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16/12/2025

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LA MUERTE QUE A NADIE DOLIÓ En el corazón palpitante de Planeta Rica, una tierra donde la memoria teje sus hilos con la ...
13/12/2025

LA MUERTE QUE A NADIE DOLIÓ

En el corazón palpitante de Planeta Rica, una tierra donde la memoria teje sus hilos con la brisa que mece los sembradíos, conocemos, con una familiaridad que se hereda de generación en generación, el eco persistente de las ausencias. Sabemos del peso ineludible que deja el silencio cuando una vida se extingue prematuramente, del vacío que se instala en los umbrales de la casa y en las cavidades del alma. Es con esa profunda comprensión, anclada en la experiencia colectiva, que hoy elevo mi voz, no movido por un capricho pasajero, sino con la gravedad que confiere la responsabilidad inherente a la ciudadanía y el compromiso inalterable de mi vocación como maestro. Mi reclamo no se limita a la mera lamentación por un árbol, por majestuoso que este fuera, sino que se extiende a la profunda simbología y al irrecuperable valor patrimonial que su súbita y silenciosa partida ha amputado de nuestro tejido social y educativo.
Se trata, entonces, de la incomprensible y aún no justificada desaparición de aquel campano centenario, erguido como un patriarca silencioso en el corazón mismo de la Institución Educativa Simón Bolívar. Este coloso vegetal, cuya existencia se medía en la escala de un siglo, trascendió con creces la simple función de un adorno inanimado en el paisaje escolar. Fue, para innumerables generaciones de estudiantes y educadores, un auténtico abuelo de madera, un ser cuya vasta copa tejía su sombra protectora sobre los sueños y las esperanzas, un observador impávido de los primeros amores inocentes que florecían bajo su ramaje, de los juegos infantiles que salpicaban de risas el patio y de los secretos más íntimos que se confiaban a la solícita discreción de sus raíces profundas. No obstante, con una determinación tan incomprensible como la misma indolencia, fue arrancado de raíz, despojado de su anclaje vital a la tierra que lo vio nacer y crecer, con la desoladora frialdad de un olvido que parece haberse cernido sobre su legado.
Este acto, de una trascendencia que va más allá de la mera tala, desdibuja, como una bruma repentina, la luminosa esencia de una institución que, por mandato intrínseco, está llamada a ser un faro de vida, un epicentro de conocimiento y de respeto por todo lo que bulle y respira. Pero, si algo lacera con particular intensidad, si algo deja una herida más profunda que el tajo del hacha, es la ominosa forma en que se consumó el hecho: bajo un manto de silencio impenetrable. La comunidad educativa y, por extensión, la sociedad de Planeta Rica, auténtica depositaria y legítima dueña de su entorno y de su patrimonio, fue deliberadamente excluida del proceso; no se le concedió el elemental derecho a la consulta, no se le permitió siquiera una despedida digna, un último adiós que honrara su centenaria existencia. Ni siquiera se nos ofreció la oportunidad, como se concede a un ser querido que lucha contra la enfermedad, de buscar una segunda opinión experta, de sopesar con la rigurosidad de la ciencia y la técnica la posibilidad real de preservar su vida, de agotar hasta la última esperanza antes de pronunciar la irrevocable condena al filo inclemente del hacha. Hasta la presente fecha, un denso velo de silencio administrativo ha envuelto este lamentable suceso, impenetrable como las murallas de un castillo olvidado. De los anaqueles de las entidades responsables, en particular de la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS), no ha emergido, ni por asomo, la orden oficial o el dictamen pericial que pudiese avalar tan drástica y expeditiva sentencia de muerte para un ser tan venerable. Las explicaciones balbuceadas, que aluden a supuestas enfermedades terminales o a los embates de un rayo, resuenan en el vacío de la justificación, desprovistas de la robusta solidez técnica y la evidencia irrefutable que cualquier procedimiento de esta magnitud, que se atreve a extinguir un siglo de existencia vegetal, exige con imperiosa voz y pulcra responsabilidad.
