30/05/2026
El precio de ser madre en Colombia: Por qué necesitamos dejar de aplaudir y empezar a exigir
Durante décadas nos han enseñado que la familia es la base de la sociedad colombiana. Sin embargo, detrás de las fotos familiares y las celebraciones del Día de la Madre, se esconde una realidad que como sociedad nos negamos a mirar de frente: en Colombia, la maternidad tiene un precio, y lo están pagando casi exclusivamente las mujeres.
Hoy, cerca de 8,5 millones de hogares en nuestro país, es decir, casi la mitad del total (46,5%), están liderados por mujeres. Esto no es simplemente un cambio en las estadísticas demográficas; es el reflejo de un sistema patriarcal profundamente arraigado que ha encontrado la forma de mantener su poder delegando el peso del sostenimiento familiar y del cuidado sobre los hombros de las madres.
En nuestra cultura machista, se asume como "natural" que la mujer cuide de la casa y de los hijos. Los datos son contundentes: las mujeres colombianas dedican, en promedio, 4 horas y 38 minutos más al día que los hombres a labores de cuidado no remunerado. Esta sobrecarga, invisible pero agotadora, es la responsable de que casi la mitad de las jefas de hogar se dediquen exclusivamente a los oficios domésticos sin recibir un solo peso a cambio.
Pero el problema no termina en la puerta de la casa. Cuando una madre sale a buscar empleo formal para sostener a su familia, se enfrenta a lo que los economistas llaman la "penalización de la maternidad". El mercado laboral, diseñado bajo lógicas patriarcales, la castiga por haber tenido hijos. Su probabilidad de estar desempleada aumenta siete puntos porcentuales tras el primer hijo, y si logra ubicarse, sus ingresos pueden reducirse hasta en un alarmante 48% a nivel nacional, superando el 53% en ciudades como Bogotá.
Esta dinámica perversa nos ha llevado a la feminización de la pobreza. Tenemos 4,7 millones de madres solteras cabeza de familia que son el único sostén de casi 13 millones de colombianos. El machismo, que fomenta la irresponsabilidad paterna, las empuja hacia la informalidad y la precariedad laboral. La situación es crítica: casi tres cuartas partes de las mujeres que fueron madres jóvenes no cotizan a pensión, condenándolas a una vejez de pobreza. Como resultado, millones de hogares liderados por mujeres viven hoy en pobreza monetaria y sufren de inseguridad alimentaria.
Y como si fuera poco, este sistema golpea con mayor brutalidad a quienes ya están en los márgenes. Para las mujeres indígenas, afrodescendientes o con discapacidad que asumen la jefatura del hogar, las cifras de pobreza se disparan escandalosamente.
Frente a esta crisis estructural, la respuesta de las mujeres no se ha hecho esperar: la caída histórica de la natalidad en Colombia no es un "capricho" de las nuevas generaciones, es una respuesta racional y un acto de resistencia. Es el rechazo a un sistema que las abandona.
Por eso, es urgente pasar de la queja a la acción. Las mujeres necesitan, más que nunca, construir una agenda política propia y firme que desmantele estas injusticias. Una agenda que exija:
Primero, un **Sistema Nacional de Cuidados** robusto y financiado por el Estado, que libere a las mujeres de esta carga exclusiva y provea infraestructura como jardines infantiles de calidad.
Segundo, una **corresponsabilidad obligatoria**. El cuidado debe dejar de ser "cosa de mujeres". Necesitamos reformas que involucren activamente a los hombres, comenzando por igualar sustancialmente las licencias de paternidad.
Y tercero, políticas reales de **equidad laboral y pensional** que cierren la brecha salarial –donde hoy la mujer gana menos que el hombre por el mismo trabajo– y garanticen un empleo digno y un futuro seguro para las madres.
No podemos seguir romantizando el sacrificio de las madres colombianas mientras el sistema las penaliza económicamente. Defender sus intereses es invertir en el futuro del país. Ya es hora de dejar de aplaudir el heroísmo forzado y empezar a exigir la justicia estructural que les corresponde.