25/01/2026
El término “Biblia” proviene del griego βιβλίον (biblíon), que significa literalmente “libros” o “rollos”. Desde su mismo nombre, la Biblia se presenta no como una obra única y uniforme, sino como una colección de escritos.
La Escritura es, en realidad, una biblioteca sagrada, compuesta por textos redactados en distintos períodos históricos, contextos culturales y géneros literarios (narrativos, poéticos, proféticos, sapienciales y epistolares). Esta diversidad refleja la manera en que Dios se reveló progresivamente a lo largo de la historia, utilizando autores humanos concretos, sin anular su estilo, lenguaje ni contexto.
En la tradición protestante, el canon bíblico está conformado por 66 libros. Sin embargo, existen Biblias que contienen 73 libros, incluyendo siete textos adicionales conocidos como deuterocanónicos (δευτεροκανονικά, “del segundo canon”), los cuales fueron incorporados en la tradición católica y forman parte de sus versiones oficiales del Antiguo Testamento.
Este dato nos recuerda que la Biblia no “cayó del cielo” como un solo libro, sino que fue inspirada por Dios y transmitida a través de un proceso histórico, comunitario y canónico, en el que la fe del pueblo creyente desempeñó un papel fundamental en la preservación y reconocimiento de estos escritos como Sagrada Escritura.