Si nuestra sociedad, envuelta en las prisas de la modernidad y la indiferencia, es capaz de ignorar la caída estrepitosa de un gigante que, durante cien años, nos obsequió con su aire purificado y la generosidad de su sombra benéfica, ¿qué revelación profunda, qué sombría verdad, nos lanza este acto sobre nuestra propia capacidad de empatía, sobre el temple de nuestra alma colectiva para sentir y reconocer la vida que nos rodea? Frente a este atropello flagrante a nuestro patrimonio natural y a la memoria viva que nos constituye, mi voz se alza hoy, no con la súplica de quien busca un favor o una dádiva, sino con la firmeza inquebrantable de quien demanda justicia, una justicia que tiene el rostro de la verdad y la transparencia. Exijo, con el peso de la razón y el amparo de la ley, a la Secretaría de Educación Municipal, a la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS) y a las directivas de la Institución Educativa Simón Bolívar, que dispongan de inmediato sobre la mesa pública todos los estudios técnicos y los informes periciales que, supuestamente, fundamentaron tan drástica determinación.
Que nos enfrenten con la mirada franca, con la honestidad que se exige de quienes administran lo público, y expliquen, con la claridad límpida del arroyo que ahora se intuye ausente de su cauce, las razones irrefutables que impidieron un intento de curación, un esfuerzo de salvamento, antes de pronunciar la sentencia final que segó sin piedad una vida. Porque, al derribar con alevosía ese venerable campano, no solo se consumó la pérdida de un ser vivo y el despojo de una memoria arraigada, sino que, con ello, se resquebrajaron de manera imperdonable los pactos fundamentales que, como argamasa invisible, nos cohesionan y nos definen como sociedad civilizada: Se quebrantó, sin remordimiento aparente, el espíritu y la letra del Artículo 79 de nuestra Constitución Política, el cual garantiza a todos los ciudadanos el inalienable derecho a g***r de un ambiente sano, un mandato que exige, sin paliativos, la protección y la conservación de nuestra riqueza natural para las generaciones venideras. Se ignoró, con una ceguera voluntaria, lo dispuesto en la Ley 99 de 1993, estatuto que no solo ordena la participación ciudadana en las decisiones que atañen a la gestión ambiental del país, sino que también nos confiere el derecho inalienable de intervenir en la definición del destino de nuestra tierra, de los recursos que la habitan y de los seres que la embellecen.
Se desatendió, con una ironía desoladora, el noble precepto de la Ley General de Educación, que establece como uno de los pilares de la formación escolar la imperiosa necesidad de inculcar en los estudiantes el amor y el respeto por la vida en todas sus manifestaciones, y no, por el contrario, la indiferencia o la destrucción de aquello que nos nutre y nos da cobijo. Se vulneró, con una ligereza inaceptable, el mismísimo Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente, una norma cardinal que eleva a los árboles, como el campano que hoy lamentamos, a la categoría de patrimonio irremplazable, una herencia vital que debemos custodiar con celo para el usufructo y el deleite de nuestros hijos y de sus hijos. Aquel campano, cuyo recuerdo se niega a desvanecerse, no era, en la verdad más profunda de su ser, un simple tronco inerte, una masa de madera sin alma; era, por el contrario, un patrimonio vivo y palpitante, un cuerpo vegetal que respiraba en íntima sintonía con cada uno de nosotros, que compartía el mismo aire y la misma tierra.
Su partida abrupta, esa ‘muerte que a nadie pareció dolerle’ ante el juicio de la indiferencia oficial, no puede, bajo ninguna circunstancia, disolverse como una gota de rocío en la vasta inmensidad de la nada, sin dejar rastro ni memoria. No permitamos, por consiguiente, que, además de arrebatarnos la presencia física de nuestro guardián arbóreo, se nos hurte también el sagrado derecho al duelo, a la expresión legítima del dolor por la pérdida, y a la verdad insobornable de lo ocurrido. Que este reclamo, que hoy resuena con la fuerza de un trueno en la llanura, sea la memoria que le fue negada en vida y en su aciago final, y que, de las cenizas de esta injusticia, la verdadera justicia florezca con la tenacidad de la maleza en el sitio exacto donde hoy solo observamos un vacío doloroso en la tierra y una cicatriz profunda e imborrable en el alma de nuestra historia colectiva.

