29/10/2023
Oh señor, oh mi dios.
Dicen muchos...
Aquí hay infamia, la injusticia, somos seres desperdigados en la telaraña de las cosas. En el aire, en el agua, en los elementos. Dispersando a nosotros mismos, el sentido.
Oh señor, oh mi dios.
Dicen muchos...
Callados y potentes, en silencio y en bullicio incoherente. Das lástima, dices tu mismo, a ti mismo, tu conciencia lo repite. Y, cuando ella calla, te lo dice también.
Oh señor, no escucha dios.
¿Dirás algo?
Si no haces acción sonora tu elocuencia, morirás. Si haces algo con ella, morirás también. Imperdonable.
Desafortunados y bienaventurados.
Oh señor, no señor.
Dime...¿vienes?
Nuestras Almas se están quebrando, y nos arrastra la desesperanza, al sólido agujero, lleno de oscuridad.
¿Vienes?
Estamos cayendo. Y aquí, ahora, sentimos que ya no caemos más, sentimos un bloque de peso sin medida, sin forma, sin control, sin sentido alguno razonable.
Oh señor...
No hay fuego que ilumine este lugar, fuego capaz de hacer brillar el objetivo, no lo hay.
Si lo hay, no está aquí. Fue encerrado. Hay prisión para ello.
Oh señor, ¿Las llaves?
Abre las rejas de hierro afilado y oxidado. Más desafortunados no podríamos ser. El Ingeniero, el Arquitecto, el Inventor que van en silencio. Si, Ellos. Perdieron las llaves.
Ya no importa.
Oh señor, avasalla el Alma de Todos!
Oh señor, Justicia! Memoria!
Oh señor.
Naturaleza de Vivir una Vida significativa.
Oh señor, nos sentamos en la Gran Biblioteca del Conocimiento.
Y aguardamos. A la espera...