23/09/2026
En Røros, el invierno no siempre cerraba el camino. Durante siglos, también podía abrirlo.
La ciudad minera noruega creció en una región remota y de clima severo, donde el transporte terrestre era difícil. Para sostener la explotación del cobre era necesario mover alimentos, materiales y mercancías entre la ciudad y comunidades situadas a gran distancia.
Una parte de esa red aprovechaba precisamente los meses fríos. La llamada Ruta de Transporte de Invierno seguía una sucesión de lagos, ríos y arroyos y se utilizaba entre noviembre y mayo. Con el agua congelada, superficies que en verano eran obstáculos se convertían en vías de paso para trineos y animales de tiro.
El sistema formaba parte de una economía mucho mayor alrededor de las minas. Agricultores y transportistas llegaban desde distintas regiones con provisiones, mientras otros recorridos llevaban mineral y materiales necesarios para mantener la producción.
Røros tuvo que adaptarse a un lugar donde las carreteras eran escasas y el frío dominaba durante meses. Allí, parte de la solución consistió en esperar a que el paisaje se congelara y empezar a viajar sobre él.