23/04/2016
Abrazando las diferencias en la educación o perdiéndonos en ella
Después de un viaje de exploración de métodos alternativos de educación, donde pude observar a niños en escuelas públicas y privadas, aprendiendo según sus intereses y a su ritmo; con un currículum personalizado que le permitía a cada niño cuestionar, investigar, y proponer; pude entender la necesidad de una educación personalizada para alcanzar el potencial de cada niño.
Ahora no puedo evitar cuestionarme, si los niños son tan diferentes unos de otros, y estas diferencias son las que los hacen únicos y las que enriquecen sus experiencias, por qué tendemos a igualar? Por qué en el sistema educativo igualamos su aprendizaje?
Pienso en mis hijos, en como sus diferencias lo hacen todo más interesante, en su potencial aún por descubrir, en todas sus preguntas diarias que terminan en teorias y proyectos; en sus ritmos de aprendizaje, y sus intereses individuales tan cambiantes, y me pregunto: ¿qué pasaría si tuvieran que aprender lo mismo que los demás? ¿Qué pasaría con su individualidad si su aprendizaje fuera dictado por los temas de un curriculum? ? ¿Si no tuvieran el tiempo de desarrollar sus propias habilidades, sus gustos, su ritmo?
Posiblemente, lo que pasaría es que al llegar a la edad en que la expectativa es que escojan una carrera en la universidad o un camino en la vida, no sean capaces de tomar una decisión acertada y se sientan perdidos por falta de auto conocimiento. No es coincidencia, que después de 14 años en la escuela, aprendiendo lo que otra persona enseña, haciendo lo que otros nos piden, y pensando en lo que se nos pide pensar; perdamos nuestra esencia en el camino, porque no tuvimos el tiempo de explorar nuestros intereses personales, ni nuestras pasiones.
Qué sentido tiene cumplir el mejor programa académico, si al hacerlo estamos sacrificando la esencia de cada niño. Después nos preguntamos, por qué nos falta pasión e interés en la vida, por qué pasamos de trabajo en trabajo tratando de encontrar algo que le dé sentido a nuestras vidas, ¿en qué momento nos perdimos? Puede ser que la respuesta esté en lo sucedido durante esos 14 años.
Si tuviéramos la oportunidad de pasar la niñez como debe ser, conociéndonos, desarrollando habilidades para nuestra propia vida, y dándole sentido y valor personal al aprendizaje; habrían menos jóvenes tratando de encontrarse a ellos mismos y menos adultos tratando de darle sentido a sus vidas.
Vale la pena devolverle el control a los niños de su educación, en lugar de sacrificar su niñez en el nombre de la educación.
Espero muy pronto poder contribuir a la educación, una educación que abraza las diferencias.