21/05/2026
Cerramos la Semana de la Afrocolombianidad 2026.
"Mi Escuela Vive la Afrocolombianidad"
Cinco sedes.
Varios grupos.
10 Stand
Talleres de Aprendizaje
Una sola gratitud.
Hay quienes este año volvieron a preguntarse:
"¿Vale la pena tanto esfuerzo? ¿Tanto ensayo? ¿Tanto detalle?"
Y la respuesta la vimos hoy en cada rincón de nuestra institucion y sus sedes:
En el niño que por primera vez no bajó la cabeza al hablar de su herencia.
En la madre que madrugó a dejar el arroz con coco, sin un peso extra, pero con el alma puesta.
En el padre que prestó el parlante de su trabajo, porque sabía que su hijo iba a brillar.
En el estudiante que descubrió que el baile, la oratoria o la trenza pueden ser el inicio de un proyecto de vida.
Sobre los vestuarios y los gastos:
Algunos padres gastan sin problema y aún así no ven la grandeza de sus hijos.
Otros padres no tienen, y aún así dan, apoyan y ven la grandeza de su hijo.
Porque unos ven un disfraz.
Los otros ven la oportunidad de que su hijo desarrolle una habilidad, una competencia, un talento del que tal vez viva mañana.
Sabemos quiénes son unos y quiénes son otros.
Y a esos segundos, los que callan y dan, nuestro más profundo reconocimiento.
Porque la cultura, la memoria y el talento; brillan con cada estudiante que crece con el apoyo de sus padres y sus maestros.
La Afrocolombianidad o cualquier evento cultural, no es innvento; es aprendizaje puro.
Esto es escuela. Esto es futuro.
Y hay padres que si lo entienden.
En esta semana nuestros estudiantes:
No aprendieron a "bailar bonito" nomás.
Aprendieron que la abolición de la esclavitud fue el 21 de mayo de 1851, no porque se lo dictó un libro, sino porque lo investigaron, lo cartografiaron y lo defendieron en un círculo de lectura.
Aprendieron que Candelario Obeso escribió poesía en dialecto para que la voz del pueblo negro no se perdiera.
Aprendieron que el mapa de Colombia tiene manchas afrodescendientes en el Pacífico, el Caribe, San Andrés y Palenque, y que eso no es folklore: es geografía de la resistencia.
Aprendieron a hacer su propio árbol genealógico y descubrieron de dónde vienen sus apellidos, sus rizos, sus ritmos.
Aprendieron que la filosofía también puede ser negra, y que descolonizar la mente es tan urgente como descolonizar el territorio.
Aprendieron que una trenza no es un peinado: es un mapa, un código, una memoria que viajó desde África.
Aprendieron que el mapalé, el bullerengue y el currulao no son "puro golpe": son matemática del ritmo, historia del cuerpo, resistencia que duele y goza al mismo tiempo.
Eso aprendieron.
Y eso no se improvisa la noche anterior.
Gracias a todos los que esta semana dieron sin medir.
A los que prestaron, cosieron, cocinaron, ensayaron y creyeron.
A los tutores y docentes que este año también se disfrazaron.
Que no solo mandaron a hacer, sino que se pusieron el vestuario ellos mismos.
Que bailaron, que ensayaron en sus horas de descanso, que rieron con sus estudiantes, que se vieron ridículos con tal de verlos felices.
A nuestros docentes su reconocimiento porque vestir de Afro es "repetir disfraz" para honrar nuestra memoria y enseñar con el ejemplo.
Eso es amor por la profesión.
Y eso, señores, no se paga con plata.
La afrocolombianidad no es un día.
Es una herencia que algunos eligen honrar.
Y nosotros, desde CODESA, seguiremos honrándola.
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