03/10/2020
Hay que aprender el idioma del mismo modo que lo hace un niño pequeño, tal y como lo hicimos nosotros mismos con nuestra lengua materna, esto es, sin sentirse frenado y manteniendo la ilusión. El niño, cuando empieza a hablar, únicamente desea expresarse, y en absoluto le interesa la gramática ni pronunciar las palabras de forma perfecta. Este último es un importante defecto de muchos profesores de enseñanza de idiomas, quienes ya desde los primeros momentos ralentizan las clases intentando que sus alumnos pronuncien perfectamente, y desde el primer día, cada una de las palabras que van apareciendo. Con frecuencia repiten o hacen repetir a sus alumnos cada palabra un gran número de veces, consiguiendo muy pronto que estos ya no quieran hablar delante del profesor por temor a no hacerlo de forma correcta.
Piense que lo mismo le sucedería a cualquier niño al que desde pequeño se le intentase enseñar gramática o se le exigiese
demasiado en sus comienzos, se retraería y no querría hablar. Se retrasaría su progresión en el aprendizaje de su lengua materna y de cualquier otra asignatura en la que sucediese lo mismo. Es evidente que todos hemos aprendido a hablar bien nuestra lengua materna gracias a que hemos utilizado un sistema de estudio mucho más natural, relajante y eficaz, y también es cierto que
al igual que ya lo has hecho una vez, podrás volver a hacerlo tantas veces como desees, eso sí, siempre que sea por medio de la técnica adecuada, la misma que ya te funcionó una vez a la perfección.