18/05/2026
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Carta del Pastor Carlos Pérez Paternina para el Hno. Larsen
Puerto Colombia, 12 de mayo de 2026
Bienvenido, Misionero
Paradójicamente, hoy evoco en mi memoria aquel viejo muelle de Puerto Colombia que, hace ochenta y nueve años, fue testigo silencioso de tu llegada a esta nación. Aquel histórico 12 de mayo, cuando el bramido imponente del Mar Caribe y el vuelo de las aves tropicales parecían anunciar, sin saberlo, la magnitud de un acontecimiento que marcaría para siempre la historia espiritual de Colombia.
Y mientras pienso en aquel momento, no puedo evitar estremecerme al comprender los caminos perfectos de Dios, porque años después esta misma Iglesia que recibió el fruto de tu obediencia fue la que me envió como misionero a Israel. Qué insondables son los designios del Señor: tú llegaste desde tierras lejanas para sembrar el Evangelio en Colombia, y ahora Colombia levanta obreros hacia las naciones como evidencia viva de que aquella semilla dio fruto abundante.
Solo soy un arquitecto de imaginación que no logra comprender a plenitud aquella sensación del Espíritu de Dios cuando el barco atracaba en los maderos de aquel muelle; cuando las bocinas de la embarcación conquistaban la atención de todos y tu rostro se sumaba al de los desconocidos viajeros.
Debió ser inolvidable para ese lugar aquel momento cuando, por primera vez, tus pies —cual apresto del Evangelio— pisaban la superficie del territorio colombiano, dando inicio a la historia de un avivamiento que no termina.
Aquel 12 de mayo, señalado por la historia como un día normal y sin novedades, el cielo lo registró como un gran acontecimiento que cambiaría el rumbo de esta nación.
En tu llegada no hubo carteles de bienvenida. Nadie estuvo ese día. Extraño suceso… aunque hoy comprendemos que era necesario para contemplar la gloria postrera de aquel gran día.
El diálogo con el viejo muelle
Misionero Larsen, le acabo de preguntar a este viejo muelle, golpeado por el paso de los años, acerca de ti y de tu llegada.
¿Qué viste, oh muelle?
¡Dímelo, por favor!
¿Tú lo viste llegar?
Cuéntame, ¿qué pasó?
¿Qué sentiste cuando aquella familia te abordó?
¿Acaso no viste pisadas del Todopoderoso representadas en ellos?
Dime que no fue la aviación.
Dime que no fue el poder industrial.
¡Dime, por favor, que lo más grande que te abordó fue el Evangelio de Jesucristo!
Pero, como era de esperarse, este muelle enmudeció… Solo el viento alzó su voz y las olas del mar conquistaron el silencio.
La visión que venció la adversidad
Hermano Larsen, en tu pensamiento sabías que no sería fácil la labor: hacer surcos y abrir sendas en esta nación. Tenías que sobreponerte a los embates y luchar contra los pronósticos contrarios de una nación sumida en la religión.
Todas estas adversidades eran parte de tu diario vivir; pero había un estímulo que aguzaba tu rostro y empoderaba tu visión.
Cuando murió Abigail, te pidieron regresar. Sin embargo, con tu puño escribiste aquella poderosa frase que retumbó en la historia:
“¡Un soldado ha mu**to, manden refuerzos!”
Consciente del llamado y apoderado de una pasión por las almas perdidas, los años fueron testigos de lo que Dios comenzó a hacer en el pueblo colombiano a través de aquella misión que realizabas.
El avivamiento que alcanzó a Colombia
Seguro escuchaste lo que pasó en Gales con Evan Roberts. Fuiste testigo de lo que Dios hizo en Avivamiento de la Calle Azusa con William Seymour.
Pero jamás lograste comprender del todo lo que Dios quería hacer contigo en Colombia… y en esta sencilla carta te lo mando a decir:
Los Santanderes se forjaron como epicentro de avivamiento.
La profecía se cumplió.
El Espíritu Santo conquistó todo el Valle del Cauca.
La Costa Atlántica aún sigue ardiendo en avivamiento.
Antioquia, Caldas y Cundinamarca se levantan como poderosas columnas de la verdad.
Los Llanos Orientales poseen tierra fructífera para la semilla del Evangelio.
Aun la Amazonía ha abrazado en su seno el poder de la salvación.
Hoy somos multitudes
Aquel día no había nadie en este muelle dándote la bienvenida, pero hoy somos multitudes que gritamos:
¡¡Bienvenido, Misionero!!
Bienvenida la salvación.
Bienvenido el Evangelio del Nombre de Jesús.
Hno. Larsen, hoy somos muchos gracias a tu visión; gracias por creer que Dios quería levantar en Colombia una poderosa fortaleza del Evangelio del cielo.
Hoy existen congregaciones de un pueblo redimido por la sangre de Jesús en todos los municipios del país. Sea en las grandes metrópolis o en los pequeños pueblos; en las montañas o en los valles; en las islas interoceánicas o en los desiertos; en las llanuras y aun en las espesuras de las selvas.
Por todo lugar, en lo más recóndito y en la más profunda entraña de Colombia, un pueblo se levantó.
El fruto de la visión
Misionero Larsen, hoy tenemos una infraestructura eclesial fundamentada en principios apostólicos; más de 5.500 ministros y congregaciones extendidos a lo largo y ancho de todas las regiones de Colombia.
Poseemos, solo por la gracia de Dios, un sólido brazo administrativo, identidad corporativa y personería jurídica reconocida. Aquella semilla sembrada en obediencia se convirtió en una obra firme, organizada y viva, que continúa levantando altares de adoración en cada rincón de la nación.
Tu frase ha hecho mella en corazones de hombres abnegados:
“Salvos para servir.”
Por eso la visión ha traspasado los bordes fronterizos y hacemos presencia en más de cuarenta naciones de los cinco continentes del planeta.
Valió la pena, Misionero, la soledad de aquel día para que la multitud de hoy levante su voz y celebre las obras de Jehová.
Los refuerzos llegaron
Hoy somos muchos, pero aún no somos todos. Todavía hay mucho pueblo por salvar.
No obstante, los refuerzos aquí están, Misionero Larsen.
Durante estos ochenta y nueve años, la matriz de Colombia ha dado a luz ministerios que hoy refuerzan tu visión. Nos ha tocado nacer y crecer en el seno de esta amada Iglesia.
Aquí estamos, a sus órdenes:
los de la retaguardia,
los que llegamos para esta hora del día.
A muchos hemos visto partir hacia las moradas eternas, pero la historia sigue escribiéndose y el avivamiento continúa.
Somos los refuerzos de esta época congestionada, pero amamos tu visión. Aceptamos el reto y asumimos el compromiso con responsabilidad, porque sabemos el tesoro que yace en las entrañas de esta poderosa Iglesia.
Hoy se levanta una generación que no olvidará la historia, sino que proclamará a viva voz:
¡Jesús es Dios y la Vida Eterna!
Despedida
Me despido, apreciado Misionero Larsen, agradeciendo de antemano y, sobre todo, a nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo por enviarte a mi país.
Después de ochenta y nueve años de tu llegada a Puerto Colombia, hoy, providencialmente,
¡Qué grande honor me confiere el Señor!
Estaba escrito.
Gracias, Misionero Larsen.
Atentamente,
Min. Carlos Pérez Paternina
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Nota:
Háganle saber a Larsen que hay avivamiento… la historia continúa.