¿Creías conocerlo todo sobre las pirámides de Giza? ¡Prepárate para un viaje al pasado que te dejará sin palabras! Hemos...
08/11/2025

¿Creías conocerlo todo sobre las pirámides de Giza? ¡Prepárate para un viaje al pasado que te dejará sin palabras! Hemos creado un carrusel de "Hechos Inesperados de Giza" que desvela secretos milenarios: desde la asombrosa precisión astronómica de su construcción, pasando por el misterio del tamaño de sus cámaras internas, hasta la verdad sobre quiénes las construyeron (¡spoiler: no fueron esclavos en su mayoría!). Desliza para descubrir datos fascinantes que cambiarán tu perspectiva sobre una de las maravillas del mundo. ¡No te lo pierdas!

El pulso de la Urbs: La vida cotidiana del romano comúnMientras el brillo del mármol, las grandiosas hazañas de los empe...
27/09/2025

El pulso de la Urbs: La vida cotidiana del romano común

Mientras el brillo del mármol, las grandiosas hazañas de los emperadores y las intrigas políticas del Senado a menudo acaparan nuestra atención histórica, la vasta mayoría de los romanos —hombres y mujeres sin títulos, sin vastas propiedades ni fortunas— forjó el verdadero corazón y el músculo incansable del imperio. Para estos ciudadanos comunes de la antigua Roma, que conformaban la base demográfica y productiva de la sociedad, la vida diaria era una intrincada danza entre la rutina ineludible, el trabajo extenuante y la búsqueda de esos pequeños goces y momentos de respiro que el día ofrecía, todo dictado por el inquebrantable ritmo del sol, las estaciones y las arraigadas costumbres sociales que marcaban cada aspecto de su existencia.

El canto del gallo, a menudo acompañado por el bullicio incipiente de las calles, anunciaba el alba, un despertador poco grato que arrancaba a los romanos de su breve y a menudo incómodo descanso. La mayoría, sin importar su condición social más humilde, habitaba las *insulae*, imponentes edificios de apartamentos multifamiliares de varios pisos, verdaderos rascacielos de la antigüedad que podían albergar a cientos de personas. Piensa en el despertar en una diminuta habitación, a menudo compartida por toda la familia, ubicada en un cuarto o quinto piso, desprovista de agua corriente, cocinas funcionales o letrinas privadas. La primera, y más urgente, necesidad impulsaba a muchos hacia los baños públicos: un vibrante centro neurálgico que trascendía la mera higiene. Funcionaba como cafetería improvisada, oficina informal, gimnasio, y el principal foro de noticias y chismorreo, todo en uno. Allí se cultivaban las conexiones del día, se intercambiaban rumores, se tejían negocios y se absorbían las últimas novedades del Foro o de las provincias lejanas. Un aroma a jabón de sebo, aceites perfumados y el denso v***r caliente impregnaban el ambiente mientras los ciudadanos se despojaban de la suciedad del sueño y se alistaban con vigor para la larga y exigente jornada que les esperaba.

Tras un frugal y veloz desayuno —generalmente pan, aceitunas y, con suerte, un trozo de queso o algunas frutas de temporada—, la Urbs cobraba vida con un estruendo ensordecedor. Una miríada de oficios animaba sus calles estrechas y laberínticas. Los panaderos amasaban sin cesar el pan que sustentaría a la ciudad, con el olor a cereal cocido flotando en el aire; los zapateros golpeaban rítmicamente en sus talleres, ajustando el cuero; los alfareros hacían girar sus ruedas con destreza, moldeando vasijas para el uso diario. Quizás un carpintero dedicaba su jornada a cortar madera para construir muebles o reparar estructuras, o un escriba, si la fortuna le había sonreído con la alfabetización y una formación, copiaba meticulosamente textos legales o literarios para un patricio o un comerciante. Había también tejedores, herreros, tenderos, porteadores y un sinfín de vendedores ambulantes pregonando sus mercancías. La jornada laboral se extendía implacable, a menudo desde el amanecer hasta bien entrada la tarde, sin un respiro formal o un horario fijo. La única tregua la ofrecía un almuerzo rápido y austero, el *prandium*, consumido de pie, casi al paso, en una taberna o en la calle. Las arterias de la ciudad bullían de gente, un estruendo ensordecedor de voces, cascos de caballos y el chirrido de las ruedas lo invadía todo, y los efluvios urbanos —una embriagadora mezcla de incienso de los templos, sudor humano, olores de mercados de pescado y carne, y el hedor ocasional de cloacas abiertas o basura— resultaban francamente abrumadores. Solo al caer la noche, cuando el sol se retiraba y la actividad comercial diurna cesaba, los carros tirados por bueyes o mulas, vetados durante el día para evitar la congestión, comenzaban a ingresar a la ciudad, añadiendo su chirriante banda sonora a la cacofonía constante de la vida romana.

