Olimpiadas Jerónimo de Aguayo

Olimpiadas Jerónimo de Aguayo 📝 | Olimpiadas Provinciales de Ciencias Sociales
- Nivel Secundaria 📚
Málaga, Santander

En 1989 asesinaron a Galán, el hombre que soñaba un país distinto sin necesidad de desangrarlo. En 1990, cayeron Jaramil...
08/06/2025

En 1989 asesinaron a Galán, el hombre que soñaba un país distinto sin necesidad de desangrarlo. En 1990, cayeron Jaramillo y Pizarro, uno comunista, el otro exguerrillero, ambos ciudadanos de un país que no supo protegerlos ni entenderlos. Los mataron por pensar. Por hablar. Por incomodar. Y ahora, tres décadas después, seguimos fusilando las ideas desde el anonimato de una bala cobarde.

Nos llenamos la boca hablando de reconciliación, pero no soltamos el machete. Pedimos justicia, pero sólo para los nuestros. Y mientras tanto, el país se oxida en el andén de la historia, viendo pasar la oportunidad de ser algo más que una suma de tragedias con fecha.

No se construye nación sobre cadáveres, ni se sostiene democracia con miedo. Si la política sigue siendo una trinchera en vez de una plaza, si el adversario sigue siendo visto como enemigo, y si los discursos se acompañan de escoltas en vez de argumentos, entonces, no hemos avanzado ni un centímetro desde aquella tarde del 9 de abril de 1948.
Miguel Uribe vivió. Pero el mensaje es claro; la sombra del magnicidio no se ha ido, sólo estaba agazapada, esperando el momento. Lo más triste no es que intentaran asesinarlo. Lo más triste es que no nos sorprende, pues nos encontramos en un país acostumbrado a la violencia.

Y ahora qué, ¿volveremos a encender velitas por la paz mientras apagamos la vida de quien piensa distinto? ¿Le escribiremos canciones a los caídos mientras fabricamos los próximos? ¿O aprenderemos —por fin— que democracia es disentir sin morir por ello?

Tal vez algún día hablemos de una Colombia donde las ideas no necesiten chaleco antibalas. Pero por ahora, lo que tenemos es esto; un país donde las balas votan antes que el propio pueblo. Y esa, es la derrota más grande de todas.

Si la vida de tu contradictor no te estremece, entonces has perdido la tuya sin darte cuenta. Y no hay peor condena para un país que convertirse en sepulturero de lo que pudo ser, un lugar donde la palabra valga más que una bala.

Que nadie vuelva a dormir tranquilo si el precio es el silencio ante la muerte ajena.

Colombia, aquella tierra que vive de la esperanza del mañana, volvió a dormirse ayer con el corazón encogido. No, no son...
08/06/2025

Colombia, aquella tierra que vive de la esperanza del mañana, volvió a dormirse ayer con el corazón encogido. No, no son las noticias de la época del bipartidismo político y la violencia de antaño. Es junio de 2025, y en pleno siglo XXI intentaron asesinar a un candidato presidencial a plena luz del día, en un parque en la ciudad de Bogotá, con la misma facilidad con la que aquí se mata el tiempo, la memoria y las ganas de vivir en paz.

Miguel Uribe Turbay fue blanco de las balas, como si llevar ideas en la cabeza lo hiciera culpable de algo. Y sí, quizás su pecado fue pensar distinto. O pensar, a secas. A él, nieto del expresidente y hijo de Diana Turbay, la periodista que murió en una operación de rescate mal contada y peor ejecutada, lo quisieron callar como se ha callado a tantos en este país donde el silencio suele ser más sonoro que el aplauso.
Pero no se equivoquen, esto no fue un ataque aislado, una locura de un desquiciado ni un “hecho lamentable” más para engrosar los comunicados tibios del lunes por la mañana. No, esto es el síntoma más claro de que seguimos enfermos del mismo virus que nos infectó hace más de medio siglo; el odio con apellido político y el desprecio por la vida del contradictor.

Los mu***os en Colombia no descansan. Se reencarnan en discursos inflamados, en trincheras ideológicas, en trinos con faltas de ortografía y sobras de veneno. Este país, que ya no sabe si quiere curarse o acostumbrarse al dolor, vuelve a abrir sus cicatrices justo donde nunca cerraron; en el pecho de la democracia, donde la diferencia no se discute, se dispara.

Y uno se pregunta, ¿cuándo se jodió Colombia? ¿Fue el día que mataron a Jorge Eliécer Gaitán, y con él a medio país? ¿O cuando Galán se convirtió en un nombre de parque, Jaramillo en una esquina de olvido, y Pizarro en un mural que nadie mira? ¿O será que nunca nos desjodimos del todo, que la violencia política es parte del ADN nacional como el sancocho y la hipocresía?

Miguel Uribe no es el primero, y no será el último si seguimos creyendo que matar al otro es una forma de ganar el debate.

