25/08/2025
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22/08/2025
Seminario para niños de pinta mascaras. Información al WhatsApp 88837388
28/07/2025
🏡** LA CASA DE ADOBES de Don Isaías Chavarría ** 💕
En un lugar de Alajuelita, justo entre San Josecito y San Felipe, se alza con gracia la casa de adobes de don Isaías Chavarría. Este encantador refugio, testigo silencioso del paso del tiempo, nos transporta a una época donde el sudor y la dedicación se tejían en cada rincón. La casa no solo es un edificio; es un símbolo que evoca los recuerdos hermosos de la noble gente que habitó estas tierras.
Don Isaías, junto a su amada esposa doña Ramona, fue un orgulloso campesino cuya vida se entrelazó con la tierra que tanto veneraba. Desde su infancia en la hacienda La Verbena, aprendió a amar cada surco y cada estación. Las manos robustas de don Isaías labraron no solo el terreno fértil, sino también el amor y los sueños que brotaron en su hogar.
Junto a doña Ramona, don Isaías formó una numerosa familia, cuyos hijos e hijas procrearon orgullosos sus propios lazos. Sus nietos y bisnietos corren hoy por los mismos pasillos que una vez vieron sus primeros pasos. Cada risa resonante es un homenaje al legado familiar; cada mirada hacia las paredes cargadas de historia es un recordatorio de sus raíces ancestrales y del amor profundo por esta tierra que les dio vida.
La casa misma es un canto a la arquitectura criolla; construida hacia finales del siglo XIX, encarna las tradiciones culturales que definieron aquella época en el cantón rural de Alajuelita. Su diseño sencillo pero robusto refleja las necesidades y aspiraciones de una comunidad centrada en la agricultura y el trabajo colectivo. Representa con orgullo un hito urbano innegable dentro del tejido social costarricense.
Cada adobe apilado cuenta historias: noches estrelladas compartiendo anécdotas alrededor del fogón, celebraciones familiares donde los aromas del café recién chorreado se mezclaban con risas contagiosas, y días laboriosos bajo el sol radiante que acaricia las montañas circundantes. Esta vivienda es más que madera y barro; es memoria viva que sus actuales propietarios han tenido el cuidado de conservar con devoción.
Como una anciana venerable cuidando su legado, se erige la casa de don Isaías Chavarría: hermosa con el paso del tiempo, protegida por aquellos que siguen honrando su historia. Su presencia anima a todos los que cruzan su umbral a recordar las lecciones proporcionadas por generaciones pasadas: la importancia del trabajo arduo, el valor familiar y el respeto por nuestras raíces.
La casa no solo merece ser preservada; debe ser celebrada como parte esencial del memorial colectivo costarricense. Porque aquí habita la memoria de un hombre sencillo pero grande - don Isaías - cuyas huellas permanecen grabadas en la tierra y en los corazones de sus descendientes. Así florece este bello relato sobre amor, esfuerzo y pertenencia: siempre vivo en las paredes de adobe que resguardan historias infinitas.
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una linda pintura de la antigua casa de don Isaías Chavarría que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña, Celia Salazar Vega. Además, este breve relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
25/07/2025
💖 ** LA PULPERÍA SANTA CECILIA de don Ananías Hidalgo ** 🫂
Era un cálido día de verano en Alajuelita, un lugar donde el aroma a café recién chorreado y el canto de los pájaros se entrelazaban con las risas de los niños que jugaban en la calle.
En el corazón del pueblo, 100 metros al oeste de la Escuela Abraham Lincoln, se encontraba la pulpería Santa Cecilia, un pequeño refugio que había sido forjado por las manos bondadosas de don Ananías Hidalgo.
Originario de San Ignacio de Acosta, don Ananías llegó a Alajuelita a mediados del siglo pasado con una sonrisa contagiosa y un espíritu jovial que pronto lo convirtió en un personaje querido por todos.
Don Ananías no era solo el propietario de una pulpería; era un verdadero pilar de la comunidad. Su pasión por el deporte lo llevó a involucrarse con el equipo del barrio, el Celta de Vigo, donde ocupó un lugar como directivo de la oncena.