El almuerzo era, en esencia, un modesto bocado: pan, queso, algunas veces restos de la cena anterior y, ocasionalmente, alguna fruta o verdura cruda. Pero la verdadera comida del día, la esperada *cena*, llegaba con el crepúsculo, cuando el trabajo había terminado. Para la gente del común, esta consistía en una propuesta humilde, cimentada en cereales (como la cebada o el trigo en forma de gachas o pan), legumbres (lentejas, garbanzos) y verduras frescas o encurtidas, lo que hoy reconocemos como la esencia nutritiva de la dieta mediterránea. La carne, un lujo excepcional y costoso, la reservaban para festividades religiosas importantes o contadas ocasiones especiales, como un banquete votivo. A diferencia de los patricios, quienes se reclinaban elegantemente en triclinium para cenar en un ambiente de lujo y ocio, los romanos de a pie se sentaban en taburetes o bancos alrededor de una mesa sin pretensiones, a menudo de madera simple. La cena era un momento sagrado para la familia, la pausa idónea para compartir las vicisitudes del día, abordar los problemas domésticos y trazar los planes para el mañana. Se cuenta que el mismísimo emperador Augusto, en su afán por promover la vida sencilla y las virtudes republicanas, solía sentarse en un taburete modesto y cenar frugalmente, un ejemplo que, para la mayoría de los patricios ávidos de ostentación, era, lamentablemente, letra mu**ta.

El ocio no era un lujo inalcanzable, sino una pieza indispensable en la vida romana, una válvula de escape necesaria. Pese a las extenuantes horas de trabajo, el ciudadano común hallaba un respiro vital en el entretenimiento gratuito o de bajo costo que mitigaba las asperezas del día a día. Los espectaculares juegos de gladiadores en el Coliseo y las desenfrenadas carreras de carros en el Circo Máximo captaban la atención de multitudes de todas las clases sociales, desatando un fervor que hoy compararíamos con el de una tensa final de fútbol o una final olímpica, con apuestas y vítores apasionados. Los baños públicos, en contraste con la frenesí de los juegos, prometían una experiencia más serena y multifacética. Dentro de sus muros, la gente encontraba no solo las piscinas termales (caldarium, tepidarium, frigidarium), sino también bibliotecas donde consultar rollos, salas de ejercicio para mantenerse en forma, y apacibles jardines donde pasear y meditar. Allí, los romanos de a pie podían pasar la tarde entre animadas conversaciones con amigos o vecinos, un partido de pelota (harpastum) o, simplemente, dejándose envolver por la calidez relajante de las piscinas termales, olvidando por un momento las cargas del trabajo.

La noche, inexorable, se cernía velozmente sobre la Urbs, imponiendo un toque de queda oficioso. Las calles, despojadas de la luz solar y con escasa iluminación artificial, se transformaban en un laberinto peligroso, plagado de malhechores, borrachos, perros salvajes y los peligros inherentes a la falta de visibilidad y el vertido de desechos. Los romanos de a pie se replegaban en la relativa seguridad de sus *insulae* para buscar el ansiado descanso, preparándose así para el inmutable ciclo de la vida cotidiana en la Urbs. Su existencia, desprovista del brillo, el boato y las intrigas de los patricios, era, en última instancia, el cimiento robusto que sostenía la vasta maquinaria económica, social y militar de Roma, un testamento elocuente de la resistencia inquebrantable, la adaptabilidad y el espíritu indomable del ciudadano común, cuyo trabajo y vida diaria eran la verdadera fuerza motriz detrás del Imperio.