El pasado 25 de octubre, culminamos con éxito una de las etapas más significativas de este proyecto en su segunda edició...
08/06/2025

El pasado 25 de octubre, culminamos con éxito una de las etapas más significativas de este proyecto en su segunda edición. Expresamos nuestro más profundo agradecimiento a cada uno de los colaboradores y promotores cuyo apoyo hizo posible el desarrollo exitoso de esta iniciativa. Agradecemos de manera especial a los docentes y estudiantes que participaron activamente en este evento académico, demostrando su compromiso con la educación y el conocimiento.

Tal como lo mencionamos, prepararemos la próxima edición, programada para llevarse a cabo el siguiente año. En este sentido, queremos hacer una mención especial a nuestra institución, la Escuela Normal Superior Francisco de Paula Santander, a su rectora, Teresa Moreno Torres, a la coordinadora Luz Elena Quiroz Millán, y a la profesora Cecilia Motta Zárate.

Gracias por ser parte fundamental de esta iniciativa que enaltece el saber, preserva la memoria histórica y contribuye a la construcción de un país más crítico, consciente y comprometido. Nuestro ideal es contribuir a formar mentes jóvenes con ideales firmes y convicciones sólidas, porque sabemos que no solo somos el futuro de esta nación; somos el presente, y estamos aquí para actuar y transformar.

"Gracias totales"

Nos complace presentar a nuestro equipo de patrocinadores y colaboradores, cuyo apoyo ha sido fundamental para la realiz...
23/10/2024

Nos complace presentar a nuestro equipo de patrocinadores y colaboradores, cuyo apoyo ha sido fundamental para la realización de este proyecto. Gracias a su valiosa contribución de recursos, hemos podido avanzar en la misión de promover la educación y el aprendizaje en nuestra provincia.

"Si ustedes los jóvenes no asumen la dirección de su propio país, nadie va a venir a salvarlos, nadie."

- Jaime Garzón

Estas serán las temáticas que abordaremos en la gran final, la cuál se llevará a cabo el día 25 de octubre, en las insta...
16/10/2024

Estas serán las temáticas que abordaremos en la gran final, la cuál se llevará a cabo el día 25 de octubre, en las instalaciones de nuestra institución. Pronto estaremos revelando más información.

¡Estos han sido los resultados de los participantes clasificados a la final oral que se realizará el día 25 de octubre e...
16/10/2024

¡Estos han sido los resultados de los participantes clasificados a la final oral que se realizará el día 25 de octubre en las instalaciones de nuestra institución! Pronto estaremos compartiendo todo lo relacionado a la final.

"El deber revolucionario de un escritor es escribir bien, pero además tiene que ser consciente de la realidad que lo rodea, porque de lo contrario está traicionando su compromiso con la verdad."

- Gabriel García Márquez

¡Tuvimos una exitosa aplicación de esta segunda fase de nuestro proyecto! Durante las últimas dos semanas, cada instituc...
03/10/2024

¡Tuvimos una exitosa aplicación de esta segunda fase de nuestro proyecto! Durante las últimas dos semanas, cada institución participante se encargó de realizarla en sus aulas. Muy pronto estaremos compartiendo los resultados de quienes clasificarán a la última instancia.

11/09/2024
En marzo de 1990, Colombia pedía a gritos un cambio. Era un país asfixiado por la violencia y la corrupción, cargando so...
11/09/2024

En marzo de 1990, Colombia pedía a gritos un cambio. Era un país asfixiado por la violencia y la corrupción, cargando sobre sus hombros una Constitución de 1886 que ya no reflejaba la realidad de su gente. Fue en medio de ese caos que, como un susurro que crece con el viento, nació un movimiento inesperado: la Séptima Papeleta.

No fue idea de políticos ni figuras de poder. Fue una chispa encendida por estudiantes, soñadores que imaginaban un futuro distinto. En cada universidad, en cada rincón del país, jóvenes se alzaron con una propuesta simple y poderosa: incluir una séptima papeleta en las elecciones de marzo de 1990, exigiendo una Asamblea Constituyente para redactar una nueva constitución.

Aquella papeleta, nacida del anhelo colectivo, no era oficial, pero comenzó a aparecer, clandestina, en las urnas. El país la acogió como quien recibe un milagro esperado. El viento llevó su mensaje hasta los jueces de la Corte Suprema, quienes, sorprendentemente, validaron su legitimidad. Así, de un acto de pura esperanza, nació el impulso para convocar una Asamblea Constituyente.

En diciembre de 1990, ciento setenta personas, elegidas por el pueblo, comenzaron a redactar la Constitución de 1991. Fue un cambio profundo, como si Colombia despertara de un largo sueño, y se viera por fin reflejada en una Constitución que hablaba de derechos fundamentales, de diversidad y de participación ciudadana. Era una Colombia que se reconocía a sí misma, plural y diversa, dejando atrás el pesado legado de la vieja Constitución.