Desde entonces, sus días se llenaron de alegría y camaradería, mientras discutía sobre partidos y jugadores con los vecinos que también compartían su amor por el fútbol.
Siempre tenía una anécdota divertida lista para contar, acompañada de su característica risa tímida, que iluminaba aquel local que palpitaría durante muchos años.
La pulpería Santa Cecilia era más que un negocio; era un crisol donde se forjaban relaciones humanas. Sus estanterías contenían productos variados: desde dulces y tosteles típicos, hasta abarrotes esenciales. Pero lo que realmente atraía a la gente eran las historias compartidas alrededor del mostrador, donde amigos viejos y nuevos convergían para intercambiar risas y recuerdos.
Nos gustaría recordar aquellos días nostálgicos en los que doña María entraba al lugar buscando harina para hacer sus empanadas deliciosas, mientras Alfredo comentaba sobre la última jornada futbolística.
Y cómo olvidar a Rosita, la niña traviesa del barrio, quien siempre intentaba robarse unos caramelos sin ser vista por don Ananías, quien siempre fingía no notar sus pequeñas travesuras.
A medida que pasaron los años y los tiempos cambiaron, la pulpería continuó siendo ese lugar emblemático donde muchos encontraron consuelo tras un mal día o celebraron alegrías sin fin.
Hoy recordamos a don Ananías Hidalgo como un personaje cuyo legado perdura en cada sonrisa, para evocar aquellos recuerdos imborrables.
Así, cuando alguien menciona la antigua pulpería Santa Cecilia o habla sobre don Ananías, hay murmullos entre quienes vivieron aquellos tiempos dorados. Y así permanece viva esa hermosa memoria local: unión, amistad y cariño brotando entre cada visita al icónico rincón del barrio.
Hoy invitamos a todos aquellos corazones, quienes tuvieron la bendición de conocerlo, a compartir sus anécdotas sobre ese singular personaje, cuya luz todavía brilla intensamente en nuestra comunidad.
¿Qué recuerda usted? Tal vez alguna historia escondida entre risas o momentos especiales vividos en aquel pintoresco refugio llamado Santa Cecilia.
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una hermosa pintura de la Pulpería Santa Cecilia, que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña Alejandra Picado Fonseca. Además, el relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
💚💛 ** RECUERDOS DEL ABASTECEDOR LA AMISTAD ** 💥
En el cálido corazón de Alajuelita, a tan solo 100 metros al oeste de la Escuela Abraham Lincoln, se erguía el Abastecedor La Amistad, un pequeño pero significativo rincón del barrio que atesoraba más que productos; allí se cultivaba un espíritu de comunidad y cordialidad.
Propiedad de don Héctor "Lan" Badilla y doña Gladys Umaña, este abastecedor no solo era un lugar para comprar lo necesario, sino un refugio donde la amabilidad y la amistad florecían a cada momento.
La primera vez que cruzamos sus puertas, fue como entrar en un hogar. El aroma de productos frescos y el eco de risas familiares nos envolvían.
Don Lan, con su carisma inigualable, siempre tenía una anécdota lista para compartir entre un saludo y otro, mientras desbordaba pasión por la música. Muchos recordarán sus melodías con su trompeta, pues había sido parte de la Fabulosa Orquesta de Otto Vargas.
Doña Gladys complementaba la calidez del lugar con su cautivadora sonrisa y su incansable dedicación. Con manos expertas movía frascos y paquetes en los estantes muy bien organizados, siempre dispuesta a recomendar algo especial o brindar aliento a quien lo necesitara. Sus palabras estaban impregnadas de sabiduría y cariño; ella hacía que cada cliente se sintiera valorado.
Lo más hermoso del Abastecedor La Amistad era su atmósfera; nunca había rostros extraños ni ruidos desmesurados. No vendían licor ni fomentaban comportamientos ajenos a su esencia; en cambio, crearon un espacio donde los amigos venían a compartir noticias del día o disfrutar momentos sencillos rodeados de buena compañía.
