30/03/2026
Haces unos días fui a conocer Rincón del Mar, un lugar que queda a unos 25 minutos del casco urbano de San Onofre. Aunque mis lugares favoritos son Coveñas y Tolú, donde he vivido momentos maravillosos toda mi vida, este sitio siempre me generó curiosidad. Muchos dicen que es uno de los destinos imperdibles de los extranjeros… incluso nuestros amigos, cuando vienen a visitarnos, lo traen como referencia obligada.
Así que decidimos ir.🌴
La vía está en muy buen estado: es segura, fácil de recorrer y el acceso no tiene complicaciones. Pero al llegar, nos llevamos una sorpresa que, más que desconcertarnos, nos hizo admirar el lugar.
El pueblo no está pavimentado.
Sus calles son de arena blanca, y no por descuido… sino por decisión. Nos explicaron que no quieren más cemento. Y tiene todo el sentido: caminar descalzo por esas calles se vuelve casi una experiencia. La arena es tan suave que terminas quitándote las sandalias para sentirla mejor.
El lugar es sencillo, pero profundamente auténtico. Se respira ese aire de pueblo pesquero real, sin filtros. Puedes perderte entre sus calles pequeñas, sin prisa, con el ruido del mar….solo dejándote llevar.
Y algo que realmente nos marcó fue su gente.
Son amables, tranquilos, genuinos. No te hacen sentir turista. Nadie te presiona, nadie te invade, nadie intenta venderte todo el tiempo. Al contrario, te hacen sentir parte del lugar.
En poco tiempo notamos algo poderoso: es una comunidad que se apoya.
Lo vimos en los detalles.
La señora del hotel nos dijo que no vendían comida, solo café. Y cuando le preguntamos por qué, respondió algo que nos dejó pensando:
“Para que los huéspedes salgan y compren el pescado en los otros locales.”
Más tarde, le preguntamos a un señor si vendía mariscos. Nos dijo:
“No tengo, pero David sí.”
Y literalmente nos llevó hasta la casa de David.
Cuando llegamos, David tenía, pero no podía venderlo, pero con total tranquilidad nos dijo:
“Allá donde Juan pueden conseguir.”
Y lo más curioso fue cuando llegamos donde Juan. Al preguntarle qué tenía, respondió casi con desdén:
“Solo pargo…”
Y nosotros felices… porque para nosotros, el pargo es un manjar. Pero allá, es tan cotidiano que lo ven como algo simple, tanto que al desayuno pueden darse el gusto de comer huevos con langosta. Es otro nivel de vida.
Nos fuimos de ese lugar con el corazón lleno.
Yo pensaba que iba a conocer una playa… pero terminé encontrándome con algo mucho más valioso: una comunidad feliz.
Y no pude evitar recordar una historia que siempre comentamos en familia:
Un hombre le dice a un pescador:
—¿Por qué no pescas todo el día? Así ganarías más dinero, montarías un negocio, comprarías una casa, te pensionarías… y luego podrías descansar.
El pescador lo mira y responde:
—¿Y qué cree que hago ahora?
Después de leer esta historia….
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