglesia nacida a raíz de Pentecostés ha sido, y sigue siendo, el blanco preferido por parte del mundo y las persecuciones se suceden sin descanso. Antes de Constantino las persecuciones eran una constante. Cuando Constantino publica su edicto de tolerancia y hace del cristianismo la religión del Imperio Romano, pareció llegar la paz a los seguidores de Cristo, pero pronto el resultado fue una Iglesia domesticada; una Iglesia que, en seguida y sin descanso, se amoldo a los usos y costumbres de los poderosos, adoptando unas formas de hacer, más próximas a un feudalismo puro y duro, y cada día más alejada de la sencillez de Cristo y alejada de su mensaje de amor y servicio.
La fortaleza de la Iglesia de los mártires se transformó en otra muy diferente en la que la actitud de servir cambió y se hizo dominadora. La sencillez de los primeros obispos, se transformó en poder, incluso con ejércitos propios, y el clero, con honrosas excepciones, pasó de dominado a dominador.
Y a pesar de todas las torpezas que los humanos vamos cometiendo, la Iglesia sigue viviendo, crece, o decrece al ritmo de los tiempos, pero se mantiene viva.
Ciertamente hemos olvidado que Cristo nos dijo que no nos ocupáramos por lo que tendríamos qué decir o cómo lo diríamos. El Espíritu Santo hablaría por nosotros, pero esto lo olvidamos y nos dedicamos a construir discursos eruditos, no se sabe si para defendernos o para atacar al contrario. Nos hemos hecho odiosos no por el nombre de Jesús, sino por el mal uso que de Él hacemos.
La historia sigue caminando y el aviso que Jesús nos da de que seremos odiados a causa de su nombre, se sigue produciendo. Hay cristianos encarcelados por el simple hecho de ser cristianos. Hay cristianos martirizados a lo largo y ancho del mundo solo por ser seguidores de Jesús. Nuestros templos son profanados en nombre de una pretendida “libertad de expresión” que no tiene nada de libre. Y nosotros seguimos adelante, alegres, trabajando por el Reino y sabiendo que el Señor, al final, nos protege y nos salva. La Iglesia seguirá siempre viva.
Conclusión
Ante la lectura de este pasaje, podríamos preguntarnos: ¿Por qué habrían de perseguir a los seguidores de Jesús? ¿Por qué me han de perseguir a mí? La respuesta la da Jesús Juan 15:20: "Si a mí me persiguieron, a ustedes también los perseguirán". Esta persecución es debida a que la vida cristiana, muchas veces se opone radicalmente a los intereses egoístas del mundo.
Por eso, cuando una persona verdaderamente se convierte en un "discípulo" de Jesús, dado que sus criterios y valores se regulan por el Evangelio y su vida es dirigida por el Espíritu Santo, los amigos, a los que les gusta mantener conversaciones obscenas o irreligiosas, frecuentar lugares inconvenientes o realizar acciones contrarias a la moral y principios cristianos, comenzarán a rechazarlos, a no invitarlos y a excluirlos del grupo de "amigos". Lo mismo si el cristiano hace manifiesto su "discipulado" en la oficina, viviendo las normas de la justicia, muchas veces no encontrará apoyo en sus compañeros, e incluso, si llega a oponerse radicalmente a la injusticia, puede hasta perder el puesto.
Efectivamente, la vida cristiana no siempre es fácil, pero es la única vida que proporciona al hombre la verdadera paz y la alegría interior que no tienen fin. Hoy, más que nunca, Jesús necesita de hombres y mujeres fieles al Evangelio que sean capaces de testificar ante los demás su amor por Él. No tengas miedo, Él nos ha ofrecido que estará con nosotros y que, en ese momento, seremos asistidos por la fuerza y el poder del Espíritu Santo.
«Yo os envío como ovejas en medio de lobos» (Mateo 10:16). No nos pide que sepamos afrontar a los lobos, es decir, que seamos capaces de argumentar, contraatacar y defendernos: no. Nosotros pensaríamos así: llegamos a ser relevantes, numerosos, prestigiosos y el mundo nos escuchará y nos respetará y ganaremos a los lobos: no, no es así. No, "os mando como ovejas, como corderos", esto es lo importante. Si tú no quieres ser oveja, el Señor no te defenderá de los lobos. Arréglatelas como puedas. Pero si tú eres oveja, está seguro que el Señor te defenderá de los lobos. Ser humildes. Nos pide que seamos así, mansos y con las ganas de ser inocentes, estar dispuestos al sacrificio y Él, el Pastor, reconocerá a sus corderos y les protegerá de los lobos. En cambio, los corderos disfrazados de lobos son desenmascarados y devorados.
Escribía un Padre de la Iglesia: «Porque mientras somos ovejas, vencemos; aun cuando nos rodeen por todas partes manadas de lobos, los superamos y dominamos. Pero si nos hacemos lobos, quedamos derrotados, pues nos falta al punto mismo la ayuda del pastor. Como quiera que Él apacienta ovejas y no lobos» (Juan Crisóstomo, Homilía 33 sobre el Evangelio de Mateo)
S.I. Roger D. Saballos How
Lucas 17:10