24/08/2026
¿Y si tanta protección también estuviera frenando algunos aprendizajes?
Hay algo que veo con frecuencia en el aula: cuando una actividad no sale a la primera, algunos niños quieren abandonar, cambiarla o escuchar inmediatamente: “profe, dígame cómo se hace”.
Y aquí aparece una realidad que puede incomodar:
Evitarle toda frustración a un niño no siempre es protegerlo; a veces es quitarle la oportunidad de aprender a resolver.
Frustrarse no significa dejarlo solo ni hacerlo sufrir. Significa acompañarlo mientras descubre que puede detenerse, pensar otra estrategia, pedir ayuda, corregir y volver a intentarlo.
El Center on the Developing Child de Harvard explica que las habilidades de función ejecutiva y autorregulación —necesarias para planear, resolver problemas, controlar impulsos y manejar la frustración— se desarrollan mediante la práctica. El adulto cumple un papel fundamental: primero brinda apoyo y, progresivamente, se retira para permitir que el niño asuma el proceso y aprenda también de sus errores. (Centro para el Desarrollo Infantil)
Como maestra, creo que acompañar no es evitar cada dificultad del camino; es enseñarles qué hacer cuando la dificultad aparece.
Porque la vida no siempre saldrá como esperaban… y también tenemos que prepararlos para eso.
¿Estamos enseñándoles a enfrentar la frustración o estamos intentando eliminarla de su camino?
- La Profe Aure