El establecimiento se encontraba ubicado en la antigua casona de don Nicanor Badilla. Este amplio salón no solo ofrecía productos variados; también guardaba historias del pasado que se entrelazaban con las memorias colectivas de Alajuelita. Entre sus paredes resonaban ecos de conversaciones llenas de gratitud y risas sinceras; eran instantes que tejían una trama única e irremplazable en el tejido social del barrio.
Hoy, cuando recordamos aquellos días dorados en el Abastecedor La Amistad, sentimos una mezcla nostálgica entre alegría y añoranza. Ese lugar fue testigo silencioso de momentos cargados de paz, amistad y alegría – valores que definían a nuestra querida Alajuelita.
Los invito a compartir sus recuerdos sobre el Abastecedor La Amistad: ¿qué momentos especiales atesoran en sus corazones? ¿Cómo tocó la vida don Lan y doña Gladys?
Sus historias son parte esencial del legado que construyó este querido abastecedor tantas veces olvidado por el tiempo pero jamás por quienes supimos disfrutarlo.
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una hermosa pintura del Abastecedor La Amistad, que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña Xiomara María Rojas Médez. Además, el relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
** El REDONDEL: Un eco de recuerdos en Alajuelita **
En el vibrante corazón de Alajuelita, donde las vidas se entrelazan como las ramas de un árbol frondoso, se alzaba "El Redondel", un lugar que había sido más que un simple negocio: era un faro que guiaba a los lugareños en su diario caminar.
Situado al costado norte de la antigua plazoleta, este establecimiento se convirtió en un refugio de calidez y compañía, un establecimiento donde las historias de Alajuelita florecían.
Don Jorge Villalobos, su carismático propietario, era delgado como un hilo dorado y amable como la brisa suave que soplaba por las tardes. Su sonrisa iluminaba cada rincón del local, acogiendo a todos con igual afecto.
Junto a él estaban sus hijos, Freddy y Alberto, quienes eran el reflejo de su carácter. Juntos formaban un trío armonioso que tejía lazos invisibles con cada cliente que cruzaba aquel umbral. Cada saludo no era solo una formalidad; era una celebración del respeto y cariño cultivados a lo largo de los años.
Junto a este pequeño lugar comercial, florecía también la esencia del pueblo. Un bar diminuto funcionaba como escenario donde músicos y bailarines compartían historias y risas. Las noches en el bar estaban impregnadas de magia, con tertulias interminables que se asemejaban a estrellas fugaces: imborrables en la memoria colectiva.
El Redondel no solo ofrecía productos; era una ventana abierta al alma del cantón. Desde sus estanterías repletas se vendían artículos cotidianos y extraordinarios por igual, cada uno portando un secreto listo para ser revelado. Era un escenario vibrante donde cada persona parecía susurrar historias entrelazadas por generaciones pasadas.
Pero el tiempo tiene su forma peculiar de avanzar y transformar espacios queridos. Hoy en día, mientras las sombras crecen y el silencio abraza lo que una vez fue tan bullicioso, lo único que queda es el eco resonante de aquellos recuerdos entrañables.
Don Jorge y su familia son ahora parte del pasado que le dieron brillo al cantón de Alajuelita; ellos se han convertido en guardianes invisibles de un legado vivo presente en cada rincón del pueblo.
Aunque El Redondel como tal haya cerrado sus puertas físicas para siempre, su esencia perdura indomable en el corazón de quienes alguna vez formaron parte de su historia. Sigue vivo en las anécdotas compartidas entre amigos viejos y jóvenes enamorados que encuentran consuelo en aquellas memorias del pasado.
Así es como El Redondel continúa siendo más que un lugar: es un eco eterno de encuentro y comunidad en "Mi Cantón". En Alajuelita, siempre habrá espacio para recordar lo vivido; siempre habrá luz donde antes hubo risas y amistad.
¿Y porqué se llamó El Redondel?, quizá usted lo sabrá. Quisiéramos saber qué recuerda usted de este memorable negocio...
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una hermosa pintura de "El Redondel", que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña Alejandra Rojas Zúñiga. Además, el relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
💏 ** PULPERÍA LA CONFIANZA: la voz de un pasado vibrante ** ✍️
Al costado sur de la antigua plazoleta de Alajuelita, donde la brisa de la tarde se mezcla con el aroma del café recién chorreado y el canto lejano de las aves, se ubica la antigua estructura de la Pulpería La Confianza.
