11/02/2021
Entre el pecho y la espalda
En ocasiones callar es la solución. ¡Hoy callé! Fue tal la impotencia. Fue tal la decepción. Fue tan grande la tristeza.
Es deprimente recibir directrices (órdenes) que devalúan tu labor, que te hacen pensar, cuál es el verdadero fin de lo que haces.
Quiero que mis estudiantes comprendan que la educación es importante.
Quiero que mis estudiantes aprendan a ser respetuosos, responsables, dedicados, esforzados, puntuales...
Quiero que mis estudiantes me recuerden porque aprendieron mucho, por ser exigente pero humana, por ser pura vida pero estricta, porque les expliqué que nada en la vida es gratis, y que la recompensa es más grande cuando trabajas por ella.
Me duele el sistema educativo de nuestro país. Este sistema para nada semejante al que nos heredaron los próceres de la educación costarricense. Este sistema que ha enviado al docente al olvido, a lo más bajo de la escalinata de la educación.
Me duele la manera como el mismo ministerio de educación nos vilipendia. Fue imperceptible el momento en que caímos en la alcahuetería y mediocridad, en que la cantidad fue más importante que la calidad.
Me duele cómo algunos(as) padres, madres, encargados o encargadas de mis estudiantes se prestan para que sus hijos crezcan creyendo que todo, todo en la vida es fácil, que todo se lo deben dar sin que aporte el más mínimo esfuerzo, sin responsabilizarse por sus trabajos, sin ser cumplidos, sin ningún valor.
Amo mi trabajo.
Amo lo que hago.
Amo lo que soy.
Seguiré siendo la profesora estricta, la profesora exigente, sin alcahuterías. La profesora que solicita al estudiante rendir porque sabe que es capaz, porque sabe que puede.
Pido a Dios sabiduría. Pido a Dios discernimiento. Pido a Dios Paciencia. Pido a Dios que me permita realizar mi trabajo con amor y entusiasmo, con alegría y dedicación, con espíritu de entrega. Pido a Jesús, que me permita ser como Él, UN GRAN MAESTRO.
Berta Cristina Elizondo Valverde