09/12/2021
La montaña siempre es un espejo de lo que somos, un recorrido de la existencia del hombre o la metáfora propia de la vida, su comienzo, plenitud y descenso. La montaña o gua como la llaman los Muiscas, es para este pueblo una madre mítica que alberga en su cuerpo el mayor tesoro vivo que pueda el hombre encontrar, una sustancia sin máscaras que se torna espiritual por su incomparable naturaleza y su insondable misterio: el agua es a la montaña lo que es la sangre al cuerpo, una savia esencial que lleva vida a los suelos. Espejo, símbolo y metáfora la montaña es horizonte donde el hombre recuerda su condición de grano de arena y el ser humano descubre su deseo de ser piedra, polvo de voluntad que aspira a la trascendencia. Es por estas razones que unas montañas sagradas como el Sunapa, no son un lugar para hacer turismo vano y trivial, sino un espacio bendito reservado tan solo para la realización de conscientes y medicinales peregrinaciones en las que se limpie y se desintoxique el alma por medio de la experiencia de una tierra santa; un suelo bendito donde es posible sentir el misterio glorioso de las fuerzas divinas concibiendo el milagro vital del agua.
Fragmento tomado de (Retornando el camino hacia el Sunapa)