Desde tiempos lejanos este negocio ha sido un popular refugio de mucha gente, donde los hilos del cotidiano transcurrir del pueblo se conjugan con las historias y risas de sus clientes y amigos.
Atrás quedó perdida una época dorada, en los albores del siglo pasado, en la que don "Juancito" Mora era el corazón palpitante de una floreciente carnicería. Su sonrisa amable y su fina atención hacían que cada cliente se sintiera especial. Fue en ese espacio donde los habitantes trajeron a casa los mejores cortes de carne, siempre frescos y seleccionados con esmero por aquel hombre y su familia, quienes parecían conocer cada rincón del sabor y el gusto de los alajueliteños.
Pero La Confianza no solo fue una próspera y visitada carnicería que acogió los buenos deleites del pueblo. Poco tiempo después, bajo la dirección cariñosa de don Eloy Mora, quien heredó la tradición familiar, se transformó en pulpería y cantina, un punto de encuentro de muchos vecinos del cantón.
Con su singular puro de tabaco, que perfumaba el aire con un olor terroso y amaderado, su delantal de cuero gastado y su grueso bigote que dejaba ver su espíritu cálido, don Eloy conquistó corazones infantiles. Los niños de la Escuela Abraham Lincoln hacían fila para comprar confites, tosteles y melcochas de coco después de clase. Ese gesto sencillo estaba cargado de ternura; los pequeños sentían que no solo estaban adquiriendo golosinas, sino aquellas delicias que sabían a amistad y alegría.
El trajín cotidiano también encontraba su hogar en la cantina, contiguo a la pulpería, separada por una mampara de cerveza Imperial, un lugar donde los suaves murmullos se convertían en una sinfonía vibrante. Allí los hombres se reunían para discutir sobre fútbol mientras degustaban cervezas frías o algún trago especial. Las conversaciones sobre equipos como el López, La Unión, el España, San Felipe, San Josecito, UDC de Concepción o el Centro de Amigos, calentaban el ambiente entre armoniosas risas y anécdotas compartidas.
No obstante, ningún otro tiempo brillaba tanto como en las festividades en honor al Cristo Negro de Esquipulas. En esa fiesta, La Confianza se contagiaba por las voces de la euforia; propios y forasteros eran bienvenidos con los brazos abiertos por don Miguel Carmona, ese hombre alto, fuerte y a veces tímido, sus hijos Jorge, Juan Carlos y Julio, por Miguel "Ganado" Rojas o Bernardo Mora.
Por otro lado, el sonido alegre de la marimba, animada por los alegres sones de los Marín, de Escazú, o aquel singular estilo de "Corito", de San Felipe, llenaban de alegría los espacios abiertos, mientras las miradas cómplices de los clientes celebraban la emoción con cada nota musical.
Los recuerdos son borrosos para algunos pero vivaces para otros. Muchos aún recuerdan a La Confianza como un espacio propio de la gente citadina, donde cada encuentro resonaba con historias comunes tejidas por contactos genuinos entre amigos. Sin embargo, como ocurre sin darnos cuenta, todo cambió cuando el paso del tiempo se llevó consigo la historia de don Miguel Carmona y los suyos.
No obstante, las voces vibrantes que llenaron aquellas paredes fueron sustituidas por las nuevas aventuras traídas por Snapper, un nuevo rincón creado con un estilo muy particular por Edwim Retana, un joven emprendedor que apostó por conservar y revitalizar aquel célebre negocio.
Este nuevo local, con un novedoso concepto de restaurante y cevichera, aún recuerda aquellos días pasados. Sin embargo ahora son otros los protagonistas, que entre risas, chistes y anécdotas siguen fluyendo entre amigos viejos y nuevos, que comparten cuitas del barrio bajo las cálidas carcajadas que inundan el lugar.
Es así como La Confianza vive el día a día con otras historias: un encuentro de amistades a través de memorias compartidas entre generaciones; anécdotas tejidas con hilos invisibles que conectan otros relatos de vida, aquellos que buscar rescatar la esencia oculta en aquel legendario lugar.
