20/06/2026
El conocimiento se volvió artificial.
Por: Ernesto Mora
Y tal vez esta sea una de las conversaciones más incómodas que debemos tener como profesionales.
No porque la IA sea mala.
Al contrario: bien usada, puede elevar la productividad, acelerar análisis, ordenar información y apoyar mejores decisiones.
El problema aparece cuando dejamos de usarla como herramienta y empezamos a usarla como sustituto del pensamiento.
Hoy muchas personas ya no preguntan para aprender.
Preguntan para no pensar.
No investigan.
Piden resumen.
No analizan.
Piden conclusión.
No contrastan.
Piden “la mejor opción”.
No construyen criterio.
Piden una respuesta lista para copiar.
Y ahí comienza el riesgo silencioso: la tercerización del juicio.
Según Microsoft y LinkedIn, el 75% de los trabajadores del conocimiento ya usa IA generativa en el trabajo. La adopción se disparó. Pero la madurez no siempre creció al mismo ritmo.
Un estudio de Microsoft Research con 319 trabajadores del conocimiento encontró que el uso de IA generativa cambia la forma en que se ejerce el pensamiento crítico: cada vez más personas trasladan su esfuerzo a verificar, editar o integrar respuestas generadas por IA.
Y otro estudio reciente sobre “cognitive offloading” encontró una correlación negativa fuerte entre el uso frecuente de IA y el pensamiento crítico.
Dicho más simple:
cuando la IA piensa por nosotros demasiadas veces, el músculo del análisis se debilita.
Esto no empezó con ChatGPT. Años atrás ya se hablaba del “efecto Google”: recordamos menos la información cuando sabemos que siempre estará disponible en internet.
Pero ahora el salto es mayor.
Antes buscábamos información.
Hoy delegamos interpretación.
Antes consultábamos fuentes.
Hoy pedimos criterio.
Antes la tecnología nos daba acceso.
Ahora nos da respuestas con tono de autoridad.
Y eso exige una nueva responsabilidad profesional.
La pregunta no es si debemos usar IA.
Claro que debemos usarla.
La pregunta es:
¿la estamos usando para pensar mejor o para dejar de pensar?
La IA debería ser un espejo que desafía nuestras ideas, no una muleta que reemplaza nuestro criterio.
Debería ayudarnos a preguntar mejor, no a aceptar más rá