La televisión ausente  Durante décadas, la televisión fungió como un formidable instrumento de información y, sin lugar ...
25/09/2025

La televisión ausente


Durante décadas, la televisión fungió como un formidable instrumento de información y, sin lugar a dudas, como un valioso medio educativo. Entendemos por “educación” a aquellas producciones que procuraban enriquecer la formación cívica y académica, especialmente de los jóvenes, inculcando valores como el respeto, la solidaridad y el pensamiento crítico, al tiempo que ofrecían conocimientos en diversas áreas del saber. Hacia los años 80, con la televisión colombiana ya con tres décadas de trayectoria y en plena madurez de su desarrollo, resultaba habitual ver a familias enteras congregarse frente a sus televisores a color para deleitarse con producciones que se convirtieron en hitos culturales. Programas como “Plaza Sésamo”, con su enfoque innovador en el aprendizaje preescolar a través de personajes entrañables; “Caminito Alegre”, que exploraba la niñez y sus desafíos con una sensibilidad única; o “El Mundo al Instante”, que acercaba la realidad nacional e internacional a los hogares de forma didáctica y accesible, eran parte integral de la experiencia familiar. Si bien diversas programadoras como Proyectamos TV, Producciones FFundacion Festival de Cine Cordobésisión o RTI competían en el dial, era Inravisión, a través de su Cadena 1, quien verdaderamente sobresalía por su vocación de servicio público. Su división de “Televisión Educativa y Cultural” exhibía la faceta más noble del medio, constituyendo, según estimaciones, hasta un 95% de su contenido en aquel entonces, reflejando un compromiso inquebrantable con la formación y el enriquecimiento cultural de la sociedad colombiana. Desde entonces, la televisión ha experimentado transformaciones significativas, lamentablemente no en beneficio de la audiencia, sino de aquellos que la han convertido en una eficaz herramienta para lucrar y, lo que es peor, para manipular a las masas y moldear la opinión pública. El giro hacia la comercialización exacerbada ha relegado el rol educativo a un segundo plano. Los programas educativos han dejado de ser prioritarios; apenas generan audiencia, lo cual no beneficia a los grandes empresarios dueños de los canales privados, cuyo modelo de negocio se basa en la maximización de ingresos publicitarios. Esta realidad de los medios, particularmente de la televisión, impacta profundamente en la sociedad, empujándola, quizá, no a lo que debería ver para su desarrollo integral, sino a lo que se le impone a través de una oferta programática cuidadosamente diseñada para captar la atención de forma masiva y superficial. Con la ganancia como único fin, los canales priorizan producciones que resulten más rentables, sin importar su calidad o su contribución al tejido social. Por ello, en lugar de un programa cultural o educativo que fomente la reflexión y el conocimiento, invierten en *realities* que engendran polémicas estériles, pisotean valores fundamentales como la privacidad y la dignidad humana, y sumergen al televidente en toda suerte de intrigas banales y confrontaciones artificiales. Pero, ¿por qué la gente se apasiona con esto? La respuesta es sencilla: vivimos en una sociedad radicalmente distinta a la de los años 70 u 80, épocas en las que la identidad colectiva y los valores cívicos eran la esencia de la convivencia. A raíz de los “avances” tecnológicos —redes sociales, telefonía celular, chat, plataformas de video bajo demanda, etc.— el amarillismo ha cobrado cierta relevancia en el común de la gente; todo se vuelve noticia, sin un filtro riguroso, aunque estas sean irremediablemente efímeras en la mayoría de los casos y carezcan de profundidad. El morbo que las noticias atroces o los escándalos personales despiertan en la gente es, ciertamente, extraordinario, alimentado por la inmediatez y la constante exposición a contenidos impactantes. Aunque la televisión convencional no caiga en el amarillismo más burdo, no escapa a estas transformaciones, pues tiende a ofrecer a su audiencia una dosis de morbosidad cuidadosamente dosificada en sus producciones, ya sea en noticieros que se detienen en los detalles más escabrosos de un crimen o en series que explotan el drama humano sin un propósito constructivo. Algunos canales, sin embargo, van mucho más allá y exhiben contenidos que glorifican abiertamente los antivalores: series como “El Patrón del Mal”, “Sin Tetas No Hay Paraíso” o “El Capo” no solo narran historias de criminales, sino que, a menudo, los presentan como figuras carismáticas y exitosas, inculcando en los televidentes, sobre todo en los menores de edad y en aquellos en búsqueda de referentes, la perniciosa creencia de que operar al margen de la ley, a través de la violencia, el engaño y la corrupción, es el camino más rápido y efectivo para alcanzar el poder, la riqueza y el reconocimiento social, lo que los impulsa peligrosamente a emular a estos pseudohéroes televisivos.Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los canales privados; los padres desempeñan un rol crucial e insustituible en el control de lo que ven sus hijos, y en la formación de su criterio. Me refiero a padres con una formación sólida, no necesariamente académica en el sentido formal, sino forjada en el hogar, en los principios éticos y morales, quienes siempre han sabido que la televisión dista mucho de ser una verdad absoluta y que sus mensajes deben ser analizados con un espíritu crítico. Estos padres, equipados con discernimiento y un sistema de valores bien arraigado, comprenden la importancia de guiar a sus hijos en el consumo mediático. No obstante, el riesgo de que la televisión, con su omnipresencia y su capacidad de penetración, influya tanto en niños como en adultos no debe ser subestimado por los padres de hoy, quienes a menudo se ven desbordados por las múltiples pantallas y la avalancha de contenidos, y mucho menos por aquellos que tienen la obligación legal y moral de controlar los contenidos televisivos y promover una regulación que proteja a las audiencias más vulnerables.La escuela, desde luego, está llamada a propiciar cambios sustanciales con respecto a la falta de educación en medios como la televisión, asumiendo un rol activo en la alfabetización mediática. Nuestra labor como docentes es concienciar a los estudiantes, al igual que a sus padres, a través de estrategias pedagógicas innovadoras y participativas, para que desarrollen un pensamiento crítico frente a los contenidos que consumen. Esto implica enseñarles a decodificar mensajes, a identificar sesgos, a cuestionar narrativas y a elegir una televisión que, si bien no es puramente educativa en el sentido formal, sí ofrece valiosas enseñanzas para la vida, promueve el conocimiento y estimula la curiosidad intelectual. Canales como Discovery, con sus documentales científicos y de naturaleza; History, que explora los eventos y personajes que moldearon nuestro mundo; o Animal Planet, que fomenta el respeto por la biodiversidad y el medio ambiente, representan excelentes alternativas al momento de sentarse frente al televisor, ofreciendo un contrapunto enriquecedor a la programación dominante. A los docentes nos corresponde ser críticos, convertirnos en la “piedra en el zapato” de los medios, exigiendo como ciudadanos una programación de calidad que respete la inteligencia de la audiencia y enseñando a nuestros estudiantes a hacer lo mismo, a no ser meros receptores pasivos, sino consumidores informados y demandantes. De este modo, aspiramos a que, con el tiempo, los contenidos televisivos, lejos de ser mera farándula superficial, *realities* vacíos o “basura” audiovisual que embrutece, se transformen en programas que evoquen aquella “televisión ausente” que tanto necesitamos: la que un día tuvo como objetivo primordial transmitir un mensaje educativo que formara ciudadanos conscientes y comprometidos, la que incluso sirvió para impartir clases a quienes carecían de acceso a una escuela, cerrando brechas y abriendo horizontes de conocimiento para todos.