Y usted, amigo de las historias urbanas, de la bohemia y la buena vibra: ¿cuáles son sus recuerdos sobre La Confianza?
Te invitamos a traer tu voz, para escuchar más relatos sobre ese nostálgico rincón, que forma parte inalterable de la memoria alajueliteña. Porque es así como construimos nuestro presente: honrando aquellos momentos sencillos pero vibrantes, cuyas voces aún resuenan intensamente en nuestros corazones.
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una hermosa pintura de "La Confianza", que brotó del talento y el pincel del artista alajueliteño Breydan Aniel Duarte Rostran, de 8 años. Además, el relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
💖 ** LA CASA DE LA ABUELA ROSA: un refugio de recuerdos ** 🔰
Cuando la suave brisa acaricia el paisaje de “El Llano” de Alajuelita, de repente nos encontramos atrapados por una imagen que anida en lo profundo de la memoria: la casa de la abuela Rosa. Un hogar sencillo, construido de madera con amor y dedicación. Cada vez que lo observamos evoca una serie de cálidos recuerdos que vagan como voces susurrantes en un día apacible.
La figura entrañable de la abuela Rosa Gamboa Gómez destaca en la memoria: con su delantal blanco impecable, su vestido largo, de color negro o café, y su larga trenza bien tejida. Su rostro, surcado por arrugas tiernas, irradiaba una mirada profunda que iluminaba incluso los días más nublados.
Cada vez que se sentaba frente al horno encendido, el aroma a pan casero, bizcocho, rosquillas de maíz, arroz con leche y café recién chorreado, se dispersaba por el aire suave del campo, invitando a los golosos a degustar aquellas delicias palmeadas por la abuela.
Hoy la casa es testigo del paso del tiempo en “El Llano”. Los años se escapan como corrientes de agua en un río; sin embargo, aún se erige firme y resistente como un roble antiguo en medio del jardín florido que tanto cuidaba la abuela Rosa y su hija María Luisa. Allí los sueños florecen junto a las plantas aromáticas; cada rincón tiene una historia que contar.
En la actualidad el firme guardián, Eliécer Elizondo Retana, cuida ese legado con amor incondicional. Desde su escaño frente al encantador jardín, observa cómo los viajeros se detienen ante aquella humilde vivienda, para recordar tiempos que se han ido, pero aún permanecen en la antigua casona.
La casa permanece serena y orgullosa de su pasado, custodiando los tesoros más queridos de la abuela Rosa, mientras nos recuerda la importancia del hogar y el cariño tejido entre hijos, nietos, bisnietos y otros familiares.
Porque aunque las estaciones cambien y los tiempos avancen sin evitar la prisa, jamás habrá un lugar como aquel donde una abuela nos enseña a disfrutar las pequeñas maravillas que nos regala la vida cotidiana.
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una hermosa pintura de "La casa de la abuela Rosa”, que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña, María Felicia Romero Monge. Además, este breve relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
🐷🐂 ** RECUERDOS DE LA CARNICERÍA LA CENTRAL ** 🐮🐖
En un nostálgico rincón de un pasado no muy lejano, al costado suroeste del Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas, en Alajuelita, se encontraba la Carnicería La Central, de don Rodrigo Calvo Quesada, conocido cariñosamente por todos como "Rigo el Carnicero". Su establecimiento no era solo un lugar para comprar carne; era un punto de encuentro donde los sabores y las sonrisas se mezclaban con las buenas costumbres del pueblo.
Los clientes que llegaban a su negocio lo hacían con una clara intención: encontrar los mejores cortes de carne. Y, sin duda, “Rigo” lo sabía. Cada mañana, con su inconfundible amabilidad, daba la bienvenida a cada uno de ellos como si fueran parte de su familia. Su sonrisa genuina y su trato cordial fueron ganando corazones y creando un vínculo especial con la comunidad.
¿Quién podrá olvidar el aroma irresistible de los chicharrones recién preparados o la jugosa carne de res y cerdo que colgaba robusta y brillante en su negocio? Las sabrosas chuletas, la mortadela casera, el salchichón criollo y las tortillas caseras eran solo algunos de los manjares que se podían comprar en la Carnicería La Central.
Los recuerdos aún viajan en nuestra memoria, cuando todavía nos acordamos de aquellas medias reses y aquellos cerdos regordetes colgando de los ganchos, listos para ser transformadas en deliciosos platillos.
La destreza manejada por don “Rigo” con sus herramientas – la sierra, el cuchillo y el hacha – era casi arte puro. El sonido característico que producía al cortar los huesos, junto al aroma embriagador del lugar, evocaban un sentido de pertenencia que muchos llevamos aún en lo profundo del corazón.
La atención meticulosa que brindó don “Rigo” a cada cliente durante 57 años, reflejaba su profundo amor por el oficio. Para él, cada corte no solo era una transacción comercial; era una promesa cumplida a quienes confiaban en su trabajo.
Hoy la carnicería ya no está físicamente presente en Alajuelita; sin embargo, el legado de don “Rigo” sigue vivo en cada rincón donde sus clientes compartieron risas y anécdotas. Su espíritu amable y laborioso permanece con nosotros mientras recordamos aquel noble personaje que ofreció lo mejor de sí a todos los habitantes del cantón y más allá.
La carnicería puede haber desaparecido, pero sus memorias perduran con el paso de los años. En el recuerdo siempre quedará grabada la dulce sonrisa de "Rigo el Carnicero", un símbolo entrañable del cantón número 10 de la provincia de San José: nuestra querida Alajuelita.
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una hermosa pintura de "Carnicería La Central”, que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña, Mayra Campos Rojas. Además, este breve relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.
25/07/2025
🍇💜 ** PULPERÍA LA UVITA: un legado de amistad en Alajuelita ** 🍇💜
La Pulpería La Uvita marcó una época de bellos recuerdos en Alajuelita, un rincón donde el tiempo parece haberse detenido, ubicado en el encantado corazón de este cantón.
Desde que abrió sus puertas en los años setentas del siglo pasado, este icónico establecimiento se transformó en un floreciente negocio que capturó el corazón de la comunidad.
Don Rodolfo Madrigal, un hombre de estatura modesta pero con una grandeza que brillaba a través de su espíritu emprendedor, llegó a Alajuelita junto a su amada familia proveniente de Escazú. Su llegada marcó el comienzo de una nueva era para la comunidad, ya que La Uvita pronto se convirtió en el epicentro del comercio local y en un lugar donde las relaciones humanas florecían.
Con determinación y una clara visión comercial, don Rodolfo estableció su pulpería al alquilar un local a la familia Mora Ramírez - especialmente a don “Chillo” Mora - a tan solo 100 metros al oeste y 100 al norte de la Escuela Abraham Lincoln.
Con su esposa doña Amalia Rangel, originaria de Guatemala, y sus hijos Arturo, Adrián y Rocío al lado, La Uvita no solo ofreció productos esenciales; también brindó calidez y amabilidad que hicieron que rápidamente se ganaran el cariño del pueblo.
La pulpería floreció con sonrisas y conversaciones amenas. Don Rodolfo atendía a sus clientes como si fueran viejos amigos; cada rostro era conocido por su nombre y cada historia merecía ser escuchada. Junto a sus hijos extendió vínculos más allá del comercio, que forjaron amistades duraderas.
Durante más de cinco décadas, la Pulpería La Uvita fue un claro testimonio del buen trato y un servicio excepcional. En ese pequeño local brotaba la familiaridad que iluminaba corazones: los estantes estaban llenos no solo de productos atractivos sino también del afecto y dedicación de una familia.
Así es como este pequeño establecimiento se convirtió en un faro luminoso para las familias alajueliteñas; no solo era conocido por sus servicios básicos sino por ser esa casa donde todos eran bienvenidos. Aunque ya no existe físicamente, la Pulpería La Uvita fue el eco de risas compartidas y memorias construidas que perduran en cada rincón del cantón...
NOTA: La imagen que ilustra el presente relato es una linda pintura de la pulpería "La Uvita”, que brotó del talento y el pincel de la artista alajueliteña, Ana María Valverde Castro. Además, este breve relato fue escrito por el periodista Víctor Monge Gómez.