PERCEPCION DEL DISEÑO SOCIAL EN ARQUITECTURA
Hace algunos años el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe concebía a la arquitectura como el propósito de una época, esta sentencia expresa la concepción del diseño en arquitectura como la más fiel manifestación de las identidades de la cultura humana, ante tal premisa debemos entender el diseño arquitectónico como un catalizador de las vivencias y manifestaciones de un grupo social determinado en donde la arquitectura se convierte en un escenario narrativo de su crónica cotidiana. Nuestros entornos vivenciales están constituidos por un cúmulo de acontecimientos que trascienden mas allá de su espacio edificado, la materialidad de sus componentes no sólo es consecuencia de las condicionantes naturales y culturales que genera el territorio, los rasgos más íntimos de corporeidad se entretejen a partir de las expresiones más atávicas e íntimas del ser humano. Las ciudades latinoamericanas soportan numerosos conflictos propios de las urbes en desarrollo, algunos de estos problemas son consecuencia lógica de ese proceso de emancipación hacia nuevas temporalidades desarrollistas; sin embargo, hay una serie de conflictos no escatimados aún por la expresión humana de la arquitectura: son los generados por la pobreza social, ¿podríamos condenar entonces en el diseño arquitectónico la falta de sensibilidad hacia las consecuencias propias de ese estado de desamparo e indefensión de las comunidades marginales?. Tres cuartas partes de la población en Latinoamérica carecen de las condiciones básicas para hacer de sus ciudades entornos más humanos, más solidarios y por ende más habitables y muchas de esas carencias podrían enfrentarse anteponiendo al utilitarismo y monofuncionabilidad una expresión más sensible y solidaria hacia el ser humano, protagonista indiscutible de la concepción integral de la arquitectura como proclama del escenario vivencial de una época. La Carpio, comunidad de barrios subnormales ubicado al extremo noroeste de la capital de Costa Rica, constituye uno de los sectores más populosos de la gran área metropolitana, allí habitan en condiciones de extrema pobreza (en la mayoría de los casos) más de 35000 personas principalmente migrantes y de origen rural, constituyendo núcleos familiares de 6 a 8 miembros los cuales habitan viviendas en franco estado de pauperización y en elevadas situaciones de hacinamiento, la economía informal es su principal fuente de ingresos y difícilmente la ayuda estatal para el mejoramiento de las condiciones de vida de estas personas llega al 20% de la población. En medio de este panorama, organizaciones sociales e instituciones de carácter privado ocasionalmente ofrecen algún soporte económico, religioso o de salud a sus habitantes, siendo insuficiente este aporte ante la crecientes necesidades de su población. Una de las dificultades más agobiantes es la vulnerabilidad de su población infantil, presionada por una baja escolaridad, escazas zonas de recreación y esparcimiento y pocas oportunidades para su crecimiento y desarrollo social, más deplorable aún, las peripatéticas condiciones de salubridad de niños en edad escolar y un creciente porcentaje de población que nace con limitaciones físicas y con pocas oportunidades de sobreponerse a las mismas haciendo de su limitado entorno vivencial la única opción de desarrollo humano.