Definitivamente
17/07/2025

Definitivamente

206 me gusta, 3 comentarios. "El gobierno no tiene deudas con las EPS"

Estoy preparado 🇨🇴🇨🇴🇨🇴
22/04/2025

Estoy preparado 🇨🇴🇨🇴🇨🇴

99 me gusta, 6 comentarios. "Nuestro presidente firme en su lucha por un país mejor"

Hoy celebro 8 años en Facebook. Gracias por su apoyo constante. No podría haberlo logrado sin ustedes. 🙏🤗🎉
18/04/2025

Hoy celebro 8 años en Facebook. Gracias por su apoyo constante. No podría haberlo logrado sin ustedes. 🙏🤗🎉

😲😲😲😲Increíble😲😲😲😲😲Nyakim Gatwech, nacida el 27 de enero de 1993 en Etiopía, es una modelo estadounidense de origen sudan...
05/02/2025

😲😲😲😲Increíble😲😲😲😲😲

Nyakim Gatwech, nacida el 27 de enero de 1993 en Etiopía, es una modelo estadounidense de origen sudanés que ha destacado en la industria de la moda por su tono de piel excepcionalmente oscuro.
Apodada "La Reina de la Oscuridad", Gatwech ha aprovechado su apariencia única para labrarse una carrera exitosa.

La vida de Gatwech no ha sido fácil. Su familia huyó de la guerra civil en Sudán del Sur, pasando por campos de refugiados en Kenia antes de emigrar a Estados Unidos cuando ella tenía 14 años. Se establecieron primero en Buffalo, Nueva York, y luego en Minneapolis, Minnesota.