La Séptima Papeleta fue el inicio de ese milagro, la chispa que encendió la llama del cambio. Como en los cuentos de García Márquez, donde lo mágico y lo real se entrelazan, Colombia soñó colectivamente, y su sueño se hizo realidad. La nueva Constitución no fue solo un cambio de leyes, sino una reinvención de la nación. Porque a veces, la magia es solo el reflejo de un pueblo que se atreve a soñar.

En las montañas de Colombia, donde la neblina se enreda con la tierra, nació una historia oscura que sigue atormentando ...
08/09/2024

En las montañas de Colombia, donde la neblina se enreda con la tierra, nació una historia oscura que sigue atormentando al país. Las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) emergieron de los miedos más profundos, como criaturas moldeadas por el caos y la violencia. Surgidas en los años 80, inicialmente se presentaron como defensores de tierras y haciendas, pero pronto se convirtieron en un monstruo que devoraba todo a su paso. Alimentadas por el narcotráfico y amparadas por sectores del poder, las AUC desplegaron su terror con masacres que dejaron una herida abierta en la historia de Colombia.

Mapiripán, El Salado, Chengue. Cada uno de estos nombres resuena como una plegaria sombría en la memoria colectiva del país. En su lógica cruel, las AUC se consideraban guardianes del orden, pero lo que trajeron fue el caos. Con más de 30,000 mu***os y millones de desplazados, Colombia se desangraba mientras la paz se volvía una promesa lejana.

En las sombras de la política, el apoyo a los paramilitares se entretejía de forma silenciosa. En muchas regiones, la connivencia entre las AUC y sectores de poder era un secreto a voces. Mientras tanto, los campesinos y las comunidades más vulnerables sufrían el peso de una guerra que no era suya. Las AUC, como fantasmas violentos, llegaban de la nada y se quedaban demasiado tiempo, dejando cicatrices que todavía no han sanado.

Los acuerdos de paz de 2003, cuando algunos líderes se desmovilizaron, fueron apenas un respiro. Muchos siguieron operando en las sombras bajo nuevos nombres, y la violencia continuó. El paramilitarismo no desapareció; simplemente mutó, como un lobo cambiando de piel.

Hoy, los ecos de esa violencia siguen resonando. Los fantasmas de las AUC aún recorren las plazas, los pueblos, las ciudades. En un país marcado por la división política y el dolor, su sombra sigue cubriendo montañas y ríos, recordándonos que, a veces, los monstruos que creamos son los más difíciles de olvidar. Colombia, con sus heridas abiertas, sigue soñando con el día en que estos fantasmas finalmente se vayan.

En la espesura de la selva colombiana, donde los ríos susurran secretos y las montañas guardan historias, nació un día l...
07/09/2024

En la espesura de la selva colombiana, donde los ríos susurran secretos y las montañas guardan historias, nació un día la leyenda de las FARC. Como si emergieran del corazón de la tierra, este grupo guerrillero se tejió en la historia nacional con rebeldía en los ojos y pólvora en las manos, invocando una guerra que se escribiría con sangre.

Era 1964 cuando se alzaron como un eco de justicia social. Hablaban de tierra y equidad, pero en el trópico, la revolución es una tormenta que arrasa con todo. Las FARC, con el tiempo, dejaron de ser ese eco justo para convertirse en una sombra. Las balas, que pretendían ser la voz de los sin voz, comenzaron a perforar inocencias, dejando un rastro de luto.

Los secuestros llegaron como niebla, llevándose a hombres y mujeres. En los pueblos pequeños se rumoreaba que cualquiera podía desaparecer al caer el sol. Las familias aguardaban noches interminables, donde el miedo se convertía en su único huésped, mientras la selva tragaba a sus seres queridos.

Y luego, las masacres. Los pueblos, donde la vida se medía por el cantar del gallo y las risas de los niños, se vieron teñidos de violencia. La paz de sus montañas se rompía con ráfagas de fusiles y gritos desesperados. Los fantasmas de esos pueblos aún rondan, susurrando nombres de aquellos que nunca regresaron.

Pero la historia de las FARC es también la historia de un país que nunca perdió la esperanza. A lo largo de los años, mientras la sangre corría, surgían voces de paz. Y en 2016, como si el tiempo cediera, se firmó un acuerdo que pretendía silenciar la guerra. Las FARC, ese mito que creció entre la niebla y el fuego, decidió dejar las armas.

Pero la realidad es compleja. El acuerdo trajo esperanza, sí, pero también dudas y heridas que hoy, ocho años después, siguen abiertas. Algunos excombatientes buscan un nuevo rumbo, mientras otros, con el mismo veneno, se rearman. En Colombia, el pasado nunca muere del todo, siempre está esperando su turno para regresar, como un eco que resuena en lo profundo de la tierra.

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