RESEÑA HISTORICA EN LAS BODAS DE ORO DE LA NORMAL NACIONAL PARA SEÑORITAS DE OCAÑA (HOY ESCUELA NORMAL SUPERIOR)
En 1944 hace exactamente 50 años, Ocaña era todavía una ciudad pequeña alimentada de ancestros. El intercambio comercial de entonces era lento, la información de afuera, dosificada, el periodismo, casi nulo y lo urbanístico estacionario. Sin embargo, en este paisaje tranquilo, aletarg
ado y fantástico, el alma de Ocaña encontraba lo que necesitaba para dar rienda suelta a su alma soñadora, sensible y grande en sus desvelos intelectuales y artísticos. Muy cerca aún de las luchas por la independencia y del establecimiento de las pautas republicanas, Ocaña ya era tierra de grandes: tierra de presidentes, de poetas inmortales, de escritores, de historiadores que fueron honor y gloria de su nombre hasta entonces conocido solo por su participación política como escenario que fue de la Gran Convención de 1828. Esta herencia intelectual que aún se conserva, se ha manifestado a través de las épocas y de la preocupación por el impulso de logros educativos. Este patrimonio ha dado origen a grandes casos como la fundación de la Escuela Normal Nacional para Señoritas. Esta Normal fue fundada en el mes de marzo en el año de 1944. Para esta fecha Ocaña era más estudiantil que comercial: Contaba con dos buenos colegios femeninos regentados por religiosas, el colegio masculino José Eusebio Caro de renombre nacional y un buen número de escuelas para enseñanza básica primaria entre las que se destacaba la COMPLEMENTARIA que daba acceso a las clases populares femeninas de entonces. Si bien es cierto que los colegios femeninos en referencia contaban con un nivel académico aceptable por alcanzar solo hasta el cuarto de bachillerato, no podía ocultarse el carácter estilizado en el acceso a ellos. Así las cosas, la fundación de un centro educativo de enseñanza media para las mayorías femeninas, era una necesidad, un clamor. Estaba en la Secretaría de Educación de Norte de Santander, antes Dirección de Educación, Hernando Urquijo, precisamente hijo ilustre de Ocaña y conocedor de las aspiraciones educativas de su tierra, circunstancia que facilitó las cosas y que sin dilaciones produjo el acontecimiento histórico que ha hecho posible enseñar y educar durante 50 años consecutivos, a juventudes sin distingo de clases, credos políticos, ni religiosos. La primera denominación de la Normal fue la de Rural y se inició con una matrícula de 45 alumnas y con un currículo para tres años. Eran básicas como enseñanza la Zootecnia y la Agricultura. Contaba con la anexa reglamentaria para las prácticas pedagógicas. Por accidentes inevitables tengo que descartar el asentamiento aquí de la Ordenanza correspondiente a la fundación, pero como alumna fundadora puedo dar fé de lo anterior y responsabilizarme de la verdad histórica. La Normal Rural para Señoritas, de Ocaña, inició labores en una pequeña finca a la salida de Ocaña por el Tejarito, cerca al río Tejo, en donde hoy funciona la Concentración Escolar Cuarto Centenario. Fue fundadora Belarmina González Olmos, educadora insigne, portadora de innovaciones, idónea y estricta en el cumplimiento de sus deberes. Demoró poco al frente de la dirección del plantel y dispuso su cargo precisamente porque sus aspiraciones en relación con el personal docente no se cumplieron; la reemplazó Margarita Díaz Amaya, bondadosa, sencilla y apacible; durante un año dirigió la Normal para entregar luego los destinos del plantel a la pedagoga singular, controvertida y polifacética, Josefina Gáfaro R. En este momento la Normal había rebasado los tres años reglamentarios y se perfilaba como Normal Superior. A Josefina le correspondió el manejo de esta transición y entre tanto le imprimió la filosofía propia de una educación futurista, innovadora y vigorosa basada en la autoestima, hasta entonces subvalorada, y en la autodeterminación, vedada por principios tradicionalistas. Josefina tenía una gran capacidad de análisis, era crítica, tenía la sensibilidad del artista y la academicidad en la dicción; como tal, muchas mujeres hoy destacadas en el ámbito nacional y en sus hogares, saben que su destreza para forjar el destino, se la deben a Josefina Gáfaro R. Por causas que desconozco y sobre las cuales no voy a especular, Josefina Gáfaro hubo de entregar la Normal y dejar trunca la obra a la que quizá deseó dar hasta su último aliento. En lo que si no puede hacer equivocaciones es en que intereses muy fuertes debieron mediar para que se diera este insuceso para regresar a la parte anacrónica que tiene la tradición. Las promociones de los años 49, 50, 51, son testimonio de la educación sin competencia de idoneidad que se transmitió en la Normal Nacional para Señoritas de Ocaña y que pone en tela de juicio la determinación que la conminó a cambiar el laicismo por la ortodoxia. Es innegable que comunidades religiosas han sido grandes y consagradas educadoras; estelares en su entrega y santificadas por su vocación; San Juan Bosco es apenas un ejemplo para esta aseveración. La historia de la educación muestra que los primeros maestros fueron religiosos y para no ir muy lejos, Bochita, el maestro de los indios, fue una figura celestial; sin embargo, la Educación es una empresa, y las empresas tienen diferentes estilos, PARAMETROS DIFERENTES según la intención. Las Normales hasta cierto momento fueron regentadas solo por laicos y esto tenía una razón: el establecimiento de una educación de puertas abiertas; por lo tanto, sin desconocer méritos, las normales orientadas por la ortodoxia no pueden cumplir el objetivo intrínseco para el cual fueron creadas. Sea el momento para hacer reconocimiento a las religiosas de la Comunidad de la Presentación, por el esfuerzo para impartir educación y tratar de adaptarla a las exigencias de la época. No puedo cerrar esta reseña histórica sin hacer mención de un personaje típico en la fundación de esta Normal, cuyo nombre no podrá borrarse de los anales del Magisterio de Ocaña: La señorita Eva María Acosta. La señorita Eva como se le llamaba familiarmente, maestra de nacimiento, menuda y ceremoniosa, fumadora invencible, tenía siempre el consejo a flor de labio y la sabiduría para darlo; se paseaba siempre por los cercados de la Normal para dar cuenta de ocasionales intrusos en los predios del internado. A ella correspondía aplicar los exámenes de admisión en los cuales las aspirantes debimos subrayas lo correcto en oraciones como las siguientes:
Me apretan los zapatos
Me aprietan los zapatos
La señorita Eva alcanzó la jubilación en la Inspección de Educación de Ocaña, hoy Supervisión o Jefatura de Núcleo. A Elisa Barrera de Navarro, maestra de siempre, un sentido homenaje de reconocimiento por haber entregado lo mejor de su vida a la tarea de enseñar. Que esta celebración jubilosa de los 50 años, de la Normal para Señoritas de Ocaña, se constituya en un mensaje de gratitud para sus fundadoras y personas y entidades que de cualquier manera contribuyeron a alcanzarla y en su homenaje póstumo a Josefina Gáfaro R., progenitora de luz en su afán de educar. PRIMERA PROMOCIÓN:
MERCEDES PALLARES DE VALBUENA
GLORIA ARANGUREN J. ADIELA PINZON
PAULINA PEREZ Q. BLANCA SANCHEZ L.