A pesar de enfrentar críticas y discriminación por su color de piel, Gatwech perseveró en su ambición de ser modelo. Su determinación la ha llevado a desfilar para importantes marcas y a acumular una considerable base de seguidores en redes sociales.

Gatwech ha utilizado su fama para promover la aceptación de diferentes tipos de belleza, desafiando los estándares convencionales de la industria de la moda. Su éxito demuestra que la singularidad puede ser un activo valioso en el mundo del modelaje, siempre que se acompañe de confianza y perseverancia.

¿COMO SURGIÓ EL IDIOMA ESPAÑOL?El español es una lengua romance que resultó como mezcla de palabras con distintos orígen...
22/10/2024

¿COMO SURGIÓ EL IDIOMA ESPAÑOL?

El español es una lengua romance que resultó como mezcla de palabras con distintos orígenes como griegos, celtas e ingleses que surgieron debido a la conquista del imperio romano quienes implantaron su idioma: el latín.

La palabra “español” tiene una historia fascinante que se entrelaza con la evolución de diferentes lenguas y culturas a lo largo de los siglos. Su origen se puede rastrear hasta la Península Ibérica, un crisol de civilizaciones y lenguas.

En sus inicios, antes de la llegada de los romanos a la península en el siglo III a.C., la región estaba habitada por diversos pueblos, como los íberos, celtas y otros grupos. Con la conquista romana, el latín se introdujo en la península y se convirtió en la lengua dominante. Este latín, que no era el clásico de las élites romanas sino una forma más coloquial conocida como “latín vulgar”, se mezcló con las lenguas locales, dando lugar a una variedad de dialectos romances.

A medida que el Imperio Romano se debilitaba, la Península Ibérica fue invadida por los visigodos, un pueblo germánico, en el siglo V. Los visigodos adoptaron el latín vulgar como su lengua, pero también introdujeron algunas palabras de su idioma germánico.

Más adelante, en el siglo VIII, los musulmanes invadieron la península, aportando consigo el árabe y sus influencias culturales. Este encuentro de civilizaciones añadió aún más elementos al creciente léxico de la lengua que eventualmente se conocería como español.

El término “español” proviene del latín medieval “Hispaniolus”, que significa “de Hispania” (la denominación romana para la Península Ibérica). Con el tiempo, la palabra evolucionó a “Español” en castellano, refiriéndose tanto a la lengua como a la gente de España.

Este proceso de evolución lingüística refleja la rica historia de conquistas, mezcla de culturas y evolución social en la Península Ibérica. La lengua española, tal como la conocemos hoy, es el resultado de siglos de cambios y adaptaciones, un testimonio vivo de la historia y la cultura que ha pasado por este territorio.

LA HIPERGAMIA 👯No importa si está casada o soltera, todas SUFREN DE HIPERGAMIA.La lealtad de una mujer está con sus sent...
21/10/2024

LA HIPERGAMIA 👯

No importa si está casada o soltera, todas SUFREN DE HIPERGAMIA.

La lealtad de una mujer está con sus sentimientos y emociones, no contigo ni con los sacrificios que hagas por ella.

Aunque seas el tipo que sacrificó y donó un riñón para ella, o le diste tus pulmones para que respire mejor, existe una alta probabilidad de que aún así te abandone por un hombre que ella sienta que es mejor que tú.

La HIPERGAMIA es real, ten en cuenta esto:

Cuando una mujer tiene sentimientos por otro hombre que le satisface su hipergamia , lo que hayas hecho por ella significa poco o nada.

Por eso siempre advierto a los hombres que no se esfuercen demasiado en una relación solo por impresionar y mantener a una mujer.

Elon Musk no pudo evitar que su mujer lo dejara. Jeff Bezos no pudo evitar que su mujer lo dejara. Bill Gates no pudo evitar que su mujer lo dejara.

¿Quién eres tú para pensar que puedes mantener a una mujer que quiere irse?

¿Qué recursos crees que tienes para comprar la lealtad de una mujer.....

Nadie se salva de la HIPERGAMIA
ni el más famoso, o millonario.

Dirección

Calle 21
Planeta Rica
233040

Horario de Apertura

Lunes 8am - 6:30pm
Martes 8am - 6pm
Miércoles 8am - 6pm
Jueves 8am - 6pm
Viernes 9am